Perfil de «DOBLE ÉXITO»

José Carrascosa
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Perfil de «DOBLE ÉXITO»

Lograr el éxito profesional, mantenerlo de forma prolongada en el tiempo y consolidarlo no se entiende si no está cimentado en una dimensión personal sólida. El “profesional” necesita de la “persona”. El desarrollo personal, el equilibrio emocional o la energía vital se proyecta sobre cualquiera de las facetas de la vida de una persona, la actividad laboral o profesional, los afectos, la amistad…

Actualmente se buscan líderes que estén avalados tanto por un buen nivel de cualificación profesional como por la existencia de habilidades personales o competencias emocionales. Es necesario cuidar y potenciar el desarrollo personal, también para ser mejores profesionales. Ser persona es un recurso imprescindible en el bagaje de un buen profesional.

Pero… ¿cómo se puede armonizar desarrollo profesional y bienestar emocional?, ¿cuáles son las claves para ser un buen profesional sin desgaste personal?, ¿cómo alcanzar el “doble éxito”, desarrollo profesional y 

¿Cómo se puede armonizar desarrollo profesional y bienestar emocional?, ¿cuáles son las claves para ser un buen profesional sin desgaste personal?, ¿cómo alcanzar el “doble éxito”, desarrollo profesional y bienestar emocional?, ¿existe un perfil de entrenador y futbolista de “doble éxito”?

A la búsqueda del bienestar emocional

Muchas veces el entrenador, el profesional, se encuentra en una encrucijada, volcado en su profesión y consciente a la vez de las renuncias personales y familiares que está realizando, teniendo muy presente la factura que acompaña a su apuesta por el éxito profesional.

En una sociedad tan diversa donde conviven diferentes formas de ser, diferentes valores y creencias, diferentes ideologías, diferentes culturas, diferentes formas de amar, diferentes tipos de familia, diferentes intereses e inquietudes… no existen recetas claras para alcanzar la ansiada felicidad, mejor dicho, el bienestar emocional. Algunas personas descubren que, tras una vida dedicada a poseer y acumular todo aquello que ansiaban, les falta lo más importante, ¡disfrutar, sentirse bien, ser felices! Ni la riqueza material ni el éxito profesional aseguran el bienestar emocional.

Atendidas unas necesidades básicas, de seguridad y de aceptación social, quizás haya que buscar la felicidad en el interior de uno mismo, en cómo uno vive su propia vida, en cómo la valora y el interés que se despierta a sí mismo, en saber disfrutar de ella, en sentirse ilusionado y vivir de forma apasionada. Sentirse bien, estar bien, ser feliz… tiene mucho que ver con el bienestar o la calidad de vida emocional que se disfruta. Las circunstancias externas pueden favorecer o dificultar ese vivir y sentir la propia vida como una experiencia óptima, pero cómo son gestionadas por uno mismo es lo que determina realmente su calidad de vida emocional.

Dado que nada ni nadie puede garantizar el bienestar emocional, sino que más bien lo posee uno dentro de sí, en su interior, ¿qué ayuda a vivir y disfrutar de una vida plena?, ¿qué favorece el bienestar emocional?

Desarrollo personal y equilibrio emocional

El bienestar emocional tiene mucho que ver con encontrar diferentes fuentes de satisfacción personal, con disponer de multitud de ámbitos o facetas que enriquecen la dimensión personal. Cuando el bienestar emocional depende de múltiples inquietudes, parece ser más sólido y estable que cuando todos los esfuerzos se focalizan en una o dos inquietudes. El bienestar emocional es bastante vulnerable cuando se apoya en uno o dos ámbitos, de forma que, si surgen dificultades importantes en uno de ellos o en ambos, el sentido de la propia vida se resiente hasta quedar sin rumbo, a la deriva.

El desarrollo personal se asemeja a una rueda de bicicleta, en la que varios ejes bien equilibrados permiten rodar sin dificultad. Cuantos más ejes guarden un equilibrio mayor estabilidad dan a la rueda en su rodar por cualquier tipo de superficie, asfalto, montaña, pista… Cuantos más ámbitos dibujen el desarrollo personal, más fácil será encontrar equilibrio y bienestar emocional. Si se rompe un radio de la rueda, se puede seguir rodando sin dificultad, hasta llegar a casa y repararlo.

desarrollo personal rueda scLa persona debe cuidar que los diferentes ámbitos que conforman su vida (pareja, hijos, familia, trabajo, amigos/as, valores y creencias, ocio y tiempo libre…) estén atendidos y desarrollados. No todos requieren la misma dedicación, pero sí que todos exigen estar atendidos y cuidados. Cada uno de ellos se convierte en una fuente de satisfacción, energía o bienestar emocional.

El dibujo de la rueda también podría interpretarse como una carpa, vista desde arriba, que está sujetada al suelo por muchos puntos de anclaje. ¿Qué pasaría si fallase uno de los anclajes? La carpa seguiría igualmente en pie, sin resentirse apenas, lo que daría opción a repararlo sin más. En cambio, si el sentido de la propia vida se apoya casi exclusivamente en el desarrollo profesional, será muy difícil llevar las dificultades y los conflictos surgidos en este ámbito, llegando a tambalease la propia vida desde el punto de vista emocional.

¿Qué sucedería si se forzase a rodar una rueda de pocos ejes y desequilibrados? Imposible que rodase, incluso correría el riesgo de romperse el eje más largo. Es una torpeza que se comete con mucha frecuencia hacer que la vida se sostenga sobre unos pocos ejes de los que el equilibrio emocional depende “desesperadamente”. Esta torpeza es mayor en el género masculino ya que suele confundir el bienestar personal con el éxito profesional. Este equívoco ya no se acepta ni para justificar a los presuntos buenos profesionales. La eficacia profesional va asociada claramente al desarrollo personal y al equilibrio emocional.

El “profesional” necesita de la “persona”

Son tantos los frentes abiertos para el entrenador y el futbolista en torno al desempeño de su rol que no basta con tener talento o estar preparado técnicamente. Necesitan disponer de recursos personales que les ayuden a ser un entrenador o un futbolista competentes.

Trabajar en equipo, mantener una relación de convivencia con los compañeros y cuerpo técnico, ser práctico ante los conflictos, entender y respetar las diferencias dentro de un vestuario, tolerar la propia frustración cuando las cosas no salen como uno espera, entender las emociones ajenas, regular las propias emociones, controlar la ansiedad y el estrés, parar el enfado, apoyar al compañero, disfrutar desde el esfuerzo máximo ante la exigencia o la dificultad, evitar el desánimo, respetar las críticas de los aficionados, convivir con las opiniones vertidas en los medios de comunicación… y tantas otras situaciones exigen de competencias emocionales que ayuden a sobrevivir muchos años como profesional, sin mucho desgaste personal.

No solo es necesario dada la competencia existente en el mercado de trabajo, lo es mucho más atendiendo al bienestar personal o al lícito derecho y deber que cualquier persona tiene de aspirar a alcanzar una óptima calidad de vida emocional.

Más de un futbolista, entrenador, empresario, ejecutivo o profesional de éxito, me han confesado su frustración por no haber podido disfrutar plenamente de esos momentos en que vivieron una situación profesional de auténtico privilegio. ¿Alcanzaron el éxito sin llegar a disfrutar?, ¿hasta dónde hubieran llegado a nivel profesional y personal si hubieran disfrutado plenamente?

Definitivamente, desarrollo profesional y bienestar personal hemos de hacer que se cojan de la mano y caminen juntos. El disfrute es una vía hacia el éxito, pero el éxito sin disfrute es en cierta medida un fracaso personal, interior.

Perfil de “DOBLE ÉXITO”

Se puede identificar claramente a los entrenadores y a los futbolistas en dos categorías, los que sufren y los que disfrutan su profesión. Son mucho más los que la sufren, lo transmiten en su rostro. Ese sufrimiento profesional contamina a otros ámbitos de su vida. Es un sufrimiento en silencio. Las emociones son contagiosas, el sufrimiento genera contextos de estrés y bajo rendimiento. Lo confunden con ser profesionales o profesionalidad. Son equívocos que no se justifican desde la psicología.

Llegado a este punto quiero trasladar al lector un perfil del profesional que yo llamo de “doble éxito”, es decir señalar las características que identifican al entrenador y al futbolista que es efectivo en el desempeño de su rol profesional y con un óptimo nivel de bienestar emocional, una alta calidad de vida emocional. De ahí lo de “doble éxito”, un perfil que garantiza competencias emocionales suficientes para alcanzar el éxito como profesional y la felicidad a nivel personal. “Doble éxito” no supone triunfar o superar a los demás por partida doble, “doble éxito” es ganarse a sí mismo para acercarse a la excelencia emocional como motor del desarrollo profesional y del bienestar emocional.

A partir del modelo de Ellis, A. de una “persona saludable” desde el punto de vista emocional, me parece que puede resultar muy clarificador exponer las características que dibujan el perfil de entrenador y futbolista preparados para tener un buen desarrollo profesional y una buena calidad de vida emocional.

Perfil del ENTRENADOR de “doble éxito”

Son aún muchos los entrenadores que solo son felices si su equipo gana, si les acompañan los buenos resultados. Para ellos esto es el éxito. Es una visión materialista y un poco miope del éxito. Lo que sugiero en el presente artículo es precisamente lo contrario, trabajando bien y sintiéndose realizado a nivel personal es más probable que lleguen los buenos resultados.

Las características que identifican a un entrenador-persona, en el amplio sentido de ambas palabras, y que dibujan un perfil de desarrollo profesional y de satisfacción personal, “doble éxito”, son las siguientes:

  • Consideración de experto. Los jugadores consideran a su entrenador como un profesional que domina en profundidad el ámbito en que trabaja, independientemente de su nivel de formación y competencia profesional. Tiene buena pedagogía para trasladar al equipo su forma de ver el juego.
  • Motivación hacia el esfuerzo y el trabajo bien hecho. No solo alimenta su propia motivación, sino que es capaz de ilusionar y de movilizar a sus jugadores en la dirección de objetivos comunes.
  • Protagonismo para el equipo. Sabe que es el líder natural del equipo, pero no se siente el actor principal. Cede todo el protagonismo al equipo. Sabe que el auténtico protagonista es el equipo. Nadie es mejor que todos juntos.
  • Alinear los egos individuales con los objetivos colectivos. Logra hacer entender a sus jugadores que el equipo ayuda a satisfacer las metas personales, que el éxito del equipo será el éxito de cada uno de los miembros del equipo.
  • Distribuir roles de forma clara. Cada miembro del equipo sabe su rol, el papel que cumple. Cada uno tiene un rol diferente, pero todos son necesarios e importantes en el éxito del equipo. No genera ambigüedad o confusión en los roles de cada miembro del equipo. Logra que el jugador comprenda y acepte el rol asignado, aunque luego trabaje para mejorarlo o cambiarlo. 
  • Traducir problemas en retos. Intenta ganar al problema, afrontándolo y superándolo. No suele rendirse. Convierte los problemas en retos o metas, por lo que más que desanimarle, le estimulan a la superación personal.
  • Distinguir lo prioritario de lo accesorio. No pierde la perspectiva de lo importante, no deja que los pequeños asuntos de cada día le distraigan respecto a lo prioritario. Tiene muy presente el principio de Pareto, que el 20 % de los problemas incide sobre el 80 % del rendimiento y que el 80 % de los problemas suele afectar solo al 20% del rendimiento.
  • Justicia en las decisiones. Se apoya en criterios de eficacia, equidad, justicia y eficacia para tomar sus decisiones. No es arbitrario. Sus decisiones siempre las somete al interés colectivo, del equipo.
  • Generosidad. Pone al servicio de sus jugadores y colaboradores todo su esfuerzo y trabajo. Sabe que el éxito de ellos será su propio éxito.
  • Mensajes claros, concretos, concisos. Habla claro. En la comunicación con sus colaboradores y futbolistas es claro y directo. Suele decir lo que piensa y hace lo que dice. Pero lo hace cuidando ser respetuoso en el trato personal, sin herir el amor propio.
  • Escucha activa. Sabe escuchar. Le interesa conocer la opinión, cómo piensan y sienten sus futbolistas. Le gusta disponer de mucha información que le ayude a comprender mejor el comportamiento de sus jugadores. Trata de ser empático, de ponerse en la piel del jugador, para entenderlo mejor y ser más eficaz en la relación con él.
  • Afabilidad. Irradia cordialidad a su alrededor. Se muestra afable y ayuda a crear climas afables, sin renunciar a mostrar un elevado nivel de exigencia y tener su propio criterio, así como expresarlo de forma asertiva, desde el respeto.
  • Orientación hacia la enseñanza y el aprendizaje. Considera que entrenar es un proceso de enseñanza-aprendizaje. Persigue hacer mejores a sus jugadores y al equipo. Cuida la pedagogía del entrenamiento porque da más importancia a la transmisión de sus conocimientos, saber enseñar que a su propio saber.
  • Crear desafíos diarios. Cualquier entrenamiento y partido se convierten en un desafío. Sabe que cualquier partido es un desafío, un objetivo más o menos difícil pero asequible. Convierte lo difícil en fácil y a lo aparentemente fácil le introduce dificultad. Sabe que cualquier partido se gana trabajando más y mejor que el rival.
  • Orientación a ganar más que a no perder. Es ambicioso, le gusta ir a por lo que quiere, sin dudar. Es atrevido y arriesgado. No es conservador. Su filosofía no es la de no equivocarse, sino la de hacerlo bien y disfrutar. Se mueve por ganar más que por no perder.
  • Motivaciones que van más allá de ganar. Cualquiera quiere ganar, entonces ganar se convierte en una motivación mediocre. Persigue motivaciones más “valiosas” que ganar partidos o ganar dinero, motivaciones que tienen que ver con encontrar satisfacción personal y trasladar felicidad a los demás.
  • Moverse por nuevos y sucesivos retos. Un reto sucede a otro. Siempre tiene un reto entre ceja y ceja. En cuanto logra uno se plantea otro nuevo, de forma que siempre está alimentando su propia motivación.
  • Trasmitir confianza y seguridad. Busca que sus jugadores se sientan capaces y competentes como profesionales y como personas porque sabe que de lo contrario no van a liberar todo su talento, no van a expresar su mejor trabajo.
  • Delegar en los colaboradores. Hace participativos a sus colaboradores y también a los capitanes. Confía mucho en su ayuda. Sabe que los necesita para liderar el equipo.
  • Estimular el liderazgo colectivo. No cree saberlo todo y busca compartir con quien quiera ayudarle la tarea de llevar al equipo lo más lejos posible. Sabe que su energía es limitada y que necesita un caudal de energía mayor, la que le ofrecen las diferentes personas que se suman a su visión o proyecto.
  • Humildad. Siempre valora y respeta a otros colegas, a sus jugadores, a los rivales, a los profesionales de los medios de comunicación… Es consciente que si no respeta, no será respetado.
  • Honestidad. En su comportamiento se conduce desde una ética personal que no está dispuesto a traicionar nunca.
  • Actitud positiva. Es realista con todas las consecuencias; valora y disfruta de los logros conseguidos y siempre busca superar las situaciones de dificultad.
  • Eficacia / inteligencia. Dispone de un sentido práctico que le lleva tomar decisiones inteligentes y eficaces. No suele generar conflictos ni polémicas, más bien es resolutivo. Siempre está dispuesto a mediar para favorecer la solución de un conflicto. Sabe convivir con un mundo imperfecto.
  • Gestión eficaz éxito y fracaso. Para él no existen éxito ni fracaso, solo la referencia a la calidad del trabajo realizado. Valora el éxito simplemente como un trabajo bien hecho, mientras que el fracaso es un trabajo que debe ser mejorado.
  • Relativizar los puntos de vista. No se cree en poder de la verdad, ni siquiera pretende tener o que le den la razón. Sabe que existen diferentes puntos de vista, trata de entender y respetar otros puntos de vista, a la vez que exponer el suyo.
  • Disfrute intrínseco a la dificultad y la exigencia. En los momentos de máxima exigencia y dificultad invita a sus jugadores a sentir el disfrute inherente al esfuerzo, el trabajo bien hecho y la superación del rival.
  • El valor de la superación personal. Se mueve guiado por el afán de superar sus propias limitaciones, mejorar o formarse permanentemente, superar las dificultades, crecer en la dimensión personal, avanzar hacia la excelencia profesional y personal. A la vez se mueve por una actitud de ayuda, de hacer mejores a sus jugadores y su equipo.
  • Exigencia para con el equipo y sus jugadores, autoexigencia para consigo mismo. La exigencia es un valor con el que se identifica. Se exige él y traslada exigencia a sus compañeros, desde una actitud de complicidad mutua. Exigencia máxima, pero sabiendo hacerlo.
  • Variedad de inquietudes. Posee inquietudes personales más allá de las profesionales. Es una persona rica en cuanto a facetas que van más allá de la dimensión profesional. Sabe alejarse del fútbol y disfrutar de otro tipo de inquietudes que le ayudan a sentirse más realizado como persona y le ofrecen la energía necesaria para el mejor desempeño de su profesión.
  • Cuidar el círculo de amistades. Cuida la amistad fuera de la profesión, mantiene a los amigos de siempre. Cuida y mantiene círculos de amistad que no tienen ninguna relación con su ejercicio profesional. Es valorado y querido a nivel personal independientemente de su rol profesional.
  • Relaciones afectivas estables. Sus necesidades afectivas, de pareja y familiares, se encuentran satisfechas. Existen vínculos afectivos estables que le refuerzan su equilibrio emocional. Son relaciones afectivas que vive de forma positiva, que las valora y las disfruta.
  • Autonomía emocional. Sus estados de ánimo suelen estar por encima de las circunstancias personales que le toca vivir. No suele verse zarandeado a nivel emocional por ellas. Mantiene el equilibrio emocional desde una actitud positiva, desde la afabilidad y desde el sentido del humor, está por encima de las circunstancias.
  • Autoconfianza y autoestima. Despierta cierto interés ante sí mismo como profesional y como persona. Es consciente de que domina su trabajo y es capaz de desarrollarlo con eficacia al nivel en el que está trabajando o compitiendo; también sabe que él merece mucho la pena como persona.
  • Autoliderazgo. Dirige o lleva el control de su propia vida. Toma sus decisiones, actúa con criterio, no se deja llevar, suele tomar postura, intenta dar sentido a lo que hace, a su propia vida. Trata de construir su futuro organizando y planificando el presente. Es dueño de sí mismo y gobierna su propia vida. 

Perfil del FUTBOLISTA de “doble éxito” 

Muchos creen en el tópico de que el futbolista es feliz si juega, si cuenta con la confianza del entrenador y si el equipo gana. No es así, no es cierto. Cuando el futbolista vive su profesión de forma saludable y se siente satisfecho a nivel personal, es más probable que encuentre éxito en el ejercicio de su profesión.

Las características que identifican al futbolista de “doble éxito”, competitivo en lo profesional y satisfecho en lo personal, con una excelente calidad de vida emocional, son las siguientes:

  • Concentración. Sabe sumergirse en la tarea, vivirla con los cinco sentidos, estar muy concentrado durante largo tiempo hasta tal punto que las decisiones surgen de forma natural o fluyen. Nada le saca de la tarea, nada le distrae, ni siquiera su propio pensamiento. Consigue tal nivel de concentración que logra olvidarse hasta de sí mismo, simplemente es lo que hace. Consigue jugar de forma concentrada e inteligente.
  • Activación. Sabe regular su activación nerviosa. Se conoce bien en su forma de ser y conoce bien su trabajo de entrenamientos y partidos. Sabe que entrenar y competir exige un nivel de activación nerviosa que ayuda en la concentración, garantiza la energía necesaria para hacer el mejor trabajo posible. Sabe observar su activación y regularla, sabe preparase para el entrenamiento y el partido, sabe encontrar el ajuste de tensión, la activación óptima para hacer el mejor trabajo posible.
  • Resiliencia. Convierte las dificultades en desafíos o retos. La dificultad no puede con él, la afronta con actitud de superación. Sabe que la dificultad es una oportunidad de aprendizaje y mejora, de desarrollo de las propias competencias. No llegan los mejores, llegan aquellos que mejor superan las dificultades. 
  • Gestión eficaz de las emociones negativas. Sabe lo que es sentirse frustrado y entiende el enfado, desánimo, inseguridad que puede generar. Pero gestiona bien este tipo de emociones, las reconduce y utiliza como estímulo para trabajar más y mejor, para crecer a nivel emocional y personal. Nunca les da rienda suelta de forma que no se vuelven contra él.
  • Aprendizaje permanente. Es insaciable en su afán de aprender, mejorar, evolucionar o ser mejor deportista y persona. Asiste a los entrenamientos con una mente abierta, donde su curiosidad le hace observar y aprender permanentemente. 
  • Cultura del esfuerzo. Se mueve por una cultura del esfuerzo. No entiende entrenar y competir sin darlo todo a nivel de esfuerzo. Sabe que cuando surge la fatiga comienza realmente el entrenamiento o mejora, sabe de la necesidad de acostumbrarse a trabajar en fatiga porque los partidos lo exigen. Ha conseguido vincular esfuerzo y disfrute, dejando de ser sufrimiento.
  • Vivir el duelo con el rival. Admite la competencia con el rival desde la actitud de superarle trabajando más y mejor. El rival evalúa o examina el propio nivel de competencia, es un cómplice en el proceso de aprendizaje permanente.
  • Generosidad / talento solidario. Sabe que el talento cobra sentido al servicio del equipo. Es inteligente para alinear sus intereses con los objetivos del equipo. Sabe que el éxito del equipo será su propio éxito. Nadie es tan bueno como todos juntos.
  • Complicidad con los compañeros. Sabe que necesita a los compañeros. Busca algo más que compañerismo, trata de encontrar complicidad con sus compañeros, tanto en el vestuario como sobre el terreno de juego.
  • Afabilidad. Genera un clima cordial, favorece la convivencia. Ayuda a los compañeros. Trasmite un clima de respeto y empatía que ayuda a la comunicación. Sabe escuchar.
  • Humildad. Nunca pierde la referencia de quién es, de su procedencia, del camino recorrido y de las dificultades superadas. Mantiene los pies en el suelo. Es respetuoso con compañeros y rivales. El éxito lo gestiona con naturalidad, no le relaja ni cae en actitudes prepotentes.
  • Ambición. Se mueve por nuevos y sucesivos retos. Le guía la ambición por mejorar, ser mejor, acercarse a la excelencia deportiva y personal. Este tipo de ambición le lleva a querer trabajar más y mejor que los demás. Sabe que de esta forma es como puede subir su nivel y marcar diferencias.
  • Autoexigencia. Persigue la excelencia en cada entrenamiento y partido. Sabe que entrenamiento o partido que deja pasar ya no vuelve, es una oportunidad desperdiciada. Cualquier entrenamiento y partido es un desafío en el que compite consigo mismo por hacer su mejor trabajo.
  • Gestión eficaz de éxito y fracaso. Siempre se orienta a la tarea o trabajo. Lo que los demás llaman éxito lo entiende como un trabajo bien hecho y fracaso como un trabajo a mejorar. Es equilibrado tanto en dinámicas de rendimiento positivo como de resultados negativos. Su autoconfianza es estable, no depende del rendimiento.
  • Actitud positiva. Es objetivo, realista… Suele valorar y disfrutar de los logros conseguidos, mientras que se moviliza para superar las dificultades. Convierte los problemas en retos, en oportunidades de aprender y desarrollar las propias competencias. Siempre mira adelante y piensa en soluciones.
  • Eficacia / inteligencia. Es práctico o eficaz en las tomas de decisión. Su realismo le lleva a anticipar las dificultades y prepararse para superarlas. Es conciliador en los conflictos y está dispuesto a mediar para favorecer su solución.
  • Relativizar puntos de vista. Entiende la relatividad de opiniones y culturas. Sabe que cada uno es diferente y piensa de forma diferente por factores como la cultura, la educación, los valores, la experiencia, los contextos en los que ha crecido… Cada uno explica o interpreta situaciones similares de forma diferente. Lo que es cierto para uno no tiene por qué verse así por otras personas. Le resulta fácil la convivencia con compañeros que son “diferentes”.
  • Autonomía emocional. Su estado de ánimo, confianza e ilusión suelen estar por encima de sus circunstancias que va viviendo. Gestiona con eficacia los conflictos. Es resolutivo. Mantiene el equilibrio emocional desde una actitud positiva.
  • Inquietudes personales más allá del rol profesional. Le interesan cuestiones que van más allá de lo profesional. Tiene una agenda personal variada que cuida diferentes inquietudes. No todo es trabajo en su vida. Sabe alejarse del fútbol cada día, lo que le lleva a convivir con la elevada exigencia profesional.
  • Círculo de amistades fuera de la profesión. Mantiene los amigos de toda la vida. Se relaciona con personas de fuera del ámbito profesional. Es una persona activa en la atención y cuidado de las amistades.
  • Relaciones afectivas estables. Sus necesidades afectivas, de pareja y familiares, se encuentran bien atendidas. Existen vínculos afectivos estables que refuerzan su equilibrio emocional. Son relaciones afectivas que vive de forma positiva, que las valora y las disfruta.
  • Autoconfianza y autoestima. Se conoce bien como deportista y como persona. Despierta cierto interés ante sí mismo como profesional y como persona. Esa buena opinión que tiene de sí mismo no está reñida con su inquietud por aprender y mejorar.
  • Autoliderazgo. Dirige o lleva el control de su propia vida. Es proactivo, toma iniciativas, no espera acontecimientos, se moviliza para precipitar aquello que quiere que suceda. Construye su propia vida. Posee hábitos de vida saludables. Tiene autodisciplina personal.

Es difícil que la esfera del “doble éxito” gire, gire y siga girando por mucho tiempo si le falta la mitad de la esfera. ¡Imposible!

Cuando la dimensión personal no es sólida, el éxito profesional es temporal, incluso efímero, resulta muy raro que perdure en el tiempo si no se sostiene sobre el bienestar emocional.

 

El deportista, el profesional, necesita de la “persona”. El éxito profesional no se entiende sin un buen bagaje de recursos personales, sin bienestar emocional. Éxito profesional puntual o efímero no se puede considerar éxito.

 

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José Carrascosa

José Carrascosa

Pionero de la psicología del deporte en España, ha trabajado durante más de 25 años con deportistas, entrenadores y equipos profesionales de primer nivel, ha colaborado en logros deportivos de sus clientes (ascensos, títulos nacionales y europeos, marcas europeas y mundiales, medallas olímpicas). Ha ayudado a que haya cambiado la percepción sobre las emociones y el alto rendimiento, desde “echarle güevos” a “competir”, desde el desconocimiento a la toma de conciencia del papel de las emociones sobre el rendimiento y el bienestar. Se considera un “artesano” de la educación y desarrollo emocional