Miedos del portero

José Carrascosa
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Miedos del portero

En torno a la figura del portero existen muchos tópicos que no se cumplen: que si están un poco locos, que si son futbolistas frustrados que no jugaron por no tener nivel, que si juegan a un deporte individual dentro de un deporte colectivo, que si están hechos de una pasta especial… ¡nada más alejado de la realidad!

Puede ser que la especificidad del puesto haga diferente al portero, pero está sujeto a las mismas exigencias que los otros compañeros respecto a acercarse a su mejor trabajo cada día (rendimiento óptimo), ser una pieza más dentro del trabajo colectivo (equipo), saber gestionar la exigencia y la dificultad (gestión del estrés), aprender y mejorar cada día…

En el presente artículo quiero pararme a reflexionar sobre las dificultades con las que el portero convive a diario y ha de saber gestionar o resolver a lo largo de su formación y trayectoria profesional. No es más fácil ni más difícil ser portero, pero sí que es diferente.

El portero transmite sus propias emociones

Cualquier otro jugador puede esconderse relativamente detrás del juego del equipo. Una de las primeras justificaciones que utilizan los jugadores es el equipo, “no jugamos a nada”, “si el equipo no está bien”, utilizan al equipo como coartada de su bajo rendimiento. El portero no tiene ese escudo, se encuentra solo ante la verdad de su propio rendimiento.

El portero necesita sentir confianza para dar su mejor versión. Le pasa a cualquier futbolista, pero el portero no puede disimular sus dudas o inseguridad. La inseguridad retrata al portero, la siente y la contagia a compañeros, al entrenador y a la grada. De la misma forma que cuando se siente seguro también proyecta seguridad. El portero es muy transparente a nivel emocional, su trabajo le desnuda a nivel emocional, muestra sus emociones sin poder disimularlas. El portero transmite tanto su confianza como su inseguridad. Cuando trata de disimular, aún se le nota más que no está bien.

Nadie debe vivir emocionalmente a merced del devenir de los acontecimientos. Si le va bien su confianza, se verá reforzada; si le va mal, se verá debilitada, se llenará de inseguridad. Uno debe tomar el control de su vida, tener plena conciencia de quién es para ir decidido a hacer realidad sus sueños y ser él quien precipite los acontecimientos, lo que quiere que suceda. Esta actitud ante la vida retoma el equilibrio emocional y construye una sólida autoconfianza, una buena autoestima. El portero necesita de esta actitud, si cabe más que sus compañeros.

Ser dueño de la confianza

El portero debe aprender a ser dueño de sus emociones, debe aprender a construir y sujetar una sólida confianza, no reñida con un afán de mejora permanente. Debe hacerlo desde edades tempranas, como cualquier otro joven futbolista o deportista. Nadie nace enseñado a nivel emocional, menos aún preparado para gestionar la altísima exigencia que demanda ser portero de un equipo de fútbol.

El estado emocional que el portero identifica como “confianza” se le llama técnicamente estado de “Flow”. Es el estado ideal de rendimiento que empuja al portero a desarrollar su mejor trabajo, que le desata y le acerca a su mejor versión. Es un estado emocional imprescindible para acercarse al rendimiento óptimo, pero también es un clima emocional que potencia el desarrollo del talento e impulsa al portero en su proyección deportiva.

¿Cómo se identifica el estado ideal de rendimiento en el portero de fútbol? Concentrado, inteligente, decidido, tranquilo, sin sentir riesgo alguno, decidiendo con rapidez, coordinado con los compañeros, máxima confianza, disfrute…

A nivel cognitivo o mental siente que está alerta, en modo examen, tiene la mente limpia, focaliza la atención en el juego, entra en el juego y lee con nitidez los espacios y  situaciones que va dibujando, está inteligente, de forma que las soluciones fluyen, las soluciones surgen de forma espontánea, sin pensarlas, se liberan los automatismos trabajados en los entrenamientos, siente confianza, está atrevido, toma iniciativas, no duda, se siente competitivo, cualquier dificultad la resuelve con facilidad, está coordinado con los compañeros de la defensa, les habla, les ayuda a guardar el orden defensivo…

A nivel emocional se siente lleno de energía, máxima ilusión, muy motivado, con ganas de jugar y competir, disfruta de su trabajo en la portería ante la exigencia y la dificultad…

Entonces se olvida de todo, hasta de sí mismo, el tiempo se transforma y trascurre sin darse cuenta, el disfrute puede con el esfuerzo y lo amortigua… Los psicólogos hablamos del Flow como una experiencia autotélica, el objetivo y el disfrute está en sí misma, uno es lo que hace.

Gestionar una elevada exigencia emocional

A partir de mi experiencia considero que los tres deportistas que gestionan mayor dificultad emocional son el golfista, el tenista y el portero de fútbol. Ser portero es difícil a nivel emocional. El portero es una referencia clave en el juego del equipo, tanto en el inicio del juego desde atrás como en ser el último en cerrar el trabajo defensivo, evitar el gol. Jugar de portero supone una elevada exigencia emocional. Se requiere mucha preparación psicológica: trabajar muy duro en cada entrenamiento para mejorar su técnica y acciones específicas, de forma que se generen automatismos que luego se expresan en el partido; estar siempre ilusionado con ganas de entrenar y competir; sentirse tranquilo para ser preciso en los gestos técnicos y en las acciones; inteligencia táctica, leer y entender el juego desde su posición; liderazgo, hablar y organizar a los compañeros de la defensa; motivación, animar, apoyar a los compañeros; gestionar el error, entender que el error forma parte del aprendizaje y del trabajo; autoconfianza, creer firmemente en sus cualidades y en su trabajo; ser el centro de las miradas, convivir con el protagonismo que tiene el portero, pues su trabajo nunca pasa desapercibido; aceptar, entender y convivir con las críticas; gestionar la frustración, reconducir  enfados, desánimo, inseguridad; ser paciente, saber esperar y trabajar para que llegue su momento; dar la vuelta a las dudas de su entrenador… Ser portero conlleva una exigencia emocional posiblemente mayor que en el resto de jugadores del equipo.

Tanta exigencia solo se gestiona desde una madurez emocional que resulta impropia en un joven o en un adulto menor de treinta años. Las personas alcanzan su madurez emocional en torno a los cuarenta años. Los deportistas deben hacerlo mucho antes. El deporte de máximo nivel exige que los jóvenes sean personas maduras con mucha antelación.

La madurez emocional se concreta en competencias emocionales que se enseñan, se entrenan y se aprenden desde pequeños. La formación del portero debe contemplar el aprendizaje emocional. ¿Quién mejor para enseñar a nivel emocional a los jóvenes porteros que el entrenador de porteros? Los entrenadores de porteros deben enseñar a ser portero, entrenar la personalidad del portero. Deben dar un paso adelante y asumir la responsabilidad de ir enseñando al niño o joven a ser y sentirse portero, de construir la personalidad que requiere el portero para jugar al más alto nivel. No puede ser que muchos buenos porteros con talento para la portería se acaben perdiendo porque sufren demasiado en su puesto, no logran desarrollar su potencial y, al final, acaban abandonando.

“Dificultades” y “miedos” del portero

Un proceso de formación no está exento de dificultades y obstáculos que se han de ir superando para avanzar en el aprendizaje. Quien no entiende las dificultades como oportunidades de aprendizaje, corre el riesgo de caer en el desánimo y abandonar. Es conveniente identificar aquellas dificultades que lógicamente se irán encontrando durante el camino porque permite prepararse para afrontarlas y superarlas. Este es el sentido del artículo: alertar al joven portero de aquellos obstáculos que tarde o temprano le surgirán, de forma que sepa entenderlos como lógicos y sepa traducirlos en oportunidades para aprender y ser mejor portero.

Desde mi punto de vista y, atendiendo a mi experiencia con muchos porteros tanto en etapas de formación como en el fútbol profesional, las dificultades u obstáculos (que he querido llamar “miedos” del portero) son los siguientes:

  • Sacar el balón de dentro de la portería.

Recibir un gol y recoger el balón de dentro de la portería es una acción inherente al puesto del portero. Cada tarea, cada puesto, cada trabajo conlleva riesgos específicos que se han de aceptar y asumir. El taxista que no contempla la posibilidad del accidente de tráfico no puede subir al taxi y hacer su servicio, no va a poder conducir, o lo hará en unas condiciones de temor que aumentarán las probabilidades de sufrir un accidente. El portero ha de entender el gol como una situación adjunta a su puesto, entenderlo como un elemento más de su trabajo y del juego. No puede vivir el gol como una fatalidad en primera persona. El portero es una pieza más del sistema defensivo, no es el único responsable.

  • Estar muy orientado al resultado-éxito.

«¿Cómo habéis quedado?, ¿cuántos goles te han metido?, ¿cómo queda el equipo en la clasificación?» Estas son las preguntas habituales que recibe el portero cuando llega a casa. El énfasis se pone en el resultado, en el objetivo de ganar y en el de portería a cero, en el caso del portero. Estar orientado al resultado pone el énfasis en la satisfacción del ego, en el éxito, en ganar, no encajar gol, jugar de titular, tener proyección de futuro, ascender a un equipo de mayor nivel… Es una orientación preponderante en el fútbol en general, también en etapas de formación, así como es una orientación preponderante en nuestra sociedad que se mueve guiada por lograr el éxito. Esta orientación llena de responsabilidad al portero, le aleja del clima ideal de rendimiento y limita el aprendizaje y la mejora. No debe perderse nunca la perspectiva de aprender y mejorar, de elevar el nivel técnico, de ser mejor hoy que ayer y mañana mejor que hoy. El joven portero y también el portero profesional deben estar orientados a aprender y mejorar semana a semana, mejorar los automatismos, gestos técnicos y acciones, la condición física, la comprensión y el dominio del juego desde la portería (táctica), mejorar las competencias emocionales que ayudan a competir… Desde una perspectiva de mejora y aprendizaje, el proceso formativo del portero no tiene final y concluirá el día en que se retire o cuelgue las botas. El portero necesita recibir feedback o retroalimentación de su trabajo en entrenamientos y partidos, se debe reforzar lo bien hecho, corregir los aspectos a mejorar, educar la mentalidad adecuada, enseñarle a ser y vivir como un auténtico portero.

  • Responsabilidad excesiva, no tolerar el error.

La tentación a nivel emocional del portero es llenarse de responsabilidad, estar enfocado en hacerlo bien y en no cometer errores, demostrar que tiene nivel para jugar en el equipo, aprovechar el partido para asegurase la continuidad como titular, ganarse la confianza del entrenador… Resulta inevitable recordar vivencias de partidos anteriores de forma que el rendimiento se ve condicionado por acciones anteriores. La confianza durante el partido también depende de cómo gestione o resuelva las primeras acciones del partido. El mayor enemigo del portero es la responsabilidad excesiva, la obligación de hacerlo bien, la urgencia de demostrar, la duda, la inseguridad, la falta de confianza… La responsabilidad excesiva aleja del rendimiento óptimo. Los porteros tienden a llenarse de “basura” emocional que les impide tener la cabeza limpia para ver y resolver, para jugar con los cinco sentidos y hacerlo a su mejor nivel. Es un error generalizado. Hay que enseñar al portero a estar centrado en la tarea, vivirla intensamente y gestionarla con tranquilidad, confianza y disfrute.

  • Inseguridad, falta de confianza.

Cualquier portero ha vivido más de una vez la inseguridad, sentir temor o miedo a fallar. Las piernas se tensan, se vuelven torpes, imprecisas, sube un calor interno, se piensa la acción, se duda sobre la decisión a tomar, se apodera el temor a fallar… Entonces, se llega a sufrir en la portería. Es una sensación muy desagradable e incapacitante que precede a errores graves. Este miedo se puede ver asociado a situaciones concretas del trabajo del portero, como el juego con el pie o el juego aéreo, salir a despejar o bloquear en centros laterales. Es una situación que cualquier portero vive alguna o varias veces a lo largo de su trayectoria para la que los entrenadores de porteros no suelen tener soluciones concretas. Más bien al contrario, se contagian de las propias dudas del portero y hasta las comenta con el entrenador del equipo, lo que suele llevar al portero al banquillo. El entrenador de porteros debería tener un pequeño protocolo para intervenir y revertir una situación como esta.

  • Perfeccionismo.

En la actualidad el futbolista se suele equivocar más por exceso que por defecto, más por exceso de responsabilidad o de celo en el trabajo bien hecho que por dejadez o escaso sentido de la responsabilidad. Desde luego, así sucede en los porteros. Muchos porteros llegan a ser obsesivos en sus rutinas, en sus análisis, en su afán de tener todo controlado, en hacer todo aquello que les ayude a rendir a su máximo nivel. Se quedan más pendientes de esa acción o ese detalle que en el entrenamiento o en el partido no se ha dado como esperaban que de la globalidad del trabajo realizado, de lo bien hecho. Un pensamiento obsesivo, perfeccionista, que pretende cuidar cualquier detalle es una actitud negativa que transmite inseguridad, aleja del rendimiento óptimo y genera angustia. El portero puede llegar a convertirse en su mayor enemigo.

  • Llevarse la “portería” a casa.

Ser portero las veinticuatro horas es una absoluta tontería. ¿Qué quiere decir esto?, ¿se refiere a saberse cuidar? Saberse cuidar pasa por generar hábitos y no por vivir preocupado, menos aún angustiado. Saberse cuidar supone poner toda la atención y energía en los tiempos de trabajo y saber desconectar para poder descansar a nivel mental y emocional, para recuperarse y poder regresar fresco al siguiente entrenamiento. Hay que saber «bajar la persiana» de la portería cuando se sale de la ciudad deportiva para volver a levantarla al día siguiente cuando se regrese al entrenamiento. La vida no puede ser una portería. El portero debe ser una persona saludable. Debe tener otras inquietudes y otros ámbitos de desarrollo personal que le generen bienestar emocional. La vida no puede apoyarse ni depender exclusivamente en un único pilar (portería), porque así es difícil que a nivel deportivo se tenga rendimiento y, es seguro que a nivel personal no se puede sentir bien.

  • Rivalidad “tóxica” con los otros porteros.

Una rivalidad sana ayuda, pero una rivalidad desaforada y tóxica pasa factura. ¿Qué entiendo por rivalidad sana? Me parece lícito que se establezca una competencia basada en trabajar más y mejor, para mejorar, subir el nivel, alcanzar la excelencia y acabar superando la calidad de trabajo que hacen otros, situarse entre los mejores trabajando más y mejor que la mayoría. Esta competencia no se basa en ganar al otro, eliminarle, dejarle a un lado, quitarse un enemigo de encima. La competencia basada en el aprendizaje, la mejora y el desarrollo beneficia individual y colectivamente, supone un estímulo para ser progresivamente mejor y beneficia al trabajo colectivo, haciendo mejor al equipo.

La competencia basada en el éxito, jugar, ser titular, tener proyección, tener protagonismo… suele ser desleal con los compañeros, con quien se acaba enfrentado. Esta forma de competencia desleal, insana, es devastadora a nivel individual y para el equipo. Vivir así la competencia consume mucha energía, despierta suspicacias, deteriora las relaciones personales, abre rivalidades peligrosas, acaba pasando factura en el rendimiento de quien lo vive así, y se vuelve en contra de la cohesión interna del equipo: abre grietas en el vestuario. ¿Pueden ser amigos o tener complicidad dos porteros de un mismo equipo?, ¿solo pueden aspirar a ser compañeros y tener una relación cordial? Desde la madurez emocional hay que aspirar a que puedan llegar a tener afinidad y complicidad personal, más allá de la profesional. Buscar el mal del compañero porque supone mi bien, se llama ser mezquino. Es una actitud muy tóxica dentro de la idea de equipo.

  • Dudas percibidas en el entrenador.

Es que el entrenador no confía en mí”, “necesito que el entrenador me dé confianza”, “no le gusto como portero, no sé por qué”, “no está siendo justo conmigo…» El portero vive muy pendiente de la opinión y comportamiento del entrenador, es muy sensible a lo que el entrenador pueda hacer, por lo que pueda transmitirle.

Ese estar pendiente de la opinión del entrenador esconde inseguridad o escasa autoconfianza. No se puede esperar que a uno le den o regalen confianza. Es al revés: uno, desde su trabajo y actitud, proyecta confianza y los demás van creyendo más o menos en él según la calidad de su trabajo. Si no crees en ti, no puedes esperar que los demás lo hagan. Si tienes dudas, es lógico que el entrenador tenga dudas sobre tu nivel y rendimiento.

El portero necesita crecer en su autonomía emocional. Debe tener una percepción clara de quién es, cuáles son sus cualidades, cómo es capaz de trabajar, a qué nivel es capaz de rendir… independientemente de su rendimiento o de las opiniones de los demás. Si uno observa dudas en torno a sí mismo, debe tomar nota, entenderlo, nunca interiorizar esas dudas y hacerlas suyas, y trabajar para cambiarlas por certezas, resolverlas desde una actitud decidida y un trabajo de calidad.

Frente a las dudas en los demás, seguridad en uno mismo. Frente al diálogo interno “el entrenador no me ve, no confía en mí” solo cabe el siguiente: “acabará viéndome, tranquilo, cambiaré su opinión, le demostraré con mi trabajo que está equivocado”, “antes se rendirá él ante la evidencia de mi trabajo que yo bajaré los brazos”. Esta reflexión supone independencia de criterio, autoconfianza, madurez emocional, que es consecuencia de un trabajo emocional.

  • Impaciencia, no saber esperar, no saber gestionar un rol secundario.

La impaciencia es un mal de juventud. Muchos buenos porteros se pierden por no ser pacientes. Esa impaciencia lleva a cambiar de proyectos una y otra vez, no encontrando el hábitat que ayude a rendir y desarrollar el talento, consolidar las expectativas.

Muchos entrenadores prefieren y apuestan más por la experiencia del portero veterano. Les transmite más seguridad el portero veterano. De hecho, es bastante habitual que un portero se consolide al máximo nivel ya con cierta edad, no muy joven. Así es el contexto de trabajo para los jóvenes porteros. No entenderlo, no ser pacientes, puede llevarles a equivocarse. El portero ha de ser resiliente, estar preparado para superar dificultades, debe saber mantenerse tranquilo, perseverar, insistir, seguir trabajando, seguir creyendo en alcanzar el objetivo… En el portero cobra sentido la idea de que “no llegan los mejores, llegan aquellos que mejor superan las dificultades”.

  • Atender a las críticas, ser demasiado sensible a opiniones ajenas.

El portero debe entender desde edades tempranas que su trabajo está muy expuesto a las opiniones ajenas, es un trabajo público, hecho en un “escaparate” y del que cualquiera opina. El rendimiento del portero está sujeto a debate permanentemente.

Es necesario que el portero entienda esta singularidad de su trabajo. Va a ser centro de un debate público, el eterno debate de la portería. Para defensores será un portero competente, para detractores no tendrá nivel. El portero debe permanecer ajeno a este debate, es algo externo a su trabajo, sobre lo que él no tiene control. Nadie puede controlar las opiniones ajenas, más aún cuando son arbitrarias, no apoyadas en criterios de expertos.

El portero debe aprender a convivir con las críticas, sin hacerlas suyas. Debe entender que se opine de su trabajo, pero no debe verse mediatizado por dichas opiniones. Debe elegir qué opiniones va a considerar y atender, que lógicamente serán las de su entrenador de porteros, entrenador y alguna otra persona que considere experta, conocedora del trabajo del portero. Con otras opiniones, el portero debe saber convivir, como con el sol y la lluvia, fenómenos que escapan al propio control.

Estar orientado a la tarea ayuda al portero a entender que las opiniones son relativas, a mantenerse estable a nivel emocional. Lo que los demás identifican como éxito solo es un trabajo bien hecho. En cambio, lo que llaman fracaso solo es un trabajo que posiblemente hay que mejorar. Referir todo al trabajo otorga control sobre el rendimiento y la confianza, entonces las opiniones se vuelven más relativas.

Función “educadora” del entrenador de porteros     

Me da la impresión de que el entrenador de porteros tiende a inhibirse de la labor de enseñar o educar las competencias emocionales que necesita aprender el portero. Se dedican exclusivamente al trabajo físico y técnico-táctico. Suelen establecer una buena relación personal con el portero, pero les cuesta entrar en el abordaje de competencias emocionales que deben aprender. Cuando perciben que el portero atraviesa un momento crítico, le apoyan o toman distancia hasta que se le pase, y en ocasiones le sugieren la posibilidad de trabajar con el psicólogo.

Sugiero que el entrenador de porteros debe formarse en el trabajo psicológico específico para los porteros. El entrenador de porteros debe tener un perfil de entrenador-educador, formador de buenos porteros a nivel técnico-táctico y educador de competencias emocionales, que formen en la personalidad o llenen la caja de herramientas del portero de competencias que requiere para la óptima gestión de la portería. El entrenador de porteros es capaz de corregir un gesto técnico casi inverosímil, lo que ayuda a ser mejor portero, pero le cuesta cambiar una actitud clara que le perjudica en su progresión o desarrollo deportivo.

Quiero revisar algunas actitudes o estrategias en el entrenador de porteros que ayudan a limitan el aprendizaje emocional que requiere el desarrollo deportivo de los porteros.

Actitudes que FAVORECEN el aprendizaje de competencias emocionales

  • Profundizar en el conocimiento del perfil personal del portero.
  • Introducir objetivos emocionales en la programación de trabajo (atención, toma de decisiones, aceptación del error, gestión de la frustración, comunicación o liderazgo…)
  • Reforzar aquellos comportamientos que van en la línea de los objetivos emocionales programados.
  • Corregir comportamientos que alejan de los objetivos emocionales programados.
  • Hablar de la vivencia emocional del partido por parte del portero, abordándolo mediante preguntas (Modelo de Aprendizaje de Kolb)
  • Identificar comportamientos en porteros referentes por su óptima gestión emocional durante los partidos.
  • Coordinar el trabajo con el del psicólogo del deporte.

Actitudes que DIFICULTAN el aprendizaje de competencias emocionales

  • Ignorar el aprendizaje de competencias emocionales dentro de la programación de trabajo.
  • Trabajar exclusivamente contenidos de tecnificación del portero.
  • Atribuir las respuestas emocionales en el portero a tópicos como “carácter”, “talento”, “nivel competitivo”
  • Acercarse o distanciarse del portero según el estado de ánimo que se perciba en el portero.
  • Dejarse llevar por el temor a la respuesta del portero ante el posible abordaje de respuestas emocionales.
  • Ignorar si el portero está trabajando por su cuenta en la preparación psicológica, con algún profesional externo al club
José Carrascosa

José Carrascosa

Pionero de la psicología del deporte en España, ha trabajado durante más de 25 años con deportistas, entrenadores y equipos profesionales de primer nivel, ha colaborado en logros deportivos de sus clientes (ascensos, títulos nacionales y europeos, marcas europeas y mundiales, medallas olímpicas). Ha ayudado a que haya cambiado la percepción sobre las emociones y el alto rendimiento, desde “echarle güevos” a “competir”, desde el desconocimiento a la toma de conciencia del papel de las emociones sobre el rendimiento y el bienestar. Se considera un “artesano” de la educación y desarrollo emocional