La inteligencia que EJECUTA y RESUELVE en FÚTBOL

José Carrascosa
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LA TRANSICIÓN AL DEPORTE DE ÉLITE, UNA VISIÓN PSICOSOCIAL

El concepto de inteligencia ha evolucionado mucho en los últimos años. Ya sabíamos que la inteligencia no se explica solo con la inteligencia cognoscitiva o capacidad de aprender, posibilidades de aprendizaje. Surgió la inteligencia emocional, porque saber gestionar las relaciones personales, las emociones propias y ajenas, también requiere de un comportamiento inteligente. Pero tampoco es suficiente. Vemos personas que son listas, tienen una buena capacidad de aprendizaje, también son sociables, cordiales, afables, empáticaspero tienen dificultades para evolucionar, ser eficaces y rendir de forma óptima. Quizás les faltan recursos para regular su propio aprendizaje y rendimiento, no disponen de herramientas o estrategias que le mantienen en el camino de aprender, mejorar, subir su nivel, superar dificultades… Nos referimos a competencias, recursos o herramientas que aprenden, ejecutan, resuelven, solucionan, son las competencias ejecutivas.

¿Qué es la inteligencia ejecutiva?

Las personas, a diferencia de los animales, reinterpretan las experiencias vividas y las emociones sentidas. Los animales tienen emociones, las personas tienen sentimientos que son emociones pensadas, interpretadas, reelaboradas. Lo sucedido entra en relación con experiencias anteriores guardadas en la memoria, con los propios valores, filosofía de vida, creencias… de forma que es percibido desde muchos filtros que llevan más a interpretar la situación que a verla tal cual se produce. De forma que no es cómo sucede, sino como cada uno lo ve. Nuestra mente reelabora y construye la propia realidad.

Desde un ejemplo de fútbol quiero ilustrar las diferentes inteligencias que se complementan entre sí. Un jugador en etapa cadete muestra mucha “calidad”, es decir mucha habilidad en el manejo de la pelota o dominio de gestos técnicos; además es alto, fuerte, rápido, es decir, tiene un desarrollo condicional muy por encima de los chicos de su edad. Este jugador llamará la atención a los responsables de captación y será considerado como un talento precoz. Pero ¿se conoce su inteligencia cognoscitiva, capacidad para aprender o potencial de aprendizaje? Pudiera ser que sea medio-baja con lo que a medida que aumente la complejidad táctica del fútbol podría encontrar dificultades para entender y dominar el juego, comprometiendo su desarrollo deportivo y no respondiendo a las expectativas generadas. Es un jugador que tiene una buena relación con los compañeros y técnicos, que ayuda a generar un clima cordial, es hablador, cordial, sociable, percibe cuándo un compañero necesita ayuda, es solidario, alegre, divertido… Estaríamos hablando de su inteligencia emocional. Pero, es disperso en su atención, le resulta difícil estar centrado en la tarea, es impulsivo, actúa por ensayo-error, es inseguro, se desanima cuando encuentra dificultades, no acepta las correcciones, se enfada si se le corrige varias veces… Ahora estamos haciendo referencia a su inteligencia resolutiva o ejecutiva. De esta forma, un talento precoz aparente estaría comprometido en su desarrollo por un potencial de aprendizaje limitado y por escasas competencias para gestionar la exigencia y la dificultad.

Las personas necesitan de unas competencias ejecutivas, que ayudan a ser eficaces, resolutivas, especialmente en el momento más exigente o difícil. Son herramientas de tipo mental y emocional, recursos relacionados con el proceso o metacognición, que ayudan a estar centrado en la tarea y resolverla de forma eficiente y eficaz. Las identificamos como competencias ejecutivas, son necesarias para aprender y desarrollar el talento. Sin estas competencias se compromete el desarrollo del talento.

Con el ejemplo de un buen estudiante acabamos de entender qué es la inteligencia que aprende o las competencias ejecutivas. Se trata de un buen alumno, inteligente, responsable, trabajador, con buenos hábitos de estudio, lleva un curso con una buena media en su expediente académico… Llega muy preparado a los exámenes de Selectividad. Pero, de forma sorpresiva obtuvo una nota en Selectividad por debajo de lo previsto. ¿Mala suerte?, ¿un mal día? ¡No! Su exceso de responsabilidad, perfeccionismo, inseguridad, nerviosismo… no le ayudaron a hacer un buen examen y le mermaron su rendimiento. Su “talento” o preparación no se expresó en su amplitud por no disponer de competencias ejecutivas, recursos mentales y emocionales que ayudan a ser eficaz.

¿Cuáles son las competencias ejecutivas, aquellas que forman la inteligencia que aprende, ejecuta, resuelve, ayuda a rendir y favorece el desarrollo del talento?, ¿qué desempeños o conductas identifican a cada una de estas competencias?, ¿qué comportamientos pueden ser indicadores de una escasa competencia ejecutiva?, ¿puede evaluarse o autoevaluarse la inteligencia ejecutiva a través de cada una de sus competencias?, ¿cómo se enseñan, se entrenan y se aprenden las competencias ejecutivas?

Las 12 competencias ejecutivas, recursos mentales-emocionales que otorgan eficacia y rendimiento

 

  1. Regular la ACTIVACIÓN, ajustar la energía o nivel de tensión

Cualquier actividad exige un nivel justo de energía. El futbolista debe saber regular su activación nerviosa de manera que encuentre el punto óptimo para realizar el mejor trabajo. Tanto cuando parece que falta energía (apatía), como cuando es excesiva (ansiedad) surgen dificultades para realizar un trabajo óptimo. Se ha de aprender a identificar el punto óptimo de activación y se han de conocer y manejar estrategias para aumentar o disminuir la activación nerviosa. Las técnicas de energetización ayudan a elevar la activación, mientras que las técnicas de control de la ansiedad ayudan a disminuir la activación o relajar.

Jugar bien requiere manejar dos niveles de activación. Sin balón, en tareas defensivas, se necesita una activación mayor que ayude a estar alerta, agresivo, tener intensidad para hacer bien el trabajo defensivo, ganar los duelos y recuperar el balón. En ataque, la activación ha de ser menor con balón, se requiere pausa, tranquilidad, jugar relajado para “jugar” con criterio, estar coordinado, preciso y sentirse bien en el manejo del balón. Así pues, el juego exige dos velocidades, mayor agresividad en defensa y tranquilidad, pausa o disfrute en ataque. Una activación excesiva (ansiedad) lleva a la precipitación, imprecisiones y errores. Una activación baja (apatía) impide tener un nivel competitivo.

  1. Focalizar la ATENCIÓN, mantener la CONCENTRACIÓN

Los jóvenes actuales están acostumbrados a realizar varias acciones a la vez, quizás favorecido por el abuso de las nuevas tecnologías. Hagan lo que hagan consultan continuamente el móvil, tengan o no notificaciones de avisos, mensajes, llamadas… Estudian con el móvil, en clase si pueden lo consultan por debajo de la mesa, en casa se ensimisman con el teléfono… Estos usos están educando una atención muy dispersa, volátil, que se mueve con facilidad, a la que le resulta difícil estar centrada, focalizada durante un largo rato en una misma tarea.

Entrenar y competir exigen un nivel muy alto de concentración. El fútbol va siendo cada vez más exigente a nivel atencional. Se juega con mucha rapidez, se ha de decidir antes de realizar el control, la atención debe estar focalizada sobre la tarea de forma que ayude a leer y resolver cada situación del juego con inteligencia o criterio. Focalizar la atención sobre la tarea hace que se perciba de forma nítida o clara, sin verse distorsionada por ningún otro estímulo, ni siquiera el propio diálogo interno.

El esfuerzo atencional que exige un partido no se puede dar cuando no ha habido un entrenamiento previo de la focalización de la atención que permita un control absoluto del foco atencional y permita estar centrado durante noventa minutos en el juego sin que nada desvíe la atención o rompa el foco. Muchos jugadores confían en su poder de concentración, pero se engañan. Les resulta fácil concentrarse en aquello que les gusta hacer, como jugar a la Play, pero encuentran dificultades en aquello que requiere un esfuerzo atencional. El control de la atención y la capacidad de concentración son claves para elevar el nivel competitivo.

  1. FLUIR, hacer que las decisiones fluyan

Jugar fácil, jugar de memoria, jugar con el piloto automático, sin pensar, está al alcance de muy pocos. Cuando la concentración es máxima el juego se procesa de manera simultánea e inmediata de forma que las decisiones surgen de forma espontánea, es decir fluyen, sin necesidad de pensarlas. Estar centrado en el instante presente ayuda a ver y jugar, leer y resolver el juego, con la sensación de no pensar.

Pero no es realmente cierto eso de jugar de memoria o sin pensar. La realidad es que una concentración máxima permite estar muy inteligente sobre el juego de forma que se lee y se resuelve cada situación, tal cual se produce. La sensación de no pensar se produce porque la máxima concentración impide procesar cualquier otro estímulo que no sea el juego, no existe diálogo interno, el tiempo desaparece, la fatiga se amortigua… Uno es lo que hace, se olvida hasta de sí mismo, simplemente juega. Es una experiencia autotélica, el objetivo es la tarea misma, vivirla con los cinco sentidos, sentir un disfrute intrínseco.

La concentración máxima o la atención plena ayudan a que la mente fluya, pero además se requiere un dominio de la tarea y una percepción de competencia. Nadie puedo lograr ese sentir que la mente fluye cuando inicia el aprendizaje de una tarea, no la domina y no se siente seguro en ella.

  1. Gestión de la MOTIVACIÓN, hacia la automotivación

El deseo, las ganas o el impulso necesario para entrenar y competir debe depender de uno mismo, no puede depender exclusivamente de circunstancias externas, como la capacidad motivadora del entrenador, vivir una dinámica de buen rendimiento, recibir halagos por parte de medios de comunicación, sentir el apoyo de los aficionados… Tampoco puede depender la motivación de objetivos o metas que escapan al propio control y sobre los que deciden otras personas, como jugar de titular, convencer al entrenador, ser un jugador referente en el equipo, ser convocado por la Selección Nacional… Motivaciones que dependen de factores o circunstancias externas sobre las que no hay pleno control: son válidas pero poco estables. Este tipo de motivaciones llevan a que la motivación del futbolista se vea zarandeada por los acontecimientos.

La motivación debe apoyarse en factores internos y sobre los que uno tiene todo el control. La motivación debe evolucionar a automotivación. Entre las motivaciones internas figuran el aprendizaje y la mejora permanente en cualquier ámbito del rendimiento y bienestar emocional, ser fiel a los propios valores, objetivos que dan sentido al trabajo diario, inventarse motivaciones “valiosas” o trascendentes relacionadas con la autorrealización personal…

  1. Gestión de las EMOCIONES, pensamiento realista, eficaz o positivo

Cómo pensamos tiene una relación muy estrecha con cómo sentimos, con nuestras emociones. Los pensamientos activan emociones concordantes y al revés: las emociones activan pensamientos, autodiálogos, expectativas, creencias… La interpretación afectiva que hacemos sobre las situaciones vividas es determinante sobre nuestra calidad de vida emocional, también sobre el rendimiento.

Hay estilos cognitivos o formas de pensar que generan problemas, lo ponen difícil, provocan malestar emocional y alejan del rendimiento óptimo. La negatividad en forma de subjetividad, preocupaciones recurrentes, responsabilidad excesiva, anticipar dificultades que no tienen por qué darse, perfeccionismo, rigidez de criterio… lo pone muy difícil, genera angustia o malestar y aleja del mejor trabajo posible. Entonces, uno se convierte en su mayor enemigo.

En cambio, un pensamiento más objetivo, realista, sin verse mediatizada por la carga emocional, próximo a los hechos, centrado en las posibles soluciones, paciente, perseverante, optimista… es un pensamiento más eficaz, que genera emociones positivas (ilusión, entusiasmo, optimismo, confianza, seguridad, disfrute…) y acerca al rendimiento óptimo. Ser realista o positivo ayuda a que la gestión emocional sea eficaz.

  1. AUTORREGULACIÓN de los impulsos, control de emociones negativas

El cerebro tiene un sistema activador y otro inhibidor de respuestas. No gestionar bien las pulsiones emocionales, especialmente cuando son negativas, puede convertirse en un serio problema. Es clave aprender a gestionar la frustración. Hay que entender la decepción o enfado puntual cuando no se cumplen las expectativas, pero rápidamente hay que volver al plano de la acción. Enfado y desánimo deben durar un instante. Cuando se da rienda suelta a dichas respuestas emocionales se pierde la referencia de la tarea, el foco sale de la acción, se rompe el flow, se bloquea el rendimiento. Y lo peor es que puede pueden derivar en comportamientos agresivos, expulsiones, bajar los brazos, conflictos con los compañeros o con el entrenador…

Regular los impulsos, reconducirlos y no permitir que afecten a la calidad de la tarea es una característica de inteligencia ejecutiva. Un error no puede sacar del partido y ser la fuente de sucesivos errores. La eficacia está reñida con dar rienda suelta a impulsos o emociones negativas. La emoción negativa más extendida entre los vestuarios del fútbol profesional es el enfado, no saber gestionar la frustración. Los enfados perjudican directamente a quien los sufre y al equipo.

  1. Elección de OBJETIVOS o METAS, objetivos efectivos e inteligentes

Proyectar o planificar es una característica esencial de la inteligencia humana. Las personas tienen la capacidad de planificar y establecer objetivos o metas. ¿Qué metas son más recomendables desde la motivación?, ¿cuáles son más motivantes?

Los enfoques pseudopsicológicos hablan de que es suficiente tener un motivo muy potente, muy ilusionante, para hacerlo realidad. Dicen “si lo sueñas, lo puedes conseguir”. ¡Absurdo! ¿Dónde queda la importancia de factores como el esfuerzo, el trabajo bien hecho y superar dificultades? Grandes metas y a largo plazo suelen convertirse en una gran frustración. Moverse por grandes metas aplazadas en el tiempo suele llevar implícito que no se prevean dificultades u obstáculos que pueden surgir, de forma que cuando surgen llevan al desánimo y al abandono. Es un pensamiento utópico, poco realista. Los objetivos o metas a corto plazo son motivantes, permiten organizar planes de acción diarios o semanales que son mucho más viables o asequibles, ayudan a poner la atención más en el proceso que en la meta, convirtiendo el camino en la auténtica meta.

Cierta dificultad atrae, es motivante. Lo imposible y lo fácil no resultan motivantes. Despiertan interés los objetivos internos, que tienen que ver con la autorrealización personal, también despiertan gran interés, más que objetivos externos que vienen impuestos. Alinear las propias motivaciones con los objetivos comunes o de equipo es un ejercicio que alimenta la motivación cuando se comprende el papel del equipo en la satisfacción de las metas individuales.

A modo de conclusión, son motivaciones efectivas las metas a corto plazo, que entrañan cierto grado de dificultad, pero son asequibles o se pueden conseguir, las que se viven como un desafío. También son más motivantes los objetivos internos que externos, especialmente los que ayudan a la autorrealización personal. Y se pueden convertir en motivaciones potentes los objetivos del equipo cuando se entiende el papel del equipo en el logro de los propios objetivos.

  1. Centrarse en la TAREA, iniciar, mantener y ajustar la acción

Estar centrado en la tarea, tenerla clara, haberla entrenado suficientemente, sentir que se domina, estar orientado a resolverla de forma eficaz, pretender hacerla acercándose a la excelencia, tratar de hacerla mejor que el rival… es una manera de vivir la competición que favorece el rendimiento óptimo y ayuda a ser perseverante, insistir y buscar soluciones cuando surgen dificultades.

Estar centrado en la tarea, haberla preparado, tenerla organizada, tener la decisión de hacerla, hacerla con el mayor esfuerzo y desde el mejor trabajo, hacerla atendiendo al feedback que ofrece el desarrollo mismo de la tarea para introducir ajustes, apoyarse en pequeñas autoinstrucciones que ayudan a estar más observador o analítico… son procesos que acercan al rendimiento óptimo.

Lo contrario es orientarse al resultado, a ganar, superar al rival, lograr los tres puntos, mejorar en la clasificación… Estar orientado al resultado exclusivamente puede restar calidad al desarrollo del proceso y llevar al exceso de responsabilidad. Cuando surgen dificultades se es más vulnerable, la frustración es mayor y puede llevar al abandono más fácilmente que cuando se está centrado en la tarea.

  1. RESILIENCIA, superar dificultades

Los jóvenes de esta sociedad pueden ser la generación más preparada de la historia de la humanidad. Tienen formación, hablan idiomas, manejan las nuevas tecnologías, se mueven por el mundo… Se puede afirmar lo mismo en el contexto del fútbol, entrenan desde bien pequeños en escuelas en las que se trabaja muy bien, tienen calidad, un buen desarrollo físico, entienden el juego… Pero cuando sus expectativas no se ven cumplidas o surgen dificultades suelen bajar la cabeza y los brazos. Se desaniman o se enfadan y les entra la tentación de abandonar. Son poco resilientes.

La dificultad y la exigencia viven entre nosotros. El fútbol está evolucionando hacia una mayor exigencia emocional. Intensidad, concentración, decidir rápido, confianza, gestión del error, trabajo en equipo… son exigencias del fútbol actual. Estar centrado en la tarea no es suficiente si cuando surge la dificultad entran dudas, surge la inseguridad, el desánimo o los enfados, porque entonces el talento no se muestra y el rendimiento se bloquea.

Hay que entender la dificultad, aceptarla y estar preparado para gestionarla de forma eficaz, es decir, vivirla como un desafío, seguir inteligente, concentrado, esforzarse, insistir y perseverar en las soluciones y el trabajo. No llegan necesariamente los mejores, sino aquellos que mejor superan las dificultades.

  1. FLEXIBILIDAD, adaptarse a los cambios, sentido relativo de las opiniones

Vivimos en una sociedad en permanente cambio o evolución, más aún en esta etapa de pandemia en la que la hay una gran incertidumbre. Además, es una sociedad de la diversidad en la que conviven diversas culturas, filosofías de vida, valores, creencias… No hay una verdad absoluta, ni tampoco algo es así para toda la vida. Es necesario estimular el sentido relativo de las opiniones, nadie está en posesión de la verdad, es según el punto de vista de cada uno. También es necesario educar en la adaptabilidad a los cambios, aceptar, convivir y gestionar los imprevistos. Hay que estar preparado hasta para los imprevistos.

Hay personas demasiado rígidas en su forma de pensar, no aceptan otros puntos de vista, no están dispuestas a revisar, ajustar o cambiar su criterio. Necesitan tenerlo todo ordenado, previsto, controlado, lo que les transmite seguridad. Pero quizás es una expectativa imposible de cumplir porque el imprevisto vive a la vuelta de la esquina. Hay que educar y aprender en la flexibilidad y en la adaptación a los cambios. Ese futbolista que necesita que sus rutinas no se vean alteradas, sus criterios no se cuestionen, sus hábitos no se cambien… es vulnerable y va a sufrir ante la diversidad y el cambio con ellos que ha de vivir en el día a día.

  1. AUTOCONFIANZA, percepción de competencia, estar preparado

Si no crees en ti mismo, no puedes esperar que los demás lo hagan. Es clave no perder nunca la referencia de quién es uno y cómo es capaz de trabajar cuando lo hace al máximo nivel. Lo que no está reñido con identificar los aspectos en los que seguir mejorando. La vida y el fútbol exigen ser proactivo, tomar la iniciativa, ir y provocar lo que se quiere que suceda. No es posible hacerlo con dudas o inseguro. Cuando se espera que a uno le den confianza se quedará esperando porque lo que recibirá es mucha exigencia siempre. Esperando la confianza transmitirá inseguridad.

El fútbol está evolucionando hacia una mayor exigencia emocional. La autoconfianza es clave para jugar, intenso, concentrado, ser vertical, jugar a uno o dos toques, decidir rápido, incluso antes del control… Sin confianza no se puede jugar a este fútbol, se juega con dos velocidades menos.

La buena autoconfianza es la que se genera a partir del esfuerzo y el trabajo diario. La autoexigencia lleva a elevar el nivel progresivamente y con ello a crecer también en autoconfianza.

  1. TRABAJO en EQUIPO, trabajo colectivo, ser y hacer equipo

El fútbol es un deporte de equipo en el que se exige un trabajo colectivo, dentro y fuera del terreno de juego. Es necesario crear un clima de trabajo y de convivencia que inviten a trabajar y convivir a gusto, respetar unas normas básicas que favorezcan el clima de trabajo y convivencia, compartir unos valores, aunar esfuerzos para lograr unos objetivos comunes, dotar al equipo de unas señas de identidad… Todos están llamados a comprometerse para ser y trabajar en equipo.

El equipo cobra especial importancia cuando el futbolista comprende cómo debe relacionarse con él. El equipo no está por encima ni por debajo del talento individual. La relación jugador-equipo debe ser de complicidad para complementarse mutuamente. El futbolista le dará al equipo lo mejor de sí mismo porque el equipo le facilitará satisfacer el logro de objetivos y metas a las que es mucho más fácil acceder desde el éxito del equipo. El equipo necesita de la suma de talentos individuales para crear un talento colectivo potente, pero a su vez el equipo hace mejor a sus jugadores desde un contexto de trabajo colectivo.

Conviene recordar el concepto de “inteligencia distribuida” o colectiva (Levy, P.). El saber, conocimiento, experiencia, puntos de vista, competencias de cada uno puesto al servicio de un trabajo cooperativo o en equipo genera una inteligencia nueva de tipo colectiva que multiplica exponencialmente a la inteligencia individual. Esa inteligencia colectiva a su vez desarrolla la inteligencia individual. ¿Qué potencial de conocimiento, experiencia y soluciones guarda un equipo con veinticinco jugadores y otros veinte técnicos? La inteligencia colectiva no es la suma de talentos individuales sino una inteligencia nueva, diferente y mucho más potente. El equipo piensa, siente y genera su propia inteligencia. ¿Saben los entrenadores cómo gestionar esta nueva inteligencia? El enfoque directivo desde el que el entrenador habla y el jugador escucha se aleja mucho de lo que se diera hacer, estimular la comunicación, crear redes de comunicación en todas las direcciones, favorecer la participación activa por parte del futbolista, su observación, análisis, reflexión, toma de decisiones, experimentación…

Desarrollar el talento, entrenar competencias ejecutivas

El talento, individual y colectivo, cobra sentido cuando se expresa en su plenitud y se hace al servicio del equipo. Cuando el talento no se expresa como es, no muestra toda su preparación ni se acerca al trabajo óptimo, no puede hablarse de talento efectivo, eficaz, resolutivo o ejecutivo. Cuando el talento no se expresa tal cual es, de forma espontánea, se debe a muchos factores, como poco esfuerzo, confusión o dudas respecto a la tarea, escaso entrenamiento, escasa activación, poca concentración, exceso de responsabilidad, timidez, frustración, desánimo, excesivo individualismo…

Las competencias ejecutivas se enseñan, se aprenden y se entrenan hasta llegar a ser hábitos de comportamiento e incorporarse a la tarea misma. Las competencias ejecutivas acaban siendo un comportamiento óptimo en los entrenamientos, competiciones, convivencia con compañeros y en el estilo de vida, pasan a ser una forma de entrenar, de competir, de ser y comportarse. El trabajo del psicólogo del deporte es clave en el aprendizaje y entrenamiento de las competencias ejecutivas. Su labor es necesaria, pero resulta suficiente. Al trabajo del psicólogo del deporte debe sumarse el trabajo del entrenador y técnicos, la colaboración del entorno familiar, la cultura interna del club. El aprendizaje de las competencias ejecutivas es el resultado de un entrenamiento que se produce de manera transversal, desde cada diferentes ámbitos, como la labor educativa por parte del entrenador y técnicos, el entrenamiento o apoyo psicológico, la educación desde el entorno familiar, la cultura del club…

El talento sirve de poco cuando no se apoya sobre competencias ejecutivas. El talento “salvaje” suele ser poco productivo y convertirse en un talento “inútil”. Desde el entrenamiento y aprendizaje de competencias ejecutivas el talento evoluciona y se transforma en talento trabajador, solidario, resiliente, inteligente y efectivo, sin perder su esencia. Hasta tal punto que el concepto de talento pierde su sentido si no se habla realmente de “desarrollo del talento”.

Todo lo desarrollado en este artículo es aplicable a cualquier otro deporte, individual o colectivo, y a cualquier ámbito de la vida.

Bibliografía

  • Barkley, Russell, A. (2012) Executive Functions. The Guilford Press, New York.
  • Jensen, Eric (2010). Cerebro y aprendizaje. Competencias e implicaciones educativas. Narcea, Madrid.
  • Marina, José A. (2012) La inteligencia ejecutiva. Ariel, Barcelona.
  • Sousa, David. (2014). Neurociencia educativa. Narcea, Madrid.
  • Marina, J.A y Pellicer, C. (2015) La inteligencia que aprende. Santillana, Madrid
José Carrascosa

José Carrascosa

Pionero de la psicología del deporte en España, ha trabajado durante más de 25 años con deportistas, entrenadores y equipos profesionales de primer nivel, ha colaborado en logros deportivos de sus clientes (ascensos, títulos nacionales y europeos, marcas europeas y mundiales, medallas olímpicas). Ha ayudado a que haya cambiado la percepción sobre las emociones y el alto rendimiento, desde “echarle güevos” a “competir”, desde el desconocimiento a la toma de conciencia del papel de las emociones sobre el rendimiento y el bienestar. Se considera un “artesano” de la educación y desarrollo emocional