CONFLICTOS II. Guía para la Toma de Decisión en la Resolución de Problemas

José Carrascosa
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Guia para resolver problemas o tomar decisiones

En el artículo anterior se ha presentado una actitud positiva ante los problemas, una forma de pensar eficaz o práctica para convivir y gestionar los problemas. Desde esta actitud positiva los problemas son menos porque se es más tolerante con situaciones que escapan al propio control y se es más eficaz en su gestión.

¿Qué se puede hacer con los problemas de verdad, con aquellas situaciones ante las que se puede hacer mucho y en gran medida le corresponde a uno hacerlo? ¿Qué se puede hacer con ese problema que se planta delante de ti sin avisar? Sabemos que no hay que preocuparse, sino ocuparse. ¿En qué consiste esto?, ¿existe un método que de forma ágil y flexible pueda aplicarse ante cualquier tipo de conflicto, sea personal, familiar, de amistad, laboral…? ¿Se imaginan disponer de una herramienta que permita afrontar cualquier tipo de problema?

Este artículo ofrece una estrategia concreta para afrontar, gestionar y resolver cualquier tipo de problema de forma eficaz. Es una estrategia de toma de decisión mediante la resolución de tareas o pasos, de forma que la resolución de un paso lleva a otro, y así al siguiente, hasta la toma de decisión. La solución viene dada resolviendo sucesivas tareas. Se trata de una estrategia racional, que genera soluciones posibles, valora sus consecuencias, acerca a una buena decisión, ayuda a prever y gestionar los posibles inconvenientes de la decisión tomada y ofrece argumentos para justificar la decisión tomada.

Es una estrategia que a la vez entrena la toma de decisiones. Las personas no son indecisas por carácter. Es indeciso quien no sabe o no se atreve a tomar decisiones. La resolución de problemas pasa por la toma de decisiones, hacer algo que contribuya de verdad a resolver la situación de conflicto.

Trabajar en la resolución de un problema pasa por ocuparse, no por preocuparse, por hacer o resolver tareas que acercan a una buena decisión y ayudan a implementar un plan de acción eficaz según la decisión tomada. A continuación, se expone una guía concreta para la resolución de problemas y la toma de decisión.

GUÍA PARA LA RESOLUCIÓN DE PROBLEMAS Y TOMA DE DECISIÓN

Los problemas se resuelven avanzando en la resolución de tareas que acercan a una buena decisión, de forma que paso a paso se llega a una buena decisión y un plan de acción coherente con la decisión tomada. Las tareas que conforman una estrategia eficaz de resolución de problemas y de toma de decisión son las siguientes:

PASO 1: Identificar la situación en términos de hechos.

¿Qué ha sucedido? Esta pregunta abre el análisis del problema. La respuesta debe estar en los hechos que configuran la situación de conflicto surgida. Hay que identificar lo sucedido en términos de hechos sin dar rienda suelta a las impresiones, opiniones, juicios de valor, interpretaciones, suposiciones… Hay que ver lo que ha sucedido y no lo que parece o se interpreta sobre lo sucedido. Hay que hacerse un mapa de hechos que dibuje exactamente la situación. Ir más allá de los hechos o de lo sucedido distorsiona la realidad, la agrava y aleja de las buenas soluciones.

Identificar los hechos que dibujan el problema ayuda a generar soluciones efectivas, apunta las acciones a realizar para resolver la situación de conflicto. Las posibles soluciones casi vienen dadas cuando la carga emocional no tiñe ni interpreta los hechos de lo sucedido.

PASO 2: Generar alternativas posibles de solución.

¿Qué puedo hacer? Es momento de generar posibles soluciones. No hay que entrar a valorar nada. En el punto anterior se enuncian los hechos, en este punto se enuncian posibles acciones que se pueden realizar para resolver el problema. Puedo hacer a, b, c, d…n. Se ha de contemplar todo lo que se pueda hacer, hasta aquello que en un principio pueda parecer disparatado.

Es un paso clave en la solución de problemas. La eficacia de un buen método para resolver problemas radica en la capacidad de generar o inventar posibles soluciones. Cuantas más soluciones posibles se contemplen, habrá mayor probabilidad de encontrar una buena solución. Cerrarse en banda, entre esta solución o esta otra, reduce mucho el margen de dar con una buena solución. Hay que ser creativo, atrevido o emprendedor ante los problemas.

PASO 3: Anticipar las consecuencias lógicas de aplicar cada una de las soluciones posibles.

¿Qué pasará si hago…? En este punto es momento de enunciar las posibles consecuencias que sucederán en cada una de las posibles soluciones: si hago esto, eso o aquello. Hay que hacer este ejercicio opción por opción, sin mezclar. Se coge una posible solución y se contesta a la pregunta qué sucederá si hago esto. Hasta que se agoten todas las posibles consecuencias no se deben pasar a valorar las consecuencias de otra posible solución.

Seguimos sin poder entrar a valorar nada. Primero, se enunciaron hechos que dibujan el problema, después se enunciaron posibles soluciones, ahora se enuncian las consecuencias de aplicar cada una de las soluciones posibles. Se debe hacer este ejercicio con realismo, anticipando todo lo que sucederá inevitablemente. De esta forma se anticipa el 85% de situaciones que se darán. Por tanto, es como visualizar lo que sucederá en cada una de las posibles soluciones antes de aplicarlas.

Se debe valorar lo que sucederá atendiendo a si es deseable y verosímil (ventajas) o si es desagradable y poco posible (inconvenientes). Se busca lo más deseable, interesante, atractivo, pero también verosímil o posible. Conviene realizar este paso por escrito de forma que cada consecuencia se anota en una hoja, como ventaja o inconveniente según sea muy deseable o nada deseable.

PASO 4: Tomar decisión.

¿Qué decido? Ha llegado el momento de tomar decisión porque ya se tiene toda la información necesaria para decidir. Se tiene un mapa exacto del problema, se han generado todas las soluciones posibles imaginadas, se han enunciado las posibles consecuencias ante cada una de las posibles soluciones… Es momento de valorar y comparar, de elegir la posible solución más deseable y posible, aquella que garantiza el mayor bienestar a medio y largo plazo.

Sugiero elegir el camino más seguro. Primero se descartan aquellas opciones de solución que sean menos atractivas o deseables hasta que queden las dos mejores opciones, según el análisis realizado. Para elegir o tomar decisión se comparan las ventajas e inconvenientes propias de cada una de las dos opciones más atractivas. Para afinar en la decisión final la valoración se puede apoyar en un doble criterio. Ver a nivel gráfico la opción que está más cargada de ventajas y tiene menos inconvenientes. Un segundo criterio que da fiabilidad es ponderar cada ventaja y cada inconveniente de 1 a 3 según el grado de atracción o malestar que genere.

Es momento de tomar decisión. No cabe pensar más ni dilatar más la decisión. Se ha considerado toda la información, todo lo que se puede hacer, todos los pros y contras. ¿Qué más hay que pensar? Nada. La decisión casi viene dada tras considerar toda la información en los pasos anteriores. Es momento de actuar.

PASO 5: Implementar un plan de acción según la decisión tomada.

¿Cómo lo hago? Los problemas no se resuelven tomando decisiones. Hay que actuar. Decidir bien no es suficiente. Muchos problemas no se resuelven por falta de valentía y acierto para hacer lo que hay que hacer según la decisión tomada. Buenas decisiones quedan en nada por temor o por torpeza para sacarlas adelante.

Es clave diseñar e implementar un plan de acción acorde con la decisión tomada. Qué hacer, cómo hacerlo, cuándo… Se prepara el plan de acción y se ejecuta. Hay que tomar la iniciativa, hacerlo con decisión, de forma asertiva y con eficacia.

Llegado este momento en la solución del problema, la mayor torpeza es dudar, es volver a otras posibles soluciones ya descartadas o temer qué dirán, cómo se lo van a tomar… Cualquier decisión es inviable cuando no es defendida o desarrollada con convicción o cuando las acciones son torpes, atropelladas o agresivas.

PASO 6: Evaluar el grado de eficacia de la decisión tomada o el plan de acción desarrollado.

¿Ha funcionado, se resolvió el problema? El último paso es evaluar el grado de eficacia de la decisión tomada y el consiguiente plan de acción desarrollado. ¿Se ha resuelto la situación de conflicto, se ha reconducido? Si la respuesta es positiva, se da por concluido el proceso de resolución del problema. Si la respuesta es negativa, no se ha resuelto, hay que revisar la decisión tomada y volver a aquella opción que se dejó en la recámara como segunda opción, por si la decisión tomada no era eficaz. Y entonces implementar un plan de acción ajustado a esta nueva decisión.

Observaciones sobre el proceso de resolución de problemas

  • Se trata de una estrategia racional para afrontar, gestionar y resolver los problemas. Puede parecer que lo expuesto es de sentido común, pero este es el menos común de los sentidos en momentos de dificultad, conflicto o problemas, donde las emociones se desbordan y no es fácil mantenerse sereno y pensar con frialdad.
  • Es una estrategia que abre soluciones y aumenta la probabilidad de encontrar una buena solución.
  • Es una manera de ocuparse de los problemas, no de preocuparse, de buscar soluciones eficaces, de ser más de soluciones que de problemas.
  • Evita tentaciones peligrosas, como dar tiempo y esperar que el problema se resuelva solo y actuar de forma impulsiva para que cese cuanto antes la situación de conflicto. Ambas actitudes son equivocadas.
  • Las personas no son indecisas por carácter, lo son porque no saben o no se atreven a tomar decisiones. Tomar decisiones es una habilidad que se entrena, cuanto más se ejercita más se desarrolla.
  • No se puede tener plenas garantías de acertar en la decisión antes de tomarla, solo se tiene esa seguridad plena después de decidir y comprobarlo. Este proceso reduce la probabilidad de equivocarse en la decisión.
  • Esta estrategia ofrece muchos argumentos para justificar la decisión tomada. No es una decisión impulsiva, es una decisión meditada, razonada, valorada y serena. Ofrece los argumentos suficientes para, en caso de no acertar en la decisión, quedarse con la conciencia tranquila, es decir, con la idea de que atendiendo a la información de que pude disponer, volvería a decidir lo mismo.
  • Dudar por sistema no tiene sentido: la duda recurrente atrapa en la indecisión y paraliza en la búsqueda de soluciones. Una vez tomada una decisión de forma tan racional, hay que ser valiente para llevarla al plano de la acción, de sacar adelante lo decidido.
  • Los problemas no se resuelven por imposición, reprimiéndolos, castigándolos o generando temor, rechazo, incluso rencor. Este estilo ofrece una solución inmediata o a corto plazo, pero tiene efectos secundarios muy peligrosos en el medio y largo plazo, genera conflictos graves derivados del temor, miedo y desafección.

Método eficaz para “problemas de uno” y para “problemas con otros”

Este método de resolución y de toma de decisión es muy eficaz tanto en conflictos personales, en los problemas de uno, como en conflictos interpersonales, problemas con otras personas.

El grado de compromiso y de implicación es mucho mayor cuando las decisiones son consensuadas, cuando se da participación en el análisis del problema, en la búsqueda de soluciones y en la toma de decisiones. Cuando las decisiones vienen impuestas u obligadas, el grado de implicación en las soluciones es mucho menor.

La estrategia de resolución de problemas y de toma de decisión presentada en el presente artículo ofrece la posibilidad de recorrerla uno solo o en compañía: uno solo, desde un análisis individual en un conflicto personal; y en compañía, dando participación y llegando a decisiones consensuadas, cuando se trata de un conflicto interpersonal. Los pasos son los mismo. Siempre se lanza la pregunta al otro u otros, se escuchan sus respuestas, se toma nota de ellas y se pueden complementar con puntos de vista añadidos. Cuando hay una visión conjunta en la resolución de un paso, se avanza al siguiente, y así con todos los pasos. Se identifican los hechos, se generan soluciones posibles, se anticipan las consecuencias de cada una de ellas, se toma decisión, se implementa un plan de acción y se valora su eficacia con la participación y el criterio de aquellas personas que se han visto involucradas en la situación de conflicto. El análisis es más profundo, la calidad de las soluciones generadas es mayor, la decisión es conjunta y compartida, y el grado de implicación o compromiso con la decisión tomada se multiplica respecto a si viniese impuesta u obligada.

Es una estrategia muy eficaz para trabajarla en problemas o conflictos generados en el interior de un equipo deportivo o de trabajo.

Gestionar la “disidencia” dentro de un equipo

Convencer a todos es una misión imposible, es una expectativa irracional que va contra la lógica. El entrenador debe entenderlo y saberlo llevar con normalidad. En un grupo de 25 jugadores siempre habrá algún disidente, alguno que no compartirá la filosofía, los valores o la metodología que propone el entrenador, aunque lo haga de forma asertiva, participativa y tratando de convencer y ser coherente. Mientras los disidentes sean unos pocos no debe haber problema alguno, es la realidad misma. El problema puede ser no entender ni tolerar la existencia del “disidente” dentro del grupo.

El “disidente” se convierte en una oportunidad de enseñanza para el entrenador y de aprendizaje para el resto del equipo. El comportamiento del “disidente” ofrece ocasiones para tomar conciencia de lo que suma o resta en el funcionamiento positivo del equipo, de lo que se alinea o aleja de los valores compartidos, de lo que ayuda o colisiona con los objetivos comunes. Los conflictos planteados por el “disidente” son oportunidades de aprendizaje para el equipo.

Resolviendo el conflicto desde un enfoque educativo, como el que se ha presentado en este artículo, el disidente y el grupo pueden aprender y crecer a partir del conflicto.

Enfoque “educativo” en la gestión de conflictos o solución de problemas

Las personas y los grupos crecen superando problemas. El problema es una oportunidad de aprendizaje individual y colectivo. En ocasiones es deseable que sucedan cosas que agiten la dinámica interna de un equipo, puede ser muy oportuno que alguno de los miembros se equivoque, que surja el conflicto. ¿Porqué? El conflicto rompe la normalidad, altera la rutina, y ofrece la oportunidad de ser más equipo, de superar la situación siendo más fuerte como jugador y como equipo. No hay porqué tener miedo a los problemas y al “disidente”, son oportunidades para los buenos entrenadores porque refuerzan su liderazgo desde la gestión eficaz de los conflictos y logran una mayor cohesión interna del equipo, refuerzan la complicidad entre sus miembros.

¿Qué aprendizajes estimulan los conflictos o problemas?

El conflicto ENSEÑA a:

  • Reflexionar sobre las consecuencias que tiene el conflicto para uno y para el equipo.
  • Pensar cómo reparar la situación, trabajar en la búsqueda de soluciones.
  • Ser más reflexivos, reduce la impulsividad o actuar sin pensar, no valorar previamente las consecuencias de los hechos.
  • Implicarse y comprometerse en las soluciones.
  • Ayuda a identificar actitudes y valores tanto positivas como negativas.
  • Permite que el grupo opine y sugiera, estimula el “control social del vestuario”.
  • Cohesiona al grupo frente a actitudes egoístas u hostiles para con el equipo.
  • Ayuda a entender y gestionar las “disidencias”.
  • Las personas y los grupos APRENDEN y se desarrollan con los problemas.

Este artículo se publicó originalmente  en diciembre de 2019

José Carrascosa

José Carrascosa

Pionero de la psicología del deporte en España, ha trabajado durante más de 25 años con deportistas, entrenadores y equipos profesionales de primer nivel, ha colaborado en logros deportivos de sus clientes (ascensos, títulos nacionales y europeos, marcas europeas y mundiales, medallas olímpicas). Ha ayudado a que haya cambiado la percepción sobre las emociones y el alto rendimiento, desde “echarle güevos” a “competir”, desde el desconocimiento a la toma de conciencia del papel de las emociones sobre el rendimiento y el bienestar. Se considera un “artesano” de la educación y desarrollo emocional

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