Tener la llave del RENDIMIENTO, manejar el FLOW

José Carrascosa
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rendimiento optimo sc

¿Qué es el rendimiento óptimo?

Entendemos por rendimiento óptimo realizar la mejor ejecución o mejor trabajo posible según talento, preparación y entrenamientos realizados. Es expresar la mejor versión, desatar el talento en su amplitud, ser uno mismo, dar lo mejor de sí mismo… en la situación más exigente o de mayor dificultad. El rendimiento óptimo consiste en alcanzar la excelencia en concentración, tomas de decisión, calidad en los gestos técnicos y eficacia en las acciones, de acuerdo con el propio potencial o talento. No se trata de darlo todo en cuanto a esfuerzo. Muchas veces con un esfuerzo máximo no se consigue desatar todo el talento. Rendimiento óptimo tampoco consiste en ganar o superar a los rivales.

Zarandeado por las circunstancias

El futbolista habla de encontrarse en un “momento dulce” o en una “buena dinámica” de rendimiento, con “confianza” y desea que esa dinámica sea duradera. El estado de ánimo determina el rendimiento. Las emociones cambiantes llevan a un rendimiento irregular, poco estable. Pocos futbolistas se sienten capaces de hacer su mejor trabajo cada día y bajo cualquier circunstancia, pocos tienen el control sobre su propio estado de ánimo y logran que su rendimiento se estable. Su rendimiento va y viene a merced de las circunstancias, se ve zarandeado por lo que va aconteciendo, y su estado de ánimo y rendimiento son víctimas de ello. Con viento a favor el futbolista se ilusiona, coge confianza y su rendimiento mejora, en cambio en circunstancias adversas le surgen dudas, pierde confianza, se frustra o enfada, se desanima, y su rendimiento se ve resentido. Al estado de ánimo del futbolista le afecta casi todo, jugar o no jugar, tener continuidad, un mayor o menor acierto, la consideración que pueda tener de él el entrenador, la valoración de que es objeto por parte de aficionados y medios de comunicación…

El estado de ánimo debería estar por encima de las circunstancias. Pocos tienen esa autonomía emocional que les hace estables en su estado de ánimo y le lleva a sujetar su trabajo. Pocos logran que su ilusión, concentración, autoconfianza, atrevimiento…  sean estables en lo bueno y en lo malo, estén blindadas ante los acontecimientos que van viviendo.

Sentirse bien es imprescindible para jugar bien

La investigación en psicología del deporte ha identificado el estado ideal de ejecución o FLOW. Es un estado mental-emocional que favorece el rendimiento óptimo, que ayuda a desarrollar el mejor trabajo.

Las características que identifican el estado ideal de ejecución (Flow) son las siguientes:

  • Máxima concentración. Una atención plena, estar centrado en el aquí-ahora, vivir el instante presente permite entrar en la tarea y desarrollarla con los cinco sentidos, de forma que atrapa la mente y bloquea cualquier otra información no pertinente con su ejecución. Desde la concentración la mente se sube a la tarea y la tarea la lleva, uno se olvida de sí mismo, de hacerlo bien y no fallar. El tiempo se transforma, se acorta, el partido trascurre muy rápido y de repente termina. Se pierde la sensación de fatiga, simplemente porque al estar centrado en la tarea las señales que envía el organismo pasan desapercibidas.
  • Inteligencia máxima. Estar muy concentrado hace estar muy inteligente en el desarrollo de la tarea. La información del juego se procesa en el instante, a tal velocidad que las decisiones fluyen. Ve-hace, lee-resuelve, sin pensar. La sensación es de jugar sin pensar, pero lo cierto es que uno juega superconcentrado y superinteligente. Es como jugar de memoria, con el piloto automático.
  • Dominio de la tarea. Un elevado domino de la tarea es imprescindible para entrar en flow y “jugar de memoria”. Por tanto, sólo puede trabajar en flow quien está preparado, quien llega a dominar la tarea hasta el extremo de que las decisiones surjan de forma espontánea. Estas decisiones son las buenas y no aquellas que se piensan debido a las dudas. No se puede llegar a jugar de memoria sin mucho entrenamiento previo, sin dominar completamente la tarea.
  • Ausencia de diálogo interno. El grado de concentración es tal que desaparece el diálogo interno. Como mucho surgen breves autodiálogos que guían y refuerzan durante el desarrollo de la tarea. Un diálogo interno excesivo rompe el flow y se convierte en basura emocional, una especie de virus que ralentiza el procesamiento de la información e impide entrar en la tarea, estar concentrado, jugar con los cinco sentidos.
  • Percepción de competencia. No existen dudas. La tarea está clara, está suficientemente entrenada, se domina y permite realizarla desde una máxima concentración, sin pensar. ¿Por qué se conduce concentrado, sin pensar en cada acción? Pues, porque se sabe conducir y ha habido mucha práctica, porque se han recorrido ya muchos kilómetros al volante. Tras mucha práctica llega el dominio y entonces las decisiones fluyen y los imprevistos se resuelven rápidamente con decisiones acertadas, casi reflejas, no pensadas. Nadie puede conducir de memoria recién obtenido el carnet de conducir, hay que pasar por una fase en que uno está inseguro, piensa cada acción, hay temor, poca confianza…
  • Equilibrio emocional. Existe una sensación de control, de equilibrio. Uno está tranquilo, ilusionado, motivado, con ganas de jugar. No existe tensión, amenaza, riesgo, desequilibrio emocional.
  • Disfrute intrínseco al desarrollo de la tarea. Un síntoma revelador del estado ideal de ejecución es el disfrute intrínseco al juego, al desarrollo de la tarea sobre el terreno de juego. El Flow ofrece una experiencia autotélica, en la que el disfrute es intrínseco a la acción sin perseguir ningún otro objetivo nada más que jugar con los cinco sentidos, sentir y ser lo que haces.

Al rendimiento se llega desde emociones positivas (claridad de la tarea, ilusión, confianza, decisión, atrevimiento, disfrute) y se aleja desde emociones negativas (dudas, exceso de responsabilidad, temor al error, obligación y urgencia de hacerlo bien, enfado, desánimo, euforia…). Al rendimiento óptimo no se llega por cualquier camino emocional, sentirse bien ayuda a jugar bien.

Dominio de la tarea, desafío y rendimiento óptimo

El Flow exige vivir el partido como un desafío y sentirse preparado, que domina el trabajo individual y colectivo, competente. Debe darse un equilibrio entre cierto grado de dificultad de la tarea y percepción de competencia.

Cualquier tarea no invita a darlo todo, a dar lo mejor de sí mismo. Tareas muy fáciles o demasiado difíciles no favorecen el estado ideal de ejecución. Tareas rutinarias, aburridas, monótonas también alejan del flow. Una tarea nueva en proceso de aprendizaje, que aún no se domina, tampoco permite entrar en flow. Sólo tareas de una dificultad alta, entrenadas, aprendidas, interiorizadas, sobre las que hay una percepción de competencia, de dominio, de estar preparado favorecen el estado ideal de ejecución o ayudan a trabajar en flow.

Apatía, ansiedad, relajación o exceso de confianza son estados emocionales que alejan del estado ideal de ejecución.

Lo llaman “confianza” pero es más que un estado de ánimo

Los jugadores lo llaman un estado de confianza, pero no es sólo confianza, es mucho más. Cuando se aprende a sujetar este estado de ánimo, Flow, deja de serlo y se convierte en una manera de trabajar, entrenar y competir.

En la tarea se puede hablar de dos componentes, el QUÉ, qué hacer, y el CÓMO, cómo hacerlo. El Flow es CÓMO se expresa la tarea y se defiende ante el rival sobre el terreno de juego. Cuando se gana autonomía emocional y se tiene el control de las emociones el Flow pasa a ser un elemento de tarea misma, deja de ser un estado de ánimo y se convierte en una forma de entrenar y competir que otorga calidad al trabajo.

Una tarea expresada o defendida sobre el terreno de juego con dudas, de forma tímida, enfadado, excesivamente responsabilizado siempre será un trabajo deficiente, carente de calidad, alejado del rendimiento óptimo. En cambio, una tarea expresada o defendida de forma concentrada, decidida, con iniciativa y determinación, con confianza, en equipo y sintiendo disfrute, seguro que será un buen trabajo. El Flow otorga calidad a la tarea. El cómo hacerlo hace bueno al qué hacer, la actitud hace buena a la tarea o trabajo.

Cuando se llega a generar el hábito emocional de vivir los entrenamientos y partidos desde el Flow se tiene la llave del propio rendimiento óptimo. Entonces el rendimiento óptimo se hace estable, se vuelve regular y se estimula del desarrollo efectivo del talento deportivo.

No hay excusa para hacer el mejor trabajo cada día

Una máxima del entrenamiento psicológico es “no hay excusa para hacer el mejor trabajo cada día”. Cuando se avanza en el desarrollo emocional y se alcanza la autonomía, cuando uno mismo gobierna sus emociones se está en disposición de acercarse al mejor trabajo posible, que uno mismo es capaz de realizar. Entonces uno tiene la llave de su propio rendimiento.

El futbolista debe trabajar para aprender a nivel emocional y avanzar hacia la autonomía en la gestión de sus propias emociones. El entrenamiento de competencias emocionales favorece el desarrollo emocional, otorga el control del rendimiento óptimo y potencia el bienestar emocional. El entrenamiento psicológico lleva desde el autoconocimiento hacia el desarrollo emocional y optimización del rendimiento. Nadie nace enseñado en la gestión de las emociones propias y ajenas. La emoción es un “músculo” más que se desarrolla con trabajo y entrenamiento.

El entrenamiento psicológico tiene como objetivo el aprendizaje de competencias emocionales, como: 1) autonomía emocional, 2) habilidades sociales; 3) aprendizaje permanente, “mente de aprendiz”; 4) resiliencia; 5) valores (esfuerzo, humildad, ambición, juego limpio…); 6) trabajo en equipo; 7) liderazgo; y 8) estilos de vida saludables. Las competencias emocionales son herramientas que permiten una gestión emocional eficaz en situaciones de interacción con otras personas, en el deporte y más allá del deporte.

Más en concreto, entrenar el Flow o aprender a Fluir supone: 1) orientar la motivación hacia la tarea; 2) entrenar la focalización de la atención; 3) desmenuzar la tarea y tomar conciencia del nivel de competencia; 4) dar importancia al entrenamiento como mecanismo para aprender y dominar la tarea; 5) aprender a que las decisiones fluyan; 6) centrarse en la acción frente a los objetivos o metas; 7) lograr autonomía en la ejecución frente a las circunstancias; 8) entrenamiento en relajación muscular; y 9) visualizar la ejecución en escenarios exigentes (ensayo mental, visualización).

El entrenamiento psicológico garantiza la proyección deportiva, prepara para el fútbol y para la vida. El futbolista debe prepararse a nivel emocional y no confiar sólo en su supuesto talento, ni en que el entrenador confíe en él. El desarrollo deportivo es una carrera de obstáculos que se han de saber gestionar y superar.

Necesidad de generar un “clima” de rendimiento

El entrenador es responsable de generar un clima ideal de ejecución en el vestuario que invite o empuje a desatar el mejor trabajo individual y colectivo. El entrenador se convierte en un alquimista emocional que predispone al mejor rendimiento de todos y cada uno.

Una función del entrenador es generar un clima permanente de rendimiento óptimo, tanto en entrenamientos como en partidos. Para ello debe saber resolver sus propios temores, desconfianzas, enfados, desánimos… El entrenador debe ser un potenciador emocional que ayude al rendimiento óptimo, un facilitador del rendimiento óptimo. Una de las labores más complejas del entrenador es hacer mejores a cada unos de sus jugadores y al equipo, lo que depende mucho de su buena gestión emocional. El entrenador no puede ser un castrador emocional, alguien que coarta la ilusión, iniciativa, atrevimiento, motivación, inquietud por mejorar, fuente de temor, enfado o desánimo… Entonces rendimiento y desarrollo deportivo se ven amenazados.

Generar climas de rendimiento es un aspecto esencial en el trabajo psicológico del entrenador, además de la motivación, la comunicación, el liderazgo, la construcción de la cohesión interna (team building), la gestión de los conflictos…

Equívocos relacionados con el rendimiento

En fútbol se mantienen muchos tópicos que son equívocos. Se han ido transmitiendo más por arraigo popular que porque la ciencia los justificado. So creencias inciertas que atentan contra el buen rendimiento y el desarrollo deportivo. Algunos de estos equívocos son los siguientes:

  • Necesidad de sufrir”. Si sufrir es esforzarse al máximo hablemos de esfuerzo. Sufrir es una emoción y como emoción no está justificado sufrir porque aleja del rendimiento óptimo. Vinculemos esfuerzo máximo y disfrute.
  • Tenemos que ganar”, “ganar sí o sí”. Obligación, urgencia, necesidad de rendimiento es el camino más rápido para alejarse del rendimiento óptimo.
  • «Ser futbolista 24 horas”. Pensar en fútbol todo el tiempo lleva al estrés y a estar quemado, al agotamiento emocional. Ser responsable no es vivir obsesionado con dar respuesta a las propias responsabilidades.
  • El futbolista es egoísta por naturaleza”. Es una falacia ¿Quién no se muevo por metas personales? La cuestión es alinear los objetivos personales con el objetivo común de forma que no colisionen, el interés personal con el interés colectivo. Es más, la satisfacción de las metas personales llega a través del éxito del equipo.
  • Falta de actitud o escaso compromiso”. Un bajo rendimiento se suele explicar por muchos motivos o factores, nada que ver con falta de actitud y escaso compromiso. Nadie quiere jugar mal, hacerlo mal y ser objeto de críticas. Más bien el problema puede ser por exceso, es decir demasiada responsabilidad, tensión, dudas…
  • Recitar el 11 de memoria”. Cuando jugar resulta un objetivo fácil de conseguir pierde interés, cuando es prácticamente imposible, muy difícil, también pierde interés. Los que juegan habitualmente pueden entrar en rutina y perder motivación, los que no juegan casi nunca puede considerar un imposible el poder jugar. Unos y otros pierden motivación. La clave es que los que juegan sientan que en cualquier momento pueden dejar de hacerlo, y los que no juegan en cualquier momento pueden tener la oportunidad de hacerlo.
  • Esperar que el entrenador me dé confianza”.  La confianza la tiene que manejar uno mismo para generar confianza en los demás. Cuando uno espera confianza proyecta debilidad, no estar preparado. Entonces se le da la razón al entrenador.
  • Sólo disfruto cuando gano”. La lógica emocional del rendimiento óptimo dice que “sentirse bien lleva a jugar bien” y no al revés. El disfrute es un aspecto del rendimiento óptimo.
  • Soy un ganador”. ¿Conoces a alguien que compita con la intención de perder?, ¿quién no pretende ganar? Quien se presenta como ganador esconde pocos recursos para trabajar y alcanzar el rendimiento óptimo.
  • Tiene mucho carácter”. El perfil de futbolista que se enfada consigo mismo, con los compañeros, con el entrenador, con el árbitro, que se queja, discute, protesta… no es que tenga “carácter”, más bien tiene “mal carácter”. Quien funciona así es su mayor enemigo y se acaba convirtiendo en un problema dentro del equipo.

Gestionar el rendimiento óptimo en el deporte y fuera del deporte

El rendimiento óptimo se gestiona bajo las mismas premisas en el deporte y fuera del deporte. Hacer un buen partido, hacer un buen examen, realizar una buena entrevista garantizan un buen rendimiento en un partido, en un examen, en una entrevista de trabajo. Ganar, no perder, aprobar, no suspender, ser elegido para el puesto de trabajo y no ser rechazado… son actitudes que alejan del rendimiento óptimo.

El rendimiento óptimo es la consecuencia de un trabajo óptimo, en el que el estado emocional es un aspecto clave. Resolver la tarea estando concentrado, inteligente, con iniciativa, centrado en la tarea, con confianza, creativo, resolutivo, sintiendo un disfrute intrínseco… acerca al rendimiento óptimo. Llenarse de responsabilidad, poner énfasis en el objetivo, atender al posible resultado, resta concentración, dificulta las tomas de decisión, lleva a dudar, alimenta la ansiedad, reduce el acierto… aleja del rendimiento óptimo. Avanzar hacia la excelencia emocional favorece el rendimiento óptimo. Lo es en el deporte y fuera del deporte, en cualquier ámbito de la vida.

De todas formas, la excelencia emocional sin estar acompañada de esfuerzo, trabajo, entrenamiento, preparación, trabajo previo… sirve de poco. El rendimiento óptimo requiere la comunión entre esfuerzo, trabajo y emoción, en su mejor versión.

Este artículo se publicó originalmente el 10 de Octubre de 2019 en la Revista Saber Competir

 

José Carrascosa

José Carrascosa

Pionero de la psicología del deporte en España, ha trabajado durante más de 25 años con deportistas, entrenadores y equipos profesionales de primer nivel, ha colaborado en logros deportivos de sus clientes (ascensos, títulos nacionales y europeos, marcas europeas y mundiales, medallas olímpicas). Ha ayudado a que haya cambiado la percepción sobre las emociones y el alto rendimiento, desde “echarle güevos” a “competir”, desde el desconocimiento a la toma de conciencia del papel de las emociones sobre el rendimiento y el bienestar. Se considera un “artesano” de la educación y desarrollo emocional