Negacionismo

José Carrascosa
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Asistimos a una corriente insólita pero bastante extendida de “negacionismo”. Hay personas que niegan la pandemia y la explican desde poderes fácticos que mueven el mundo, consideran que es una ficción creada para someter al mundo desde el miedo. Se atreven a hablar de personas concretas que estarían detrás de estos poderes fácticos. Son negacionistas, niegan la pandemia y cuestionan las medidas recomendadas por expertos sanitarios y adoptadas por los responsables políticos.

Por “negacionismo” se entiende la negación de la realidad empírica, la realidad que marcan los hechos. No se aceptan los hechos, se cuestionan y se elaboran explicaciones alternativas que van más allá de los hechos. Los negacionismos más recientes son negar el cambio climático y negar la pandemia del Covid-19.

Más allá de los hechos, la irracionalidad

Es cierto que la percepción está mediatizada por la carga emocional, es decir, experiencias previas, valores, creencias, filosofía de vida, el caudal emocional… Las personas no vemos lo que sucede, sino lo que nos parece que ha sucedido. Las cosas no son como son, sino cómo se ven o perciben. Cada persona tiene su enfoque o perspectiva que le lleva a juzgar o interpretar las situaciones según sus esquemas o carga emocional. Pondré un ejemplo muy simple: si en el tren estamos sentados frente a un adulto y una niña, solemos ver un padre y su hija. ¿Quién nos dice que es así?, ¿van juntos?, ¿por qué no pueden ser un entrenador y su deportista, un tío y su sobrina, unos vecinos…? No vemos, juzgamos o interpretamos, creamos nuestra ficción, que muchas veces va más allá de los hechos.

La percepción objetiva es la que se ajusta a los hechos, a lo observable y cuantificable, a aquello que ha sucedido, sin añadir ningún tipo de sesgo como impresiones, suposiciones, creencias, opiniones, juicios de valor… Los hechos deben marcar la frontera o el límite entre la realidad y la ficción, la lógica racional y la irracionalidad.

Así mismo, existe una frontera entre la ciencia y la pseudociencia, la historia y la novela o la ciencia ficción. El negacionismo llega a cuestionar teorías científicas y realidades históricas avaladas por la investigación tras un proceso de estudio y contrastación científica. El negacionismo se mueve en el terreno de la opinión, el rumor, la sospecha, la ficción… Cuando se traspasa el límite de lo observable, de lo empírico, ¿dónde está la realidad? Si nos adentramos en el territorio de la irracionalidad, la realidad vendrá dibujada por sospechas, suspicacias, recelos, envidias, enfados, creencias…

¿Qué factores explican el negacionismo?

¿Qué puede estar detrás de negar la evidencia? En el negacionismo pueden confluir diferentes mecanismos cognitivos o actitudes irracionales que lo alimentan. Son formas de ver o de percibir, maneras de pensar, que se alejan de la realidad y la distorsionan, la hacen a la medida de cada uno, son formas de autoengaño que reducen el malestar emocional, pero alejan de soluciones eficaces y ponen en riesgo la salud, no solo de los propios negacionistas, sino de toda la sociedad. Vamos a comentar posibles estilos cognitivos que se combinan para llegar a negar la pandemia.

Los mecanismos cognitivos que están detrás del negacionismo son los siguientes:

  • No aceptación

Están verdes se dice el zorro al no poder alcanzar las uvas” en la fábula de Esopo, El Zorro y las Uvas. Para no sentir frustración, para no sufrir, para no ser consciente de las propias limitaciones y de una sensación de indefensión cabe la opción de negar la realidad dolorosa. La no aceptación es un mecanismo con el que algunas personas afrontan la realidad difícil o crítica, responden con un simple “no es cierto”.
  • Pensamiento paranoico

Es un estilo de pensamiento relacionado con la suspicacia y la desconfianza. “No es así, nos hacen creer que es así”. Es un pensamiento que construye teorías conspirativas o paranoides, cree en poderes fácticos que mueven el mundo, hace ignorantes a la mayoría de las personas que confían en lo que los científicos dicen. Son de “piensa mal y acertarás”. Su pensamiento no es lineal, infieren realidades ficticias que permanecen ocultas para la gran mayoría… “¡Nos están engañando!”.
  • Sublimación

Al malestar y la preocupación generalizada por la pandemia, los negacionistas le dan la vuelta y construyen una realidad que les da sentido y les eleva ante el resto de gente. Los negacionistas saben más que los científicos y son más inteligentes que la mayoría de las personas, prisioneras de una “gran mentira” que les tiene atemorizadas. A una tensión se le da la vuelta creando una ficción estimulante que atiende a cuestiones relacionadas con la satisfacción del ego… “¡Si supieran la verdad!, algún día se sabrá”.
  • Superstición

La historia de la humanidad está llena de explicaciones de tipo supersticioso. Nuestros antepasados explicaban de manera ficticia o mágica aquellos fenómenos para los que no encontraban ninguna explicación lógica. Un nuevo virus del que se desconocía casi todo ha dado a muchas explicaciones de tipo “supersticioso” Algunos lo llegan a considerar un “castigo” para el mundo por su “mala cabeza” en el cuidado del planeta, en la distribución de la riqueza… “Desde mi energía positiva no me voy a contagiar”.
  • Egoísmo-narcisismo

Asistimos a una sociedad en la que impera la individualidad, “tengo derecho” y la satisfacción inmediata de las pulsiones individuales “necesito”, “nadie me lo puede impedir”. La sociedad del bienestar ha malcriado hasta el extremo de que muchos se niegan a tener que hacer el sacrificio de quedarse en casa, aplazar la satisfacción inmediata de una apetencia como salir y relacionarse con los amigos, “hay que seguir viviendo”.
  • Llamar la atención-histrionismo

Hay personas que necesitan llamar la atención, quieren ser el centro de todas las miradas y suelen llevar la contraria simplemente por llevarla, por ser diferentes. Es más llamativo negar la pandemia que aceptarla y protegerse. Ese afán por destacar o sobresalir les hace llevar la contraria, aunque sea sin ningún fundamento, “necesito ser diferente y marcar la diferencia como sea”.
  • Descontento y decepción

El negacionismo está aglutinando a muchas personas de diferentes sectores sociales y niveles educativos que tienen en común un sentimiento de descontento y decepción social que lleva a no creer en nada ni en nadie. El negacionismo se convierte entonces en una forma de rebelión, de desobediencia civil silenciosa, llegando a organizarse como una opción frente al sistema y los colaboracionistas con el sistema, “no creo en nada, estoy harto”.

Emoción frente a hechos

Podríamos ir concluyendo que el negacionismo está más cerca de la emoción que la razón. Se es negacionista por evitar sufrimiento, por descontento, enfado, decepción, por desconfianza, por soberbia, egoísmo o narcisismo, por llamar la atención o histrionismo… No hay argumentos para el negacionismo. Cuando se intenta justificar el negacionismo con argumentos, se raya el absurdo porque se utilizan argumentos inverosímiles, completamente alejados de la realidad, nada convincentes. El negacionismo se justifica solo desde la emoción. Quien es negacionista lo es porque necesita serlo, pero no puede pretender convencer porque no tiene argumentos que puedan ser creíbles.

¿Respeto o rechazo hacia el negacionismo?

Como forma de pensar, el negacionismo es respetable. Cada uno tiene derecho a pensar como crea o quiera. Pensar o creer es un ejercicio de libertad. Cada uno elige sus creencias, ideología, valores… Pero cuando determinadas actitudes o comportamientos de personas negacionistas pueden poner en riesgo la salud de otras personas el negacionismo deja de ser respetable y pasa a ser rechazable. El negacionismo, sin pretenderlo, puede llegar a ser una actitud antisocial, vestida de diferentes maneras, que no se apoya en la violencia puede acabar acaba “matando”. El negacionismo debe respetar las medidas de protección.

José Carrascosa

José Carrascosa

Pionero de la psicología del deporte en España, ha trabajado durante más de 25 años con deportistas, entrenadores y equipos profesionales de primer nivel, ha colaborado en logros deportivos de sus clientes (ascensos, títulos nacionales y europeos, marcas europeas y mundiales, medallas olímpicas). Ha ayudado a que haya cambiado la percepción sobre las emociones y el alto rendimiento, desde “echarle güevos” a “competir”, desde el desconocimiento a la toma de conciencia del papel de las emociones sobre el rendimiento y el bienestar. Se considera un “artesano” de la educación y desarrollo emocional

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