Pensamiento positivo: ¿qué es? ¿qué no es?

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“Ser positivo” es una expresión desgastada, desprestigiada, que ha ido perdiendo su auténtico sentido hasta convertirse en una simpleza de tipo emocional. “Toca ser positivo” es un recurso de quien se siente superado por una situación y trata de disimularlo o de quien pretende dar lecciones de «cultureta emocional» sin dominar de lo que habla. “Ser positivo”, “ver el lado positivo”, “ver el vaso medio lleno” son expresiones retóricas y huecas, sin contenido. Vamos a intentar aclarar qué se entiende por pensamiento positivo desde la psicología científica.

El cerebro es un sistema que procesa información, “no es lo que es, sino lo que nos parece que es”

La información entra en el cerebro desde los órganos de los sentidos. Son «inputs» que entran en relación con la información almacenada en la memoria de experiencias anteriores y se codifica o se interpreta a partir de esa experiencia previa. Los ojos miran, el cerebro ve; el oído oye, el cerebro escucha… La información nueva es vivida primeramente a nivel emocional (sistema límbico) como atractiva o como amenaza; a partir de ahí, la corteza cerebral razona sobre la emoción vivida, relaciona dicha emoción con experiencias anteriores e interpreta la situación percibida desde la carga emocional. Así pues, las situaciones no son como son, sino como cada uno las percibe, las interpreta, se las toma o las vive…

Estilos cognitivos o maneras de pensar

Podemos hablar de la conducta pensante, de qué hacemos cuando pensamos o de nuestra manera de pensar o tomarnos las cosas, como dónde solemos poner nuestra atención, cómo explicamos lo que nos sucede, qué nos suele preocupar, cuáles son nuestros miedos habituales… Igual que en la conducta motora podemos identificar hábitos o costumbres, también la conducta pensante repite acciones que dibujan hábitos o estilos cognitivos, una manera de tomarse las cosas. Hay personas detallistas, otras poco atentas o distraídas; unas reflexivas y otras impulsivas, optimistas y pesimistas, preocupadas, con sentido del humor, temerosas, demasiado responsables, irónicas… Todas ellas responden a estilos diferentes de procesar lo que les sucede, a diferentes estilos cognitivos o manera de pensar.

Sentimos como pensamos, pensamos como sentimos

Los pensamientos activan emociones concordantes. Dime en lo que piensas y te diré cómo te sientes. Se explica a nivel neurofisiológico: el diálogo interno o pensamiento activa a través del sistema reticular el sistema nervioso autónomo y el sistema endocrino dando forma a las emociones. Se produce una traducción mente-cuerpo, lo que piensas mueve cambios bioquímicos dando forma a las emociones. Una persona reflexiva, detallista, muy responsable, perfeccionista, que anticipa posibles dificultades, enfocada habitualmente a los asuntos que le preocupan, vive con ansiedad cognitiva, sufre, padece, no disfruta, no tiene paz interior, ríe muy poco. Lo que pensamos tiene una traducción emocional.

Las emociones también activan el diálogo interno. Percibimos una situación como amenazante, sentimos riesgo y activamos la preocupación, anticipamos el peligro, generamos mecanismos de solución y también de escape. Si nos sentimos atraídos, ponemos en marcha un diálogo interno que nos autoconvence para acercarnos, curiosear, acercarse a la situación.

 

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Pensamiento eficaz, ser práctico, frente a pensamiento ineficaz o ser poco práctico

Las personas nos movemos por metas u objetivos. El deportista persigue el rendimiento; el trabajador, ser productivo: todas las personas persiguen el bienestar emocional. Ser eficaz o práctico se traduce en ayudarse a lograr los propios objetivos. Cuando se escapan las ilusiones, se acaba renunciando a ellas, posiblemente sea por torpeza emocional, por ponérselo difícil uno mismo, por acabar siendo uno mismo su mayor enemigo.

Nuestra cabeza debería ser nuestra mejor amiga, quien nos transmita paciencia, confianza, renueve nuestra ilusión, nos de pistas sobre cómo afrontar y resolver las situaciones, nos acerque a las soluciones… Nuestra cabeza nos ha de poner los pies en el suelo, nos lo ha de poner fácil y nos tiene que llevar de la mano hasta lograr nuestros objetivos. No es lo habitual, pero en demasiadas ocasiones nuestra cabeza nos mete palos en las ruedas.

Nuestras preocupaciones, exceso de responsabilidad, temores, suspicacias, perfeccionismos, distracciones, enfados, desánimos, impaciencia, prisas… nos apartan del camino hacia nuestros objetivos, llegando a renunciar a nuestras ilusiones, desafíos o sueños. No es posible que uno mismo se convierta en su mayor enemigo, siendo su mayor fuente de malestar y el mayor responsable de su frustración.

Al pensamiento que incrementa la eficacia personal y potencia el bienestar emocional se le identifica como pensamiento positivo. En cambio, el pensamiento que es fuente de malestar y aparta de las soluciones u objetivos le identificamos como pensamiento ineficaz, perturbador o negativo.

Observar, identificar y conocer el propio estilo cognitivo

Los pensamientos no son algo oculto e inaccesible. Se sabe bastante bien qué sucede cuando pensamos, qué hace cualquier persona cuando piensa sobre cualquier asunto. Hay que hablar de la conducta pensante, de qué se hace cuando se piensa. La conducta pensante no es observable pero sí es manifiesta. No podemos observar qué está pensando otra persona si no lo expresa, pero uno mismo sí es consciente sobre qué está rumiando su pensamiento y qué emociones le está generando.

Cuando pensamos, básicamente realizamos tres acciones cognitivas, casi de forma simultánea:

  • Ponemos el FOCO ATENCIONAL sobre el asunto que comenzamos a pensar. Cuánto tiempo ponemos el foco atencional en un asunto, sobre qué tipo de asuntos focalizamos más nuestra atención… es algo que ayuda a ser eficaz o lo puede poner difícil. El foco atencional puede estar bajo control ayudando a ganar eficacia.
  • PERCIBIMOS el asunto a nuestro modo, desde nuestra perspectiva o enfoque, desde nuestra experiencia, valores, expectativas, nuestra carga emocional. De tal forma influyen nuestras experiencias previas que no percibimos lo que es, sino lo que nos parece; no vemos la realidad, sino lo que nos parece. Distorsionamos los hechos a partir de nuestra carga emocional. No es lo mismo observar los hechos que dar rienda suelta a impresiones, suposiciones, opiniones, juicios de valor… No es lo mismo observar que interpretar o juzgar, siendo lo primero mucho más eficaz que lo segundo. Percibir una situación desde los hechos o dar rienda suelta a interpretaciones, creencias, suposiciones… también puede estar bajo control.
  • NOS HABLAMOS (autodiálogos) en función de cómo percibimos dicho asunto y de nuestro estilo cognitivo. El pensamiento es un habla interiorizada, un diálogo interno, un autodiálogo. El habla o conversación con otra persona y el pensamiento tienen en común que son lenguaje, son habla. La diferencia estriba en que en la conversación se suele ser lógico y propositivo, mientras que el diálogo interno es emocional o irracional, sin intención alguna. En el habla con otra persona se es prudente, hay una actitud de control, de no decir tonterías. En el diálogo interno uno se puede decir auténticas barbaridades, cosas inconfesables, guiadas exclusivamente por las emociones, sin control, sin pasar el filtro de la lógica de los hechos. ¿Es posible poner orden, introducir lógica, tener cierto control sobre el diálogo interno? ¡Claro!

Existen dos tipos de diálogo interno: uno eficaz o positivo, y el otro perturbador o negativo. Los criterios para identificar el tipo de diálogo interno son: 1) qué tipo de emociones genera, si son positivas (ilusión, ganas, atrevimiento, confianza, paciencia…) o negativas (angustia, ansiedad, estrés, enfado, desánimo, odio…); 2) si ayuda (eficacia) o generan problemas (ineficacia); y 3) si están avalados por los hechos o la realidad (positivos), o si responden a mecanismos distorsionadores de la realidad y de autoengaño (negativos).

Observe cómo es su estilo cognitivo, cómo suele pensar, qué asuntos suelen secuestrar su atención, cómo percibe o interpreta, qué rumia habitualmente en su cabeza y qué consecuencias tiene hacerlo… Si le resulta fácil gestionar situaciones, tomar decisiones y le acompañan emociones como ilusión, confianza, atrevimiento… su pensamiento posiblemente es eficaz. Si suele entrar en confusión, se congestiona, siente ansiedad, agobio, desánimo, si le lleva a huir o escapar de la situación… su pensamiento seguramente es ineficaz, poco práctico consigo mismo.

Cómo ser eficaz en la conducta pensante o estilo cognitivo

Atendiendo a la conducta pensante, a qué hacemos cuando pensamos, sugiero las siguientes orientaciones para ganar eficacia en el propio estilo cognitivo:

  • Poner el FOCO ATENCIONAL el tiempo justo y necesario para planificar, tomar decisiones y actuar. Ser práctico es poner la energía justa para resolver una situación sin más desgaste del necesario. No hay que preocuparse, sino ocuparse.
  • Observar los hechos, objetivar, ver lo que ha sucedido, no lo que parece que ha sucedido, identificar los hechos sin juzgar, ni interpretar, sospechar, intuir, temer… Cuando uno hace un mapa de los hechos, la situación aparece clara y las soluciones apuntan como obvias o lógicas.
  • Hablarse o construir un diálogo interno que retrate los hechos, identifique la situación, ayude en el análisis y búsqueda de soluciones, transmita paciencia, dé confianza, retroalimente la ilusión, vaya ofreciendo pistas sobre cómo resolver una situación, acerque a las soluciones, valore los avances, logros, mejoras…

¿Qué acciones cognitivas resultan ineficaces o perturbadoras?

Atendiendo a las acciones enunciadas respecto a que hacemos cuando pensamos, se pueden identificar aquellas que claramente son ineficaces y perturbadoras.

  • Rumiar un asunto, poner el foco atencional demasiado tiempo, todo el tiempo, en una situación sin inquietud de resolverla, darle vueltas, llevarlo en la cabeza sin desconectar… Resulta agotador, genera confusión, hace que la situación parezca más difícil, supone un esfuerzo mental y emocional inútil si no pasa por el plano de la acción, genera mucho malestar… Es como entrar en una rotonda y verse atrapado por ella dándole vueltas sin moverse del sitio, sin andar en dirección alguna, consumiendo gasolina tontamente, llegando a perder la paciencia, y generando problemas añadidos porque se le espera y no llega. ¡Sería absurdo!
  • Dar rienda suelta a la carga emocional, ir más allá de lo sucedido, intuir, sospechar, juzgar, anticipar, personalizar, de forma que uno mismo distorsiona la realidad, no viendo lo sucedido, sino percibiendo lo que a uno le parece. Generar una ficción o película que solo es cierta para la inventa y de la que se acaba siendo víctima. Por ejemplo, una discrepancia se puede llegar a vivir como un problema personal, lo que no es cierto ni ha sucedido. Solo es la cosecha de dar rienda suelta a la carga emocional, ir más allá de lo sucedido y especular.
  • Hablarse desde una lógica irracional, no avalada por hechos objetivos y sin intención de encontrar y aplicar soluciones.

¿Qué es pensamiento positivo?

Tras lo expuesto hasta aquí se puede definir el pensamiento positivo atendiendo a las siguientes características:

  • Es realista. Identifica los hechos, retrata la realidad objetiva, expone el mapa de lo sucedido.
  • Valora los logros. Cuando la realidad apunta a una situación buena, gratificante, retrata logros, avances o mejoras… se felicita por ello, se atribuye el mérito que le corresponde y se anima a seguir por el mismo camino y en la misma dirección.
  • Persigue superar la dificultad. Si la realidad identifica dificultades y conflictos se moviliza exclusivamente hacia la superación, el aprendizaje, la búsqueda de soluciones.
  • Genera optimismo. Las personas realistas planifican metas cortas y a medio plazo, anticipan las dificultades que pueden surgir, se preparan para superarlas, suelen alcanzar sus objetivos, construyen una buena autoestima, son optimistas… Las personas utópicas se plantean grandes metas y a largo plazo lo que lleva a abandonar cuando surgen dificultades. Las personas pesimistas no se plantean metas para no verse defraudados y viven al día, son reactivos, esperan lo que la vida les depare, no son proactivos ni emprendedores. Las personas utópicas y pesimistas coinciden en que suelen vivir defraudados, decepcionados, frustrados; las personas realistas son positivas y optimistas.
  • Incrementa la eficacia. El pensamiento positivo es eficaz, facilita el logro de los objetivos, potencia la autoconfianza, eleva la autoestima y genera bienestar emocional.
 

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Mucha palabrería está reñida con pensamiento positivo

Pensamiento positivo está bastante alejado del uso que se le da en la calle a nivel coloquial. “¡Hay que ver el lado positivo!”, dicen. Las situaciones no tienen dos caras como la luna. ¿Tenemos que ignorar la cara oculta, menos agradable, más difícil, más dolorosa?, ¿ignorar la vertiente desagradable es ser realista o es caer en el autoengaño?

“Ver el lado positivo” es insultante, una falta de respeto en situaciones críticas. Estar parados todos los miembros de una misma familia, no llegar a final de mes, sufrir una enfermedad terminal, la muerte de un ser querido… ¿qué lado positivo tienen? ¡Ninguno! Diles a las personas que viven una situación tan crítica “has de ver el vaso medio lleno”. ¡Menuda empatía, menuda estupidez!

Lo cierto es cualquier situación se puede afrontar desde la aceptación y la superación, tratando de entender lo sucedido y movilizándose para gestionar la situación y superarla sintiendo que se ha aprendido y evolucionado con ella. Lo contrario supone dejarse llevar, vivir a merced de la situación y acabar siendo superado por ella.

La situación más dramática como es la muerte se puede afrontar desde una actitud de aceptación y superación, no sin sufrir el duelo. Entender la muerte desde el accidente, la enfermedad o el final del ciclo vital, aceptarla porque forma parte de la vida, entender el dolor y estar dispuesto a convivir con él hasta que se vaya amortiguando, entender que la vida sigue, mantener los compromisos vitales, aprender de lo sucedido, recuperar la paz interior… responde a una actitud realista, de superación, de gestionar el dolor y el malestar emocional. Por el contrario, no querer aceptar la muerte, negarla, sentir que la vida ya no tiene sentido, inhibirse de obligaciones y compromisos por el dolor, refugiarse en los recuerdos, caer en el aislamiento social… responde a una actitud poco realista, ineficaz, que multiplica el malestar emocional.

Cualquier situación, por difícil que sea, puede ser afrontada y gestionada desde una actitud de superación, desde una actitud positiva. Esto no es ver el “lado positivo”, es tener una actitud positiva. Una actitud positiva supone realismo, entender y aceptar la realidad, para disfrutarla si es gratificante o para cambiarla si es de dificultad o conflicto. “Ver el lado positivo” suena a autoengaño, “no veas ese aspecto o vertiente para no sufrir”. 

Actitud positiva, más allá del pensamiento positivo

Quiero concluir yendo más allá del pensamiento positivo para quedarnos con una actitud positiva. No todo es pensamiento, autodiálogos. No se puede ignorar el plano de las acciones, del comportamiento. Pensar de forma resolutiva, práctica o eficaz es pensamiento positivo. Actuar con eficacia y de forma que se genera bienestar emocional es actitud positiva.

En próximos artículos desarrollaré más en detalle estrategias cognitivas propias del pensamiento positivo como: 1) construir un diálogo interno positivo y entrenar actitudes positivas, 2) identificar autodiálogos negativos, identificar hábitos cognitivos negativos de uno mismo, 3) aprender a parar de pensar, a parar y desviar pensamientos negativos, 4) aprender a cambiar o replicar el diálogo interno…

José Carrascosa

José Carrascosa

Pionero de la psicología del deporte en España, ha trabajado durante más de 25 años con deportistas, entrenadores y equipos profesionales de primer nivel, ha colaborado en logros deportivos de sus clientes (ascensos, títulos nacionales y europeos, marcas europeas y mundiales, medallas olímpicas). Ha ayudado a que haya cambiado la percepción sobre las emociones y el alto rendimiento, desde “echarle güevos” a “competir”, desde el desconocimiento a la toma de conciencia del papel de las emociones sobre el rendimiento y el bienestar. Se considera un “artesano” de la educación y desarrollo emocional

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