«Si exiges, te ofreces y no le engañas, el jugador te responde con honestidad»

José Miguel González, Míchel
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Si exiges, te ofreces y no le engañas, el jugador te responde con honestidad

En la temporada 2007-2008 conocí personalmente a Míchel, ese jugador mítico del R. Madrid, de la “quinta del Buitre”. Fue él quien quiso hablar conmigo para agradecerme el trabajo que estaba realizando con su hijo, Adrián González. Me sorprendió su agradecimiento, simplemente me limitaba a hacer mi trabajo como con el resto de la plantilla del Nàstic de Tarragona, en 2ª división A. De Míchel me llamó la atención su cercanía, también su inquietud o curiosidad, su afán por adentrase en la gestión emocional. Entonces, Míchel iniciaba su trayectoria como entrenador. Ya había tenido una experiencia con la psicología en su etapa de jugador del R. Madrid, con Benito Floro, pionero en la incorporación de la figura del psicólogo al cuerpo técnico. Percibí rápidamente el valor que Míchel le daba a la dimensión personal y emocional del futbolista sobre el rendimiento individual y colectivo.

Desde entonces he tenido la suerte de compartir inquietudes profesionales y amistad con Míchel. Es una persona cercana, afectiva, afable, generosa, insaciable en su curiosidad e inquietud por ser mejor… Como profesional es muy exigente, a su lado nadie puede acomodarse, demanda tener iniciativas, opinar, sugerir, incluso discrepar. No está cómodo con colaboradores que solo ayudan y obedecen, sin aportarle ideas, propuestas, hacerle observaciones… Sigue siendo un romántico, vocacional y apasionado del fútbol. Se desvela porque el jugador se sienta bien, le exige mucho, pero también le cuida. Muchos jugadores han alcanzado con Míchel su mejor nivel profesional, algunos me hablan de él como su “padre” deportivo. Trabajar con Míchel es un desafío apasionante repleto de aprendizajes. En mi opinión, es uno de los entrenadores que mejor gestiona las emociones. Siempre he pensado que Míchel tiene una entrevista interesante. Le agradezco que haya querido sentarse para charlar y mostrarnos su filosofía y cuaderno de trabajo.

— José Carrascosa (Director Revista Saber Competir)

La familia y los amigos, soporte vital

A nivel personal soy una persona fundamentalmente familiar. Mi relación con mis amigos es básica y los considero parte influyente en todo lo que forma parte de mi entorno, forma de vida y decisiones de todo tipo. Esas personas están alejadas de aquel personaje y siempre tendrían una opinión bastante fiable e indiscutible sobre mis defectos o virtudes.

El día a día te va alejando del foco mediático, vienen otros que ocupan tu lugar. Lo entiendo con naturalidad, entre otras cosas porque ese foco nunca fue una referencia para mi manera de funcionar en todos los sentidos. Intentar mantenerte en el foco que no te corresponde no es algo que me haya obsesionado, ni ha sido referencia cuando podía sentirme enfocado. Estoy menos expuesto porque entiendo que lo que se debe saber de mí es lo que produzco sobre mi profesión, no sobre mi vida privada.

Futbolista de calidad, orientado a la mejora y el aprendizaje

Como futbolista era cerebral e impulsivo en dosis precisas. Conocía el juego, por lo que me podía permitir anticipar acciones y proteger mis carencias. Tenía calidad y era ágil para tomar decisiones.  Siempre consideré que mi escuela y mi universidad tenían que basarse en las experiencias que se me presentaban delante cada día. Siempre he sido observador y he tratado de aprender. Debía ser prudente y prepararme a conciencia porque cada día había enseñanzas que eran útiles para mí como futbolista, pero también para lo que se pudiera presentar en un futuro, cuando ya no jugase.

Jugar en el R. Madrid pone en el foco irremediablemente. Para estar en el máximo nivel nunca estás preparado, siendo tan joven. El salto en todos los órdenes es brusco, teniendo que aprender sobre la marcha. Con prudencia y cometiendo errores consigues ir asimilando y que todo sea más natural. En los planos económico, personal, mediático y social, nadie está preparado para lo que se te presenta de repente, de manera inmediata.

Demasiada prisa en etapas de formación

Se habla mucho de valores, pero desgraciadamente parecen estar en desuso. Todo va tan rápido que no se tiene tiempo para la formación desde la base. Es un error tan común como recurrente en el deporte, fiel reflejo de la sociedad en que vivimos. La formación en mis tiempos era tan fundamental, que podrías reconocer hoy en día en cualquier ocupación a alguien que se haya educado en el Real Madrid. Es una marca de formación.

Vocación temprana de entrenador

Cuando jugaba ya era entrenador. Mi interés vocacional por este juego me hacía analizar los partidos y buscar soluciones como si fuera entrenador. Eso me ayudó a conocer el juego más rápido y de manera más objetiva, me ayudó a ser mejor futbolista.

He tenido muchos entrenadores de diferentes perfiles, todos diversos en personalidad, metodología y enseñanzas. De todos aprendía porque si me gustaba lo he aplicado posteriormente como entrenador, sino me gustaba me ha servido para irme al lado contrario. Todo sirve…

reflexiones de michel2

En el fútbol no está todo inventado

El fútbol evoluciona constantemente. ¿Hacia dónde está evolucionando el fútbol actual? Estamos siendo menos rebeldes, menos creativos, menos arriesgados para innovar. Solo se habla de negocio y dinero. El fútbol se mueve sin parar como se ha demostrado con el efecto COVID y hemos asistido a situaciones que no esperábamos y nos ha costado reaccionar de manera clara y contundente. El fútbol español se está estancando y cada vez hay menos previsión y autocrítica. Seguimos pensando que somos referencia mundial y creo que estamos siendo contemplativos, autosuficientes.

Jóvenes preparados, menos apasionados y demasiado protegidos

Los jóvenes están más preparados y con más oportunidades para ser mejores. Pero tienen menos pasión y menos vocación por casi todo. Se cansan enseguida, hasta de alcanzar objetivos. No se enfrentan a las dificultades porque viven protegidos y con escasa previsión de futuro. Viven al día y su futuro está en las próximas dos horas. Esto hace que el trabajo del entrenador sea más difícil, pero también más apasionante. No te puedes confiar, ni relajar. Te están examinando constantemente en tu trabajo como entrenador, debes estar en alerta, preparado porque la posible falta de respuesta choca con su falta de iniciativa…

Talento sobredimensionado

Los jóvenes que parecen tener talento llegan rápido y sin esfuerzo. La televisión y las redes sociales han convertido a los aprendices en estrellas y son iconos sin seguidores en realidad. Son estrellas de un mundo que no existe pero que les mantiene en la fama sin base. Es un mal extendido y común. Les resulta difícil mantener los pies en el suelo con tantas expectativas e intereses en torno a ellos. Hay que corregirles porque es necesaria la corrección, aunque no les guste.

Mucha psicología como entrenador

La psicología es una parte fundamental del desarrollo del trabajo de un entrenador. Le doy la mayor importancia y la pongo a la misma altura que el trabajo físico, técnico o táctico. La cabeza y su estabilidad hace recorrer más camino al deportista que sus cualidades.

En mi relación con el futbolista tengo claro que no soy ni su padre, ni su amigo. Intento crear una relación individual en el trabajo con cada uno. Personalizo mi relación. Cada jugador es diferente. Suelo mover un intercambio de autoridad y responsabilidad. Soy tan exigente como comprensivo, me gusta dar responsabilidad y que el futbolista sepa ejercer esa responsabilidad, busco un equilibrio entre responsabilidad y autoridad. No soy desconfiado, pero tampoco ejerzo de «colega». Exijo, doy responsabilidad y veo cómo responde.

Hay que involucrar y dar participación al jugador. Es básico tener un plan para desarrollarlo con su colaboración. Implicarles y pedirles, pero orientándoles hacia dónde vamos y por qué. Les hago participes con naturalidad para que ellos gestionen qué se van a encontrar. Soy claro, directo, honesto en la relación con los jugadores. Saben que me equivoco, pero nunca les engaño… No trato de agradarles, diciéndoles verdades a medias o lo que les guste escuchar.

Conocer bien al jugador y a la persona

Para pedir y exigir al jugador necesito conocerlo bien a nivel personal y deportivo. Cuando les haces participes de una construcción personal, ellos responden. No me alejo, pero cuido mantenerme a la distancia que ellos quieran tener conmigo. Entonces acaban por hacerme saber lo que quieren de mí. Si exiges, te ofreces y no le engañas, el jugador te responde con honestidad.

Creo en el diálogo y en el convencimiento. No tengo horarios para ellos, siempre estoy disponible para hablar y comentar. Lo agradecen. Poder hablar de todo y en cualquier momento. Agradecen que escuches, seas sincero y te pongas a su altura. Acaban por entender la responsabilidad de cada uno para tomar decisiones. Me gusta que tomen iniciativa y tomen decisiones, aunque se equivoquen.

Te tienen que sentir cerca, aunque guardando esa distancia que cada uno necesita. Le puedes llevar de la mano estando cerca siempre. Si te acercas solo cuando quieras sacar algo de ellos para tus intereses, lo detectan muy rápido y acaban por no comprometerse. Ese error del entrenador se convierte en su excusa perfecta.

Convencimiento y autoridad

La autoridad del entrenador ante sus jugadores es más fácil cuando tiene claro el proceso, dónde quiere llevar al equipo y cómo conseguirlo, establece los límites en las responsabilidades de cada uno, escucha, dialoga, va convenciendo y logra que los futbolistas dejen de ser obedientes para ser colaboradores. Entonces, alcanza una autoridad que logra influir en los futbolistas, que es la buena.

Flexibilidad

Soy un entrenador colaborador, integrador, transformador, y sobre todo inquieto. No mantengo un estilo de juego con rigidez, sino que lo adapto a lo que me pide la plantilla que voy a dirigir. Me adapto de manera rápida y estoy acostumbrado a trabajar con imaginación, audacia y sobre todo practicidad. En mi opinión, muchos jugadores fueron mejores con nosotros, se adaptaron y nos adaptamos a ellos de forma que les ayudamos a alcanzar su mejor nivel.

Señas de identidad

Míchel es un compendio de todas las experiencias que ha ido viviendo, no hay uno futbolista y otro entrenador, es una evolución, reconocible en todos los ámbitos. Mi personalidad y carácter se forjó a la vez que el del futbolista. Es inseparable…

Quiero que nuestros jugadores crean en lo que vamos a construir, les hago partícipes, les involucro, que se sientan protagonistas, útiles e importantes, que sean capaces de tener iniciativas que mejoren su rendimiento en base a un trabajo colectivo. Fomento la igualdad y la competencia, no hay privilegios y trato de que cualquiera sienta que puede jugar en cualquier partido. Valoro que compitan cada día. Quiero que vean que el balón no nos molesta, que quieran jugarlo, pero también que sean conscientes de que se comienza a atacar cuando se defiende y viceversa…

Hacer mejores a los futbolistas

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Doy mucha importancia a que el jugador sienta que le queremos ayudar a ser mejor, a crecer como profesional. Ese es mi talante, mi obsesión, mi vocación contagiosa. Los jugadores saben que no les miento y lo que veo en ellos lo pueden desarrollar. Animo siempre a que lo intenten.

Nunca entrené a equipos con valores individuales que resuelvan los problemas del resto. Por eso el trabajo individual y su mejora ha hecho que se vea reflejado en los resultados colectivos, pero con rendimientos individuales de gran nivel y que dejó constancia de algo que les decimos: todo lo que puedes hacer forma parte de tus cualidades y no de algo que inventemos.

Soy un absoluto creyente en hacerles mejores mentalmente, comprometidos, audaces, valientes, pero sensatos. Eso les hará conocer sus cualidades, creer en ellas y no tener miedo, ni siquiera respeto a posibles límites. Se permite el error, no dejar de intentarlo…

Jugadores vivos, que vayan de frente

Involucro al jugador, le doy participación, me interesa cómo aprende, cómo piensa, si tiene dudas. No me gustan los conformistas, los callados, los aburridos y los que no van de frente. Se lo hago saber enseguida y busco en ellos que entiendan que mi despacho no tiene puertas para ellos. Les hago caso porque busco involucrarles para que su vocación se incremente con su inquietud como futbolista. Todo me vale para saber de ellos.

Muchas veces el jugador prefiere observar y callar, guardar respeto a su entrenador. En mi opinión, el respeto está sobrevalorado. El jugador es de origen social medio-bajo con lo cual es un superviviente natural. Te examina y te pone nota el primer día si le dejas… Por eso debes convencerles, ser claro y directo, lo que se suma a la capacidad y preparación. Prefiero jugadores que se atrevan, no solo en el terreno de juego, sino también en la relación con nosotros, entrenador y cuerpo técnico. Que se atrevan a compartir dudas, preguntar, dialogar, sugerir, discrepar…

Ser un grupo unido y fuerte, ser equipo

Lograr un compromiso grande de los jugadores se ha de trabajar, no te lo regalan. Debemos estar unidos y ser fuertes porque hay que estar preparados para las dificultades. No se puede ser una familia, eso es distinto. No los quiero como hijos. Se es un grupo más cohesionado con el aval de las victorias. Para llegar a ellas hay que ser equipo, una buena forma de lograrlo es dar participación, argumentar, convencer y consensuar, todos en la misma dirección. De esta forma si uno deserta, se demarca él solo.

Equipo es la palabra más considerada y potente. Si no vives en el equipo, no formas parte de él. El trabajo es marcar las líneas que favorecen a todos. El triunfo está en el resultado del equipo, no en quién marca el gol. La gestión es sencilla, obtener acuerdos indiscutibles. Si te sales es que no quieres estar, es tu decisión.

Los capitanes tienen autonomía para gestionar el vestuario. Es su mundo y su gueto. Yo no entro en ello y son los capitanes los que me tienen que pedir cosas y no ser yo. Es su parcela de autoridad y de responsabilidad. Me gusta que se dirijan a mí y me sugieran o propongan. Un buen vestuario suele tener buenos capitanes.

Gestionar los egos individuales

Las normas de comportamiento son para todos, son necesarias para una buena convivencia y para que haya un buen clima de trabajo. Las normas son en beneficio del equipo. Nadie puede marcar su parcela por egoísmo y ego personal. Todos son importantes o necesarios y no acepto que alguno se considere fundamental o imprescindible. Cuando lo detecto suelo hacer algún comentario irónico, la primera vez. Si el jugador es listo, lo entiende enseguida. Si no lo entiende o su egoísmo es superior a sus fuerzas, tendrá un problema delante de los compañeros que se darán cuenta y lo rechazarán.

Talento al servicio del equipo

El talento es innato, pero se mejora con el entrenamiento. Mejorar sus carencias ayudan a potenciarlo, incrementar su valor. Talento es saber qué tienes y cómo exponerlo al servicio del equipo. Talento no siempre es una razón de calidad, también tiene otro tipo de estilos o manifestaciones en un vestuario. Hay talento para liderar, talento para dar o quitar el balón en condiciones positivas para el equipo… Diferentes talentos se complementan al servicio del equipo.

Liderazgo del entrenador

El entrenador solo debe ser el líder de su parcela, porque de lo contrario es que el Club está mal gestionado y regulado. La rueda de prensa del entrenador no puede ser el termómetro del Club en el que entrena, solo su referencia deportiva.

Una de las primeras lecciones que ha de aprender el entrenador es que es muy útil conocer los valores del Club para adaptarte antes. Los llamados valores están en la historia del Club. Se ha de conocer esta historia. Haber sido futbolista de ese Club es un plus considerable porque actúas con naturalidad ante situaciones que antes has vivido, pero no es algo definitivo porque una de las cosas que tienes que reciclar es que ser jugador no es ser entrenador y la gente te respeta por tu pasado y te seguirá respetando sólo si construyes tu futuro a través de tu presente.

Soy un entrenador de Club porque me adapto a las necesidades y la situación del Club que me toca entrenar.

El cuerpo técnico

Dentro del Cuerpo Técnico soy uno más. Jamás me impongo y mis propuestas son analizadas en el ámbito colectivo y de equipo de trabajo. Si los quiero como colaboradores debo darles la importancia que tienen en el desarrollo de su parcela. El reparto de tareas está acorde con el reparto de autoridades. No admito que mis jugadores los vean como ayudantes, los tienen que ver como primeros entrenadores en sus parcelas correspondientes. No sé vivir sin ellos, sin sus opiniones y decisiones.

Vivir centrado en el proceso de trabajo

No pierdo energía en pensar en el domingo hasta que me lo encuentro de frente. El proceso es fundamental y es lo que más precisa de mi concentración y energía. Perdí el miedo al despido el día que lo sentí y vi que no me hacía perder confianza ni seguridad. Separo mi proceso de trabajo y los resultados porque a veces tienen que ver con el grupo de jugadores que entrenas o con otras variables. Hacer las cosas bien no siempre da victorias en los equipos que acostumbro a entrenar.

Personalidad al servicio de un proyecto

Me da la sensación de que a directores deportivos y presidentes les llama la atención mi conocimiento y mi personalidad, pero yo creo que eso también les asusta, porque al no conocerme personal ni profesionalmente, pueden sospechar que les voy a apabullar o no voy a aceptar ser parte del Club con naturalidad. Siempre les digo lo mismo, no soy un actor y solo os lo podré demostrar si trabajo para vosotros

Equilibrio personal

Poco a poco aprendí a cuidarme para estar centrado y dar lo mejor de mí. Soy una persona muy familiar, como he comentado. Antes lo personal y familiar podía incidir en mi forma de afrontar mi trabajo y eso me confundía. Desde que me ordené mentalmente, aprendí a no mezclar. Eso me trajo más orden y menos dispersión para dar a cada parte su tiempo. No sé estar todo el día trabajando, aunque sí dedicado, ni todo el día solo viviendo para las exigencias de mi familia. Ese ha sido un de los cambios más decisivos y prósperos de mi trabajo como técnico.

No soy de recomendar nada a nadie. Pero a los jóvenes entrenadores que tienen la ilusión de entrenar en fútbol profesional les diría que no pierdan su vocación, que sean inquietos, que busquen y que diferencien lo que es el trabajo o proceso de lo que será el resultado. Vivirán más felices y serán más ellos mismos.

Ideas claras, metodología desarrollada a lo largo de los años, flexibilidad para adaptarse a la realidad de cada plantilla y club, exigencia máxima innegociable, atrevimiento, iniciativa, respeto, comprensión, pasión, vocación, inquietud permanente, equipo como proyecto de construcción colectiva… son algunas de las claves que identifican el trabajo de Míchel y su cuerpo técnico. Agradecemos que haya aceptado mostrarnos su filosofía y método de trabajo. Quien conoce bien a Míchel sabe que no es una persona dogmática, nos ha hablado de su método respetando que puede haber diferentes caminos para lograr un mismo objetivo. Este es su camino.

— José Carrascosa (Director Revista Saber Competir)

José Miguel González, Míchel

José Miguel González, Míchel

(Madrid, 1963) Es un exfutbolista internacional y entrenador español. Como futbolista, ocupaba la demarcación de interior derecho y formó parte de la conocida como «la quinta del Buitre» del Real Madrid. Fue internacional con la selección española en 66 partidos. Tras su retirada colaboró con los medios de comunicación, formó parte del equipo de comentaristas de Televisión Española. Después de una etapa como técnico en el Real Madrid Castilla, fue el director de la cantera del club blanco. Ha entrenado a diferentes equipos Getafe CF, al que clasificó al equipo para disputar la UEFA Europa League y logró el mejor puesto en Liga de la historia del club tras finalizar en sexta posición, Sevilla FC, Olympiacos, con el que ganó la Super Liga griega y la Copa nacional, Olympic de Marsella, Málaga CF y Pumas UNAM de México. Como futbolista destacó por su calidad e inteligencia sobre el terreno de juego. Como entrenador es un buen gestor emocional, de los que mejor gestiona la psicología individual y colectiva.

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