Pizarras y pupitres vacíos por coronavirus

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Pizarras y pupitres vacíos por coronavirus

Has dejado de ir a clase. Las aulas han quedado vacías, en silencio. Atender al profesor, tomar apuntes, levantar la mano, preparar el siguiente examen, el siguiente y el siguiente, escuchar largas explicaciones, memorizar para aprobar, mostrar un aparente interés sin entender para qué sirve, el estrés de llevar deberes y estudio al día… de repente todo se lo ha llevado un virus. El escenario dibujado por aulas, profesores, alumnos ha tenido que bajar la persiana por el coronavirus. La escuela vacía es menos escuela.

Te dicen que el curso sigue, que no ha terminado. El curso escolar ha cambiado abruptamente, nada es como hace quince días. Te sientes descolocado. Ahora cobra importancia hacer deberes y estudiar (no sabes muy bien qué), preparar el final de curso si lo hubiera. El actual panorama viene dibujado por tareas interminables, kilos de deberes, para los que el día se queda corto y posiblemente no se lleguen a corregir nunca por la ingente labor que supondría para los profesores, el desconocimiento en manejar plataformas online en profesores con destrezas justas en las nuevas tecnologías, padres superados por el teletrabajo, el apoyo a las tareas escolares de los hijos y gestionar el aburrimiento y la discusiones entre hermanos por el mando de la tele o de la consola…

El coronavirus se ha llevado por delante un sistema de enseñanza-aprendizaje que ya se sabía obsoleto, pero que ahora queda en evidencia. Sin profesores, sin explicaciones, sin asistir a clase parece que la enseñanza se tiene que parar. Si regresamos a un aula en la sociedad de los años 60 y la comparásemos con las actuales apenas observaríamos diferencias. Se mantienen muchos elementos comunes: pizarra, tiza, pupitres, tarima, programaciones, explicar, escuchar… En cambio, la sociedad ha cambiado radicalmente, no tienen nada que ver la sociedad del desarrollismo de los años 60 con la actual. La esencia en la enseñanza permanece, no cambia lo que sucedía y sigue sucediendo dentro de las aulas, apenas evoluciona, sigue habiendo demasiadas similitudes. Posiblemente las diferencias son matices más aparentes que estructurales. Ahora tenemos pizarra digital y proyector, pero sigue siendo una metodología de enseñar y aprender basada en escuchar, tomar apuntes, resolver ejercicios y estudiar para el examen. Permanece vigente una falacia: el profesor enseña y el alumno aprende, si tiene interés.

Es desalentador cuando la autoridad educativa manifiesta a los alumnos y padres (para que estén tranquilos) que en la selectividad “se va a preguntar sobre lo que saben, lo que se ha dado en clase”. ¡Tremendo! Esta afirmación retrata al sistema educativo. Hace referencia al saber, a los conocimientos, al aprendizaje de conceptos, al protagonismo del profesorado… La sociedad actual y del futuro exige otro tipo de aprendizajes, otra forma de enseñar. Es necesario un cambio y actualización del sistema educativo en los procesos de enseñar y aprender. No es problema de unos políticos, sino de todos, metidos en peleas ideológicas y abandonando la innovación educativa. El auténtico cambio debe contemplar la innovación en los procesos de enseñanza-aprendizaje, la metodología, y la formación del profesorado. Los alumnos deben aprender competencias para ser competentes, y necesitan saber y saber hacer, pero también deben estar dispuestos a querer hacer, mostrar que pueden hacer en cualquier contexto y que saben estar o tienen valores personales. Las competencias hacen a las personas más eficaces en todos los ámbitos, también en desarrollo personal y bienestar emocional. La metodología debe ser diferente y el profesorado debe evolucionar en el desempeño de su rol.

Escribo como orientador, psicólogo y pedagogo, que ha trabajado más de treinta años como responsable del Departamento de Orientador, en un Instituto de Enseñanza Secundaria.

Dirijo mis reflexiones y orientaciones a ese alumno/a que acaba de iniciar la ESO o tiene más de 12 o 13 años, que tiene todo su futuro por delante, que aún no sabe qué estudiar y mucho menos hacia dónde dirigirá su desarrollo laboral. No debe vivir este momento con incertidumbre, menos aún con temor, debe abrir sus ojos y reflexionar, la situación que ha provocado la crisis del coronavirus representa para ellos una oportunidad magnífica, tomar conciencia de la importancia que tienen en su propio proceso de aprendizaje y formación.

  • El auténtico protagonista en el proceso de enseñanza-aprendizaje eres tú, es el alumno/a y no el profesor/a. El profesor/a es quien te guía y te acompaña en tu aprendizaje. Si no tienes interés, es difícil que alguien te pueda enseñar. No esperes a que te motive el profesor/a, su forma de dar la clase, los contenidos de la asignatura, las calificaciones obtenidas en la evaluación… Debes ir aprendiendo a ser dueño de tu propia motivación, tu interés se mantendrá estable si piensas que estudias para invertir en tu formación y desarrollo como persona, desarrollar tu cerebro, ser más inteligente, estar mejor preparado, ser más competente, poder ser más solidario y corresponder con la sociedad, tener mayores oportunidades en el futuro, ser un ciudadano más libre, por tu bienestar emocional, por satisfacción y orgullo de los tuyos…
  • Estudia para aprender. No estudies solo para aprobar el examen. No esperes estar ilusionado con aprender si tu meta no va más allá del siguiente examen, de aprobar, de superar el curso. Queriendo aprender tendrás más iniciativa, tratarás de resolver tus propias dudas, te harás preguntas, buscarás respuestas… De esta forma, lo que vayas aprendiendo lo recordarás mejor, permanecerá en tu memoria y aprendizajes posteriores irán construyendo todo un cuerpo de aprendizajes. Si estudias solo para afrontar el examen, tal cual pase lo olvidarás.
  • Póntelo fácil para aprender. No se aprende de cualquier manera, se aprende mucho mejor cuando se respeta el procesamiento óptimo del cerebro. El cerebro es un sistema que procesa información según unas determinadas reglas. Organiza la información para aprender con más facilidad. Las características en la información que facilitan su procesamiento y aprendizaje por parte del cerebro son las siguientes:
    1. Información sentida. Sin emoción no hay aprendizaje. Despierta tu curiosidad, pon ilusión en aprender, apasiónate por tu propio desarrollo personal y profesional.
    2. Información clara, concreta, operativa. Ordena y simplifica la información, apóyate en la elaboración de esquemas.
    3. Información vivida. Haz, escribe, subraya, resuelve, ejercita, realiza, desarrolla… Cuanto más activo sea tu estudio, mejor aprendes.
    4. Información útil. Busca el para qué de lo aprendido, encuentra su utilidad, ves más allá de lo que aprendes.
    5. Información valiosa. Encuentra sentido a lo que haces. Estudias por razones muy poderosas para ti, quizás también para los tuyos. Busca esas razones y tenlas muy presentes. Te adelanto algunas de ellas: estudias por desarrollar tu personalidad, por construir tu futuro, por ayudar a los tuyos, por ser un ciudadano libre, por tu bienestar emocional…    
  • Haz un estudio muy activo, apoyado en hacer, realizar, resolver, leer, comprender, subrayar, hacer un esquema, anotar, resolver ejercicios, buscar nuevos ejercicios… Estudiar clavando los codos, leyendo, volviendo a leer y tratando de memorizar directamente desde la lectura resulta muy aburrido y lo aprendido se olvida con rapidez. 
  • Pon ilusión, no esperes estar motivado. No vas a tener ganas de hacer los deberes y estudiar, pero sabes que debes hacerlo. En cambio, cuando terminas, sientes la satisfacción del trabajo bien hecho, de la obligación cumplida, de ser responsable, tener autodisciplina… Adquirir buenos hábitos y mantenerlos en el tiempo permite acceder a metas y alimenta la autoconfianza y autoestima.
  • Entrena unos buenos hábitos de trabajo y estudio. Se hace con el trabajo y estudio diarios. La formación es un proceso a largo plazo, es una carrera de fondo en la que el desafío es llegar, acabarla, sabiendo que la meta final está lejos. La clave es coger ritmo, andar cada día el camino, estar centrado en avanzar metro a metro, superar kilómetro a kilómetro, sabiendo que lo más difícil está en los últimos kilómetros. Supone esfuerzo, pero también lo agradece la autoestima y bienestar emocional. 
  • Organízate tu propia programación. Avanza a velocidad de crucero, sé tú quien imponga tu ritmo de trabajo, no esperes a ir al ritmo que marcan las clases, las explicaciones, los exámenes. Siendo coherente con tu propia programación, no hay excusa para no estudiar y avanzar en el aprendizaje. Ahora no hay clase, no importa, sigues con tu trabajo diario.
  • Estudias porque toca, porque así has previsto y estás acostumbrado, porque casi sientes la necesidad de hacerlo para cumplir tu propio compromiso. No te detienes a escuchar tu motivación, si apetece o no hacerlo. Cuando llegas a este punto, es que tienes unos buenos hábitos de trabajo y estudio, es que estás preparado para estudiar lo que desees. No llegan los más inteligentes, sino aquellos que más y mejor trabajan, que mejor superan las dificultades.
  • Aprende a superar dificultades. Debes saber que seguro surgirán dificultades que deberás superar, contenidos que te cuesta comprender, tareas que te cuesta resolver, calificaciones por debajo de tu esfuerzo y expectativas, algún profesor con el que no se establece feeling… Debes ir aprendiendo a resolver la frustración, para no caer en el desánimo. Nada ni nadie te puede apartar de avanzar poco a poco hacia tu objetivo final.
  • Alimenta tu curiosidad, sé insaciable en tu inquietud por aprender. Conforme vayas avanzando en tu formación, comprobarás que es mucho más lo que te queda por aprender que lo que sabes. Lee, hazte preguntas, consulta, pide opinión a tus profesores/as, pero también a los servidores de internet y a cuantas personas que puedan ayudarte a aumentar tu propia sabiduría.
  • Practica el trabajo cooperativo. Elige a unos compañeros/as que sean afines y cread un equipo de trabajo. Distribuid funciones, avanzad cada uno en el trabajo individual, compartid dudas, generad ideas, resolved tareas y ejercicios entre todos, poned en común los avances de cada uno… Estaréis multiplicando vuestro trabajo y acelerando vuestro aprendizaje. Nadie es tan listo como un equipo de trabajo. Un equipo genera una “inteligencia” colectiva, denominada técnicamente como “distribuida”. En el estudio se da lo mismo que en los deportes de equipo: nadie es tan bueno como todos juntos. Deberéis aseguraros de que todos y cada uno de los miembros del equipo aportáis, nadie vive como un parásito del trabajo de los compañeros. Trabajando en equipo, no solo avanzarás más rápido, sino que aprenderás a ser y trabajar en equipo, una competencia imprescindible en tu futuro laboral.
  • Ayuda a ese compañero/a que encuentra dificultades. Tener un buen ritmo de trabajo individual y apoyarse en el trabajo en equipo no excluye que estés dispuesto a ayudar a quien encuentra dificultades, ese que se esfuerza y necesita ayuda para aprender. Ayudar al compañero que encuentra dificultad en aprender es un ejercicio de solidaridad que también refuerza tu propio aprendizaje. Se aprende mucho más haciendo y contando que escuchando.
  • Aprender es un proceso permanente, a lo largo de la vida. Si tenías ganas de terminar de estudiar, ¡estás equivocado! Llegará un día en que terminarás tu formación reglada, dejarás de ir al Instituto o a la Universidad, pero deberás seguir formándote permanentemente y entonces seguro que serás el dueño de tu formación, el único que decidirá sobre ella. El saber en la mayoría de los ámbitos científicos y profesionales se renueva completamente en pocos años. Lo que puedas saber en un momento dado quedará obsoleto en un medio plazo.    
  • Concilia tu formación académica con tu desarrollo personal. Alimenta otras inquietudes además del estudio: hacer deporte, lectura, música… Cuida tus relaciones de amistad, organiza videollamadas con los amigos/as. Estudiar no debe suponer un sacrificio y renuncia de tipo personal. Es cuestión de organizarse bien, de organizar una buena agenda personal en la que el tiempo dedicado al estudio sea suficiente y se pueda atender y cultivar la amistad, aunque sea menos de lo que se desee o de forma racionada. Si te organizas bien, no deberás renunciar a nada. Es más, poder hacer todo lo que te gusta solo es posible desde el orden personal.

No tener clase no tiene por qué suponer dejar de trabajar y aprender, abandonarse, esperando que los profesores/as vuelvan a tomar y llevar la iniciativa. Te toca seguir, aunque sea trabajando en pijama. Esta larga cuarentena tiene que servir para que abras los ojos y tomes conciencia de que debes ser el más interesado y quien más invierta en tu formación. Lo has de hacer por ti, por muchísimas razones, sabiendo que los más preparados soportan y superan mejor cualquier tipo de crisis. Tu formación está en tus manos, tú decides qué haces con ella. Contarás con el estímulo de buenos profesores/as que te acompañarán, pero si no es así, ¡no te detengas, que nada te detenga! Valora y extrae tus propias conclusiones. Es un momento apasionante, posiblemente un punto de inflexión a nivel educativo. Ha tenido que llegar un miserable virus para agitar nuestros procedimientos habituales, uno de ellos cómo nos enfrentamos al aprendizaje y la formación.  


José Carrascosa

José Carrascosa

Pionero de la psicología del deporte en España, ha trabajado durante más de 25 años con deportistas, entrenadores y equipos profesionales de primer nivel, ha colaborado en logros deportivos de sus clientes (ascensos, títulos nacionales y europeos, marcas europeas y mundiales, medallas olímpicas). Ha ayudado a que haya cambiado la percepción sobre las emociones y el alto rendimiento, desde “echarle güevos” a “competir”, desde el desconocimiento a la toma de conciencia del papel de las emociones sobre el rendimiento y el bienestar. Se considera un “artesano” de la educación y desarrollo emocional

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