Psicología: un elemento en la recuperación de lesiones deportivas

Rubén Rodríguez Rodríguez
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Psicología: un elemento en la recuperación de lesiones deportivas

La peor situación a la que se enfrentan los deportistas son las lesiones: generan dolor e impacto emocional, dejan de entrenar, se ven alejados por un período de tiempo de la práctica deportiva, surgen muchas dudas y temores… Las lesiones pueden producirse en cualquier momento, ya sea en los entrenamientos y/o competiciones y suelen tener un mayor o menor tiempo de recuperación.

Cuando un deportista sufre una lesión, no solo se produce un daño físico, sino también psicológico o emocional. Cómo es gestionado por el deportista, cómo se ve afectado su estado de ánimo, qué dudas y temores le asaltan de cara al futuro… No es fácil afrontar una lesión de larga duración.

Por esta razón, cada vez está teniendo mayor importancia el papel de la psicología deportiva en el afrontamiento de las lesiones. A lo largo de este artículo se va a mostrar cómo, desde la psicología del deporte, se puede ayudar a los deportistas lesionados en su proceso de recuperación y readaptación.

El estado de ánimo como facilitador o inhibidor de la recuperación

Algo que está muy estudiado y contrastado en psicología de la salud es la relación entre estados de ánimo y salud. El estado de ánimo activa o inhibe el sistema inmunológico. Cuando una persona se deprime o se angustia, hace que su sistema inmunológico se vuelva perezoso y trabaje menos en la defensa y recuperación del propio organismo. Una persona animada, entusiasta, con buen estado de ánimo mantiene en alerta y activado su sistema inmunológico por lo que este trabaja de forma activa en la salud o el bienestar.

En la recuperación de lesiones es clave mantener un buen estado de ánimo para que el propio organismo sea el primero en trabajar de forma activa en la recuperación. Dos personas con un mismo diagnóstico pueden tener una recuperación diferente debido al estado de ánimo y la consiguiente actitud con la que se afronta.

El psicólogo deportivo en el organigrama técnico de intervención

Partimos de la idea de que el deportista lesionado puede tener acceso a diferentes perfiles profesionales que van a intervenir en su proceso de recuperación y de readaptación, entre los que se encuentra el psicólogo deportivo.

Defiendo la necesidad de un equipo técnico de trabajo multidisciplinar, que coordine toda la intervención en el proceso de recuperación y readaptación, bajo la dirección médica. Un equipo de trabajo donde todas las figuras profesionales están conectadas y coordinadas entre sí, donde el “actor principal” en el proceso de recuperación es el deportista, alrededor del cual ha de girar todo el engranaje profesional.

En base a esto, la figura del psicólogo deportivo ha de estar totalmente integrada en la planificación del proceso de trabajo, pudiendo actuar de tres maneras diferentes:

  • Directa: el psicólogo del deporte interviene directamente con el deportista.
  • Indirecta: el psicólogo del deporte asesora a otros profesionales en aquellos aspectos que guarden relación con el apartado psicológico/emocional, como pueden ser la comunicación con el deportista, el planteamiento de objetivos, la adherencia al proceso de recuperación, la gestión del dolor, la incorporación a la práctica deportiva, etc.
  • Mixta: esta modalidad engloba a las otras dos anteriores y, para mi gusto, es la más adecuada.

Tipos de intervencion psicologica sc

Intervención psicológica en el proceso de recuperación

Siguiendo con la línea de lo planteado anteriormente, la intervención psicológica se va a realizar de dos maneras diferentes, pero relacionadas entre sí.

  1. Directa con el propio deportista lesionado

En la intervención directa con el deportista lesionado, el psicólogo del deporte se plantea los siguientes objetivos de trabajo:

Afrontamiento del impacto emocional de la lesión en el deportista

¡No se le quiera impedir al deportista que exprese sus emociones tras la lesión! El deportista ha de manifestar lo que está sintiendo, debe expresarlo, es más, diría que es altamente positivo que lo haga. Se ha de entender que la lesión vaya acompañada de frustración, rabia, impotencia… por lo que “dejar salir esto” es muy aconsejable para la aceptación de la lesión y recuperar su bienestar emocional de cara al proceso de recuperación.

La gestión emocional es de vital importancia para afrontar tanto el estrés negativo como el posible estado de ansiedad derivados del propio proceso lesivo. Tras producirse la lesión, se genera un nuevo contexto para el deportista, en el que ha de aprender a “moverse” y al que ha de dar una respuesta eficiente. En este contexto, aparecen pensamientos negativos, muchos de ellos en forma de dudas sobre si será capaz de afrontar, superar y volver a desarrollar su práctica deportiva habitual dentro de un tiempo determinado. Además de los pensamientos negativos, también se experimentan emociones relacionadas con frustración, enfado, pesimismo, decepción, ansiedad y estrés propiciadas por la incertidumbre y por la anticipación de situaciones negativas que el deportista teme, aunque no tiene constancia de que se vayan a producir.

Por todo ello, la intervención psicológica en este punto ha de ir encaminada a reducir tanta carga emocional negativa lógica. Esta intervención psicológica consiste en:

  • Favorecer que el deportista ventile sus emociones surgidas tras la lesión. Escuchar, comprender y ayudar a que se produzca la aceptación lógica de la lesión.
  • Ofrecer información clara, concreta, científica de la lesión, así como del proceso de recuperación. Con esto se ayuda a reducir notablemente la incertidumbre inicial y que el deportista pueda ajustar sus expectativas relacionadas con el proceso de recuperación y al tiempo necesario para ello. Se podría hablar de un trabajo “psicoeducativo” para que el deportista entienda, acepte y “normalice” la situación a la que se enfrenta.
  • Centrar al deportista en hechos concretos y no en pensamientos e ideas negativas, erróneas. Se busca ocupar la mente del deportista con lo que puede controlar, dejando a un lado las preocupaciones y temores que generalmente son producidos por circunstancias que se escapan de su control.
  • Enfocar la situación como un reto a superar por el deportista. Con esto se pretende que se generen estados de ánimo positivos, ya que estos ayudan a contrarrestar los efectos nocivos del estrés para el organismo. Esto se logra cuando hay concordancia entre los pensamientos y las respuestas emocionales. Los pensamientos centrados en la ejecución, en los recursos que se tienen para afrontar la situación, así como en poner el foco en las soluciones, conlleva que también se den estados emocionales positivos, muy necesarios para llevar a cabo con éxito el proceso de recuperación y posterior readaptación.
  • Entrenamiento en técnicas de respiración, relajación y visualización, entre otras. Estas técnicas han demostrado su eficacia en el manejo y reducción del estrés, la ansiedad, la gestión de emociones negativas.

Fortalecimiento de la motivación y la autoconfianza

Este es otro de los aspectos clave a tener presente en el proceso de recuperación y readaptación de la lesión. Reforzar, fortalecer, potenciar la autoconfianza y la motivación en el deportista lesionado es fundamental. Para ello, se plantean una serie de estrategias, tales como:

  • Recordar al deportista que es y seguirá siendo un deportista. Esto se refiere a que tenga muy presente que la lesión es una etapa más dentro de su trayectoria deportiva, la cual le permitirá seguir avanzando en su desarrollo deportivo e, incluso, personal. Es decir, la lesión vista como una oportunidad para su avance, para su crecimiento. Además, se recomienda que, dentro de las posibilidades, acuda a las sesiones de entrenamiento y a las competiciones. Con esto se busca que el deportista siga conectado a su actividad y contexto deportivo.
  • Claridad en las tareas que ha de realizar. Se pretende que el deportista tenga muy claro cuál es su trabajo en el proceso de recuperación. Cambia la tarea y el contexto de trabajo. Debe centrarse en tareas de recuperación y su contexto de trabajo pasa a ser la camilla y el gimnasio.
  • Establecimiento de metas y objetivos realistas y asequibles, lo que ayuda a que tenga percepción de medida y control sobre la evolución de la recuperación. Ello favorece la motivación, la concentración, el pensamiento positivo referidos a la recuperación.
  • Recibir feedback de los avances y mejoras. Dentro del proceso de fortalecimiento de la autoconfianza es muy importante ofrecer feedback positivo de los logros que va alcanzando, por pequeños que sean. Esto no solo ayuda a fortalecer la autoconfianza, sino que influye también en la autoeficacia.
  • Registro de los avances. Aparte de recibir feedback externo acerca de su progreso, es vital que reciba auto-feedback, es decir, que sea capaz de reforzarse a sí mismo, lo que le ayudará a potenciar la motivación intrínseca y le servirá para recordar continuamente que está siendo capaz de avanzar.
  • Dar valor al esfuerzo realizado. Aprender a disfrutar en el esfuerzo es un aspecto muy importante dentro de todo este proceso. En la recuperación de lesiones, sobre todo en las de larga duración, donde hay períodos en los que el proceso se vuelve lento, tedioso y donde, por momentos, se tiene la sensación de “no avance”, ayudar al deportista a que se focalice en el esfuerzo que está realizando y no en los resultados inmediatos, le ayudará a que su autoconfianza se mantenga estable.
  • Tolerar las molestias y/o dolor propias del proceso de recuperación. La recuperación de una lesión conlleva experimentar ciertas molestias y/o sentir dolor. Es necesario diferenciar entre el tipo de molestias/dolor que se puede tolerar y gestionar con diversas estrategias, frente a las molestias/dolor que pueden poner en riesgo la recuperación. En base a ello, desde la psicología deportiva se plantean algunas estrategias para gestionar las relacionadas con el primer caso, como aceptarlas, entenderlas, tomarlas como parte del proceso, asumirlas como un reto de superación personal, acompañarlas con la práctica de ejercicios de respiración y relajación…

Adherencia al proceso de recuperación

Para que se realice con éxito la recuperación y readaptación de una lesión, la adherencia al proceso es fundamental, aspecto donde el deportista lesionado cobra un valor trascendental, dado que se enfrenta a nuevos retos en su carrera deportiva, por lo que es importante que realice un “re-enfoque” de la situación para lograr poner el foco atencional en su nuevo desempeño, es decir, en recuperarse adecuadamente de la lesión, llevar a cabo una correcta readaptación y posterior vuelta a la práctica deportiva habitual de manera exitosa.

Por todo ello, se proponen tres aspectos que favorecen la adherencia al trabajo de recuperación y tratamiento, al proceso de recuperación.

  • Relacionar las sesiones de recuperación con entrenamiento o trabajo diario. Plantear la idea al deportista de que el trabajo de recuperación es un trabajo diferente, también de entrenamiento. Debe afrontarlo con la actitud de competir día a día, estar centrado en el instante presente, superando dificultades, conseguir un objetivo a medio plazo, estando en disposición de recorrer el camino para llegar a la meta, que no es otra cosa que la vuelta a la actividad deportiva. Es una competición consigo mismo, por recuperarse, por aprender, por lograr que la lesión le aporte aprendizaje emocional y personal, lo que le ayudará posteriormente en el regreso a la actividad deportiva.
  • Realización de las tareas de recuperación, tanto en la propia sesión como fuera de la misma. Esto ayuda al deportista a tener control de la situación. Además, se contribuye a evitar situaciones de escape o de evitación, muy comunes en deportistas lesionados que buscan excusas para no acudir a las sesiones de recuperación.
  • Actitud positiva ante la dificultad, la adversidad y el dolor. Es muy importante seguir con la idea de registrar/anotar todos los avances que se van haciendo. En este caso, asistir cada día a las sesiones de recuperación es un gran logro para el deportista.
  1. Intervención psicológica indirecta, asesoramiento al resto del equipo multidisciplinar y multiprofesional, y a la red familiar/social del deportista.

Dentro de la intervención indirecta se han de tener presentes dos aspectos: 1) el trabajo de asesoramiento al resto de figuras profesionales intervinientes en el proceso de recuperación y readaptación y 2) el asesoramiento a la red familiar/social del deportista lesionado.

Asesoramiento al resto del equipo multidisciplinar de intervención

La conexión interdisciplinar es primordial en este tipo de situaciones. La experiencia así me lo dice y cada vez que he trabajado con un deportista lesionado, intento estar conectado, dentro de las posibilidades, con el resto de los profesionales que intervienen en su proceso de recuperación y readaptación.

Partiendo de esta premisa, el trabajo del psicólogo deportivo también va enfocado a generar estrategias de comunicación eficientes entre el deportista y el equipo de intervención.

  • Comunicación entre el deportista y los servicios médicos. El deportista lesionado pasa gran parte del proceso de recuperación con los servicios médicos y, especialmente, con la figura de fisioterapeuta. Por ello, es fundamental que exista una comunicación fluida entre ambos. Así, es vital que estos profesionales sepan escuchar y transmitir la información que necesita el deportista en cada momento, lo que ayudará a que puedan expresar abiertamente sus preocupaciones, dudas, miedos… y a que tengan claro el trabajo a llevar a cabo en cada fase del proceso de recuperación. Es aconsejable evitar hablar de “tiempos de recuperación”, es contraproducente “marcar una fecha en el calendario” porque no suelen cumplirse, lo que genera frustración, estrés, desánimo en el deportista, volviéndose en contra de la recuperación.
  • Comunicación entre el deportista y el área deportiva, los preparadores físicos, readaptadores y entrenadores. Este caso es muy similar al anterior, ya que cuando el deportista comienza a trabajar con los preparadores físicos y/o readaptadores, estos han de cuidar mucho el tipo de mensajes que le transmiten porque, por un lado, pueden generar dudas, miedos a realizar un tipo de ejercicio; y por otro lado, pueden generar ciertas expectativas relacionadas con la vuelta anticipada a los entrenamientos y la competición. Del mismo modo, atención especial para el entrenador, ya que es muy positivo para el deportista que su entrenador muestre interés en su persona y en su proceso de recuperación.

Asesoramiento a la red familiar/social del deportista

La influencia de la familia y amigos sobre el deportista lesionado es muy grande. Es recomendable tener contacto con el entorno familiar/social más cercado al deportista, pues los suyos se convierten en un pilar fundamental para él. Es aconsejable ofrecerles una serie de pautas de cómo actuar, lo que es de gran ayuda para el éxito en el proceso de recuperación. En este sentido, los familiares/amigos con la mejor intención de todas, pueden provocar un estado ansioso o de estrés en el deportista cuando continuamente están “preocupándose” por cómo se encuentra y cómo va su recuperación. Por ello, su rol está en acompañar, en servir de apoyo cuando el deportista lo requiera e intentar “normalizar” dicha situación, evitando entrar en temas médicos, psicológicos y deportivos. Además, es adecuado que ayuden al deportista a “salir del proceso de recuperación para luego volver a entrar”, es decir, sacar al deportista de la rutina habitual puede ayudarlo a “despejar la mente” y afrontar mejor el proceso de recuperación.

Intervención psicológica en el proceso readaptación y vuelta a la competición

La vuelta a la práctica deportiva habitual supone la finalización del proceso de recuperación y readaptación de la lesión, lo que indica que dicho proceso ha sido satisfactorio. Entonces el deportista se enfrenta a una “nueva situación” para él, volver a entrenar y competir después de superar la lesión. Esta situación, que se presupone es deseada durante todo el tiempo que ha estado lesionado, puede generar cierto estrés y, en algún caso, un estado de ansiedad debido, entre otros factores, a la adaptación nuevamente a la competición, al cumplimiento de expectativas propias y ajenas, a la incertidumbre en cuando a sí será capaz de responder con éxito a las demandas del medio y a las dudas/temores/miedos por la posibilidad de recaída o de sufrir otra lesión.

Todos estos factores pueden tener menor incidencia en el deportista gracias a todo el trabajo psicológico, emocional que se ha realizado previamente. Recordemos que durante su proceso de recuperación se ha incidido en fortalecer y potenciar su estado de confianza, su motivación y su estado anímico.

En este caso, es importante continuar en la línea mencionada anteriormente. Para ello, se propone lo siguiente:

  • Autoconfianza. Ayudar al deportista a que recuerde quién es, dado que su capacidad o talento no se olvida, sino más bien al contrario, está y sigue creciendo. Es aconsejable que se centre en situaciones o competiciones en las que ha logrado superar adversidades y cómo se ha sentido cuando lo ha hecho. Además, desde el área deportiva es clave transmitir al deportista, de manera clara y concreta, la tarea a realizar. En relación con esto, el deportista ha de ir registrando todos los logros que va consiguiendo en su vuelta a la competición. Estos logros pueden estar relacionados con acciones técnicas, tácticas, físicas e, incluso, psicológicas y anímicas.
  • Motivación. Ayudar al deportista a establecer objetivos concretos, con cierta dificultad, pero asequibles, que favorezcan la progresión del deportista y, lo más importante, le harán tener percepción de control.
  • Estado anímico. Ayudar al deportista a que su estado de ánimo sea estable durante esta fase de vuelta a los entrenamientos y competición, ganando motivación y autoconfianza. Es aconsejable que el deportista tenga información acerca de cómo será su vuelta a la competición y lo que se espera de él, siendo realista en cuanto a las expectativas.

Conclusiones

A modo de conclusión, se extraen las principales ideas recogidas a lo largo de este artículo:

  • Lesionarse quizás sea la peor situación a la que se enfrenta un deportista, debido a que lo alejará por un período de tiempo de la práctica deportiva y le producirá un daño no solo físico, sino también psicológico o emocional que ha de ser tenido muy en cuenta dentro del proceso de recuperación y readaptación.
  • Se plantea la incorporación de los psicólogos deportivos a los equipos de tratamiento y recuperación, en los que todos los profesionales están conectados y coordinados entre sí.
  • El psicólogo ha de estar presente sin incomodar, sin invadir.
  • Durante la recuperación, es necesario trabajar en la gestión de las emociones negativas, favorecer un buen estado de ánimo, potenciar la autoconfianza y la autoestima, potenciar la motivación centrada en el trabajo de recuperación, gestionar el dolor, las dudas, temores, preocupaciones, favorecer la adherencia al esfuerzo y el trabajo diario. Además, es aconsejable evitar hablar de “tiempos de recuperación”.
  • Estar en contacto, siempre dentro de las posibilidades, con el resto del equipo de trabajo, del mismo modo que con el entorno familiar/social más cercano del deportista.

Este artículo fue publicado originariamente en Febrero de 2020

Rubén Rodríguez Rodríguez

Rubén Rodríguez Rodríguez

Vinculado a diversas entidades deportivas y deportistas relacionados en Tenerife, Psicólogo, Fundador de Mind & Alto Rendimiento®, Rubén Rodríguez es Docente en la Universidad Europea de Canarias y tiene un Máster en Psicología Deportiva y Coaching Deportivo. Para él, la psicología del deporte debe estar al servicio de la sociedad.

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