ETAPA EDUCATIVO - FORMATIVA

EDUCATIONAL-FORMATIVE STAGE

El niño/a es un material demasiado delicado para equivocarse. Se acercan al deporte porque les atrae y se siente competentes, sienten que lo hacen bien. Muchos tienen la ilusión de llegar lejos. No puede ser que un tiempo después abandonen frustrados y decepcionados, no queriendo saber nada del deporte. Por el camino se ha cruzado el adulto que ha roto su sueño, un entrenador poco preparado o unos padres equivocados, que ha quemado al niño/a en el deporte.

Saber Competir - Bienestar emocional

En edades tempranas no hay que obsesionarse con el rendimiento sino con educar, formar, acompañar en el desarrollo, más que deportivo, integral. Se debe orientar al niño/a al aprendizaje y mejora permanente, a dominar cada día más la técnica y táctica de su deporte, a avanzar en su desarrollo físico… también en a aprender competencias emocionales que le ayuden a desarrollar su talento y expresarlo bajo cualquier circunstancia, también en la máxima exigencia y dificultad. Se trata de hacerlo mejor hoy que ayer, mañana que hoy, ser mejor cada día. La sociedad de hoy orienta a los niños/as más al éxito, a ganar, a superar a los demás, a promocionar hacia mejores equipos, a marcar la diferencia. En etapas de formación sugerimos orientar más a cuidar los procesos, al aprendizaje, a la mejora, a ser mejor, a dominar más, a desarrollar el talento, donde uno compite consigo mismo, siendo el mayor rival uno mismo y sus barreras internas.

La urgencia está reñida con la formación. La urgencia, necesidad u obligación de rendimiento lleva a la frustración, el síndrome de burnout o de “estar quemado” y al abandono del deporte.

El niño/a necesita que sea respetado su ritmo de aprendizaje y desarrollo.

La urgencia ralentiza y bloquea el aprendizaje. Igual que el niño/a debe desarrollarse a nivel físico o motor, y debe ir avanzando en el aprendizaje técnico-táctico del deporte que entrena, también debe aprender y entrenar competencias emocionales que le ayudarán a ser mejor deportista y mejor persona. El entrenamiento de las competencias emocionales en el deporte es un entrenamiento desde el deporte para el deporte y para la vida.

El entrenador debe responder a un perfil de entrenador-educador.

Debe ser conocedor de las características evolutivas de la edad en la que trabaja, experto en el deporte para desmenuzar y secuenciar su aprendizaje desde las edades más tempranas hasta las más avanzadas, un excelente motivador que transmita pasión y contagie ilusión por entrenar y mejorar, buen pedagogo para organizar las tareas de entrenamiento, presentarlas, reforzar el trabajo bien hecho, hacer las correcciones sin resultar hiriente o agresivo, buen conocedor de las estrategias para construir el equipo, buen gestor de conflictos, buen tutor-personal interesado en aspectos que van más allá del deporte (situación personal, contexto socio-familiar, estudios…). Trabajar en la etapa de formación requiere ser un buen entrenador-educador.

Madres y padres son un factor que explica el abandono de la práctica deportiva.

No es posible que puedan convertirse en la razón que acaba con la ilusión y rompe el sueño de ser deportista. Madres y padres deben alinear su apoyo con el trabajo de entrenadores y técnicos de las escuelas deportivas. No pueden ser un elemento disonante que genere conflicto en el niño/a con mensajes discrepantes. Madres y padres deben compartir con su hijo/a la ilusión por el deporte, pero dejar los aprendizajes y correcciones para entrenadores y técnicos. No tienen un hijo deportista sino un hijo que crece como persona con múltiples inquietudes, una de ellas es hacer un deporte concreto. Es cierto, que las escuelas deportivas deben sumar a madres y padres a la educación deportivo-personal de sus hijos, asesorándoles sobre cómo apoyar de forma efectiva el desarrollo deportivo y personal. Para ello tienen la posibilidad de crear la Escuela de Madres-Padres.

Desarrollo deportivo y personal van de la mano, recorren el mismo camino.

El deportista necesita de la persona para optimizar su talento. El joven deportista debe compatibilizar estudios y deporte, debe vivir como un joven y no como un “profesional”. Hipotecar el desarrollo personal en función del desarrollo deportivo condena ambos, se acaba perdiendo al deportista y se pierde a la persona. No se puede empujar a los jóvenes con talento precoz a que acaben siendo “juguetes rotos”. Y si tuvieran la suerte de alcanzar el deporte profesional deberán saber gestionar éxito y fracaso entre otras muchas situaciones que también requiere de competencias emocionales o desarrollo personal.

Servicios profesionales

¿Tienes alguna pregunta?

Ponte en contacto con nosotros y un miembro especializado de nuestro equipo te responderá en breve.