Un liderazgo que no es liderazgo

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El liderazgo que no es liderazgo

Asistimos a un fenómeno bastante extendido en nuestra sociedad actual que confunde liderar con imponer, atropellar o someter a personas buscando exclusivamente salirse con la suya. El liderazgo no es liderazgo cuando no utiliza el argumento como medio para llegar al convencimiento y no respeta a las personas. ¡Cuidado con esos líderes que pretenden someter! Hay personas aparentemente carismáticas, encantadoras de serpientes, que tienen una buena llegada a la gente, parecen cordiales, pero acaban generando temor y sometimiento. ¿Son líderes? Rotundamente, no.

¿Conoces a algún psicópata?

No confundamos liderazgo con psicopatía, convencer o influir de forma honesta con aprovecharse de un cierto carisma para imponer y someter sin una ética personal. A lo mejor ya se te ocurre que puedas conocer a algún “psicópata”. Son personas que alcanzan el éxito y hacen daño. Los hay en las empresas, en la política, en los hogares…

Hay psicópatas que nunca cometerán un crimen.

Robert Hare, psicólogo experto en psicología criminal, define a los psicópatas corporativos como serpientes con traje. Robert Hare (1998), caracterizando al psicópata lo describe como “…un depredador de su propia especie que emplea el encanto personal, la manipulación, la intimidación y la violencia para controlar a los demás y para satisfacer sus propias necesidades egoístas. Al faltarle la conciencia y los sentimientos que le relacionan con los demás, tiene la libertad de apropiarse de lo que desea y de hacer su voluntad sin reparar en los medios y sin sentir el menor atisbo de culpa o arrepentimiento”.

Son líderes con comportamientos manipulativos y altamente dañinos que dejan serias secuelas entre todos los miembros de las empresas. Podríamos diferenciar el psicópata “integrado” del psicópata “criminal”. Les diferencia la agresión física, pero comparten bastantes rasgos comunes. Los psicópatas “corporativos” o “integrados” son carismáticos, arriesgados y altamente resolutivos. Lejos de cometer actos violentos, aspiran a tener poder, ejercer el control, ser protagonistas, ser los que llegan a monopolizar el poder.

Hay empresas que reclutan a este perfil de “psicópata” para funciones ejecutivas o directivas. Pueden llegar a tener éxito en cuanto a la cuenta de resultados, pero no tienen un largo recorrido en una organización. Tienen dificultades para crear equipos de trabajo, practican una dirección muy personalista y crean una cultura interna de “terror” que se traduce en un aumento de bajas laborales. Aportan resultados, pero generan desafección hacia la empresa.

El psicópata “integrado” se sufre en la familia, especialmente su pareja. Tras una personalidad arrolladora, hay un interés permanente en salirse con la suya a través de modos y formas controladoras, manipuladoras, irrespetuosas y despóticas. Provocan el sometimiento y causan dolor.

También en la gestión política se cuela algún que otro personaje disfrazado de aparente líder que esconde actitudes próximas a la psicopatía.

Qué características identifican a una personalidad psicopática

Los rasgos más identificativos de un psicópata “integrado” o de “éxito” son los siguientes:

  • Pueden mostrarse cordiales, afables, carismáticos, con fácil llegada a las personas, bien socializado en cuanto a relaciones familiares, laborales, de fácil relación, aunque superficial.
  • Escasa empatía. Tras una aparente cordialidad esconden una ausencia total de empatía. No saben ponerse en la piel de los demás, son incapaces de pensar cómo puedan sentirse otros, pero tampoco lo intentan porque no les interesa, ni se lo plantean. Parecen distantes a nivel afectivo, con escasa emotividad. Se manejan de forma ineficaz en la gestión de las emociones.
  • Rigidez cognitiva o en la forma de pensar. Tienen una visión de la vida muy rígida, unas creencias y una forma de pensar muy determinada, poco permeable, nada abierta a matices diferentes. No tienen un sentido relativo de las opiniones, solo creen en su verdad, que la consideran absoluta.
  • Narcisismo. Viven pendientes y centrados en sí mismos. Son egoístas, ególatras, tienen una autoestima que no se ajusta a la percepción por parte de los demás. No son autocríticos.
  • Ausencia de ética personal. Son manipuladores, mentirosos, especialistas en manejar a los demás a través de medias verdades. No se rigen por un código ético. Son deshonestos, desleales, capaces de traicionar a cualquiera por lograr el poder. Se conducen desde la soberbia.
  • Se mueven por alcanzar el poder, es su único objetivo, acumular poder, tener éxito social, obtener reconocimiento, ser protagonista.
  • Dividen a las personas en dos bloques, “los que están conmigo” y “los que están contra mí”. Odian a quien ose discrepar o se atreva a llevar la contraria. Viven con una suspicacia permanente respecto a aquellos que son percibidos como “disidentes”, “los que están contra mí”.
  • Tensan los conflictos. En situaciones de conflicto no son conciliadores, no buscan acercar posturas, solo buscan ganar en el conflicto, salirse con la suya, atropellar al que ellos consideran enemigo.
  • Generan temor. Saben perfectamente que el miedo es una herramienta muy potente para manipular a las personas. Son temidos, no por su violencia física, sino por sus posibles decisiones, a veces crueles.
  • Resiliencia. Son corredores de fondo. Son perseverantes, no se desaniman, no renuncian fácilmente a sus objetivos, son duros a nivel emocional, saben sufrir y superar dificultades hasta lograr sus propósitos.

¿Qué diferencia al liderazgo de la psicopatía?

Algunos rasgos comunes pueden llevar a la confusión entre liderazgo y psicopatía emocional. No cabe confusión, no puede haber equivocación a la hora de identificar a un líder. La equivocación conlleva graves consecuencias. No es lo mismo un líder honesto que una personalidad carismática, sin escrúpulos.

Liderazgo y psicopatía son los extremos de un continuo que va desde la autoridad como reconocimiento o prestigio “autoridad moral”, hasta el extremo opuesto: la autoridad como poder, imposición, sometimiento y temor, autoridad como credibilidad personal y profesional frente a poder despótico, ausencia de autoridad moral. Hay personas que se acercan más al liderazgo y personas que están más próximas a la psicopatía. No son dos perfiles puros, sino que las características se presentan en mayor o en menor grado, más cerca o más lejos de ambos extremos, liderazgo frente a psicopatía.

LIDERAZGO

  • Carisma personal
  • Empatía, inteligencia emocional
  • Valores, ética personal
  • Objetivo: una visión de trascendencia colectiva
  • Honestidad, dice lo que piensa, hace lo que dice
  • Busca convencer
  • Pretende sumar seguidores desde el convencimiento
  • En los conflictos busca conciliar, buscar soluciones, llegar a un consenso
  • Intenta pacificar, recuperar equilibrio
  • Es un ejercicio de generosidad
  • Genera afección, vínculo, influencia
  • Crea equipos de gestión, trabaja en equipo
  • Es reflexivo y autocrítico
  • Delega el éxito y asume la responsabilidad ante el fracaso
  • Autoridad moral, credibilidad, confianza

PSICOPATÍA

  • Puede haber una buena sociabilidad, pero no hay carisma
  • Escasa empatía, dificultad para gestionar emociones
  • Ausencia de ética personal
  • Objetivo: alcanzar y acumular poder
  • Mentiras, dice lo que se espera escuchar y no siempre hace lo que dice
  • Trata de imponerse, ganar, someter
  • Divide a las personas en los míos y mis enemigos
  • En los conflictos trata de imponer su postura, tensa las situaciones, intenta dividir y enfrentar
  • Se desenvuelve bien en la tensión y hostilidad
  • Egoísmo
  • Genera desafección
  • Personaliza la gestión por protagonismo y desconfianza
  • Se apunta el éxito como propio y reparte responsabilidades ante el error o el fracaso

Un contexto social que favorece personalidades psicopáticas

Después de retratar al psicópata seguro que tenemos en nuestra mente la imagen de varias personas, entre los conocidos, en el trabajo, en la política… Vas viendo su proceder y no entiendes, hay algo que se te escapa: son inteligentes y resolutivos, pero también actúan con mucha torpeza emocional, peor que torpeza, te vienes haciendo muchas preguntas, ¿por qué?, ¿qué pretende?, ¿cómo no se da cuenta?, ¿cómo no es consciente?, ¿por qué los más allegados no le aconsejan mejor?

Todo encuentra más sentido cuando te preguntas ¿tendrá una personalidad psicopática? No hablamos de un trastorno de personalidad, mucho menos de una enfermedad mental. Una personalidad psicopática es un patrón que va asociado a rasgos de personalidad, es una forma de ser, un perfil personal, un patrón de comportamiento amoral… No es una persona con problemas mentales, pero hay que huir de ella porque con ella llegan los problemas.

La sociedad actual ejerce como caldo de cultivo para que aflore este perfil de personalidad. Varios son los factores que empujan a actitudes psicopáticas, unos padres sobreprotectores que educan hijos/as tiranos a nivel emocional, una sociedad que vincula éxito y poder, una cultura egocéntrica en la que imperan falsos “derechos individuales” por encima del bien común, una crisis de valores, ausencia de referentes morales… Estamos en una cultura mucho más del «yo» que del «nosotros».

¿Por qué coronavirus y psicopatía?

La pandemia ha llegado y nos ha retratado a todos. Ha identificado a aquellos que se han unido, han trabajado duro y de forma solidaria. Son muchas las personas y los colectivos profesionales y sociales que han encendido y alimentado un espíritu solidario que parecía un tanto apagado. La gran mayoría se ha identificado con la responsabilidad y la solidaridad, ayudando en silencio, de forma discreta y altruista.

Frente a la mayoría, el coronavirus ha desnudado a algunos, mostrando sus vergüenzas, como afán de protagonismo, soberbia, escasa sensibilidad o empatía, rigidez, ausencia de autocrítica, manipulación a través de medias verdades y mentiras, justificaciones retóricas, ineficacia, sectarismo, intereses particulares…

Por último, la pandemia ha puesto de manifiesto la ausencia de liderazgo y la escasez de líderes. La sociedad necesita de personas que den un paso al frente, se pongan delante, tiren del carro y hagan un ejercicio de honestidad, generosidad, solidaridad, responsabilidad y eficacia. ¡Se buscan líderes!

José Carrascosa

José Carrascosa

Pionero de la psicología del deporte en España, ha trabajado durante más de 25 años con deportistas, entrenadores y equipos profesionales de primer nivel, ha colaborado en logros deportivos de sus clientes (ascensos, títulos nacionales y europeos, marcas europeas y mundiales, medallas olímpicas). Ha ayudado a que haya cambiado la percepción sobre las emociones y el alto rendimiento, desde “echarle güevos” a “competir”, desde el desconocimiento a la toma de conciencia del papel de las emociones sobre el rendimiento y el bienestar. Se considera un “artesano” de la educación y desarrollo emocional

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