Error, frustración y aprendizaje

José Carrascosa
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Error, frustración y aprendizaje

Cometer un error, equivocarse, tiene muy mala prensa

“…es terrible cometer un error, más aún si es en público…”, “…cómo me he podido equivocar de esa manera…”, “…no me puedo creer que haya fallado en esa jugada…”, “…parece que no sepa jugar…”, “…tras este fallo qué dirán…”, “…el entrenador me va a sacar del equipo…”

Existe una cultura en que el error es sinónimo de torpeza, escaso nivel, falta de actitud. El jugador no entiende sus propios errores, le alteran, le sacan del partido, le enfadan, le llenan de inseguridad. Algunos niños lloran mientras entrenan cuando no lo hacen bien, a los más adultos les estalla su frustración en forma de enfados, desánimo, inseguridad, los entrenadores tienden a pensar que no tiene nivel, los padres se avergüenzan. Es una concepción o interpretación equivocada del error la que tiene nuestra sociedad, ya que se asocia a escaso nivel, falta de concentración, falta de actitud, exceso de confianza, poco carácter. Es muy equivocada y conlleva muchas consecuencias, todas ellas negativas.

Se da demasiada importancia al error, no se acepta la posibilidad de equivocarse, se piensa que quien se equivoca es que no está preparado o no vale. Esta cultura negativa del error tiene graves consecuencias:

  • miedo a equivocarse
  • temor a fallar
  • pánico a hacerlo en público por el qué dirán
  • recorte de oportunidades a quienes se equivocan
  • limitar la creatividad y el emprendimiento
  • aislamiento social
  • malestar emocional

Vivimos en la mentira de que “los buenos no se equivocan”. Esta sociedad tiene puesto el foco en el error, vende más el error que el acierto, el error llega a ser ridiculizado por la opinión pública y llega a ser objeto de “agresión” en las redes sociales (opiniones hirientes, descalificaciones, memes, bullying…).

El “temor a fallar” multiplica los errores y el malestar emocional

La inseguridad es fuente de errores. Cuando no se acepta la posibilidad de cometer un error la atención se focaliza en no fallar. Entonces uno se aleja de su mejor trabajo, del rendimiento óptimo. Entrenar o competir pendiente de no cometer un error no permite que se exprese el talento en su amplitud porque:

  • la atención se reparte entre la tarea y no fallar
  • la responsabilidad se vuelve excesiva
  • la autoconfianza disminuye
  • la activación es excesiva (ansiedad)
  • los músculos se tensan
  • disminuye la coordinación motora
  • se pierde precisión en los gestos técnicos y acciones
  • las tomas de decisión se vuelven más lentas e imprecisas…

Queriendo no cometer errores se trabaja de forma perfecta para no dar pie con bola, expresar el talento con torpeza, de forma imprecisa, tímida, medrosa. Pretendiendo no equivocarse se precipitan los errores.

Además, cuando se precipita el error, desde la escasa tolerancia al error y el temor a fallar, la respuesta a nivel emocional suele ser muy negativa. Surgen unas emociones que invaden y bloquean: inseguridad, crispación, frustración, enfado, diálogo interno lleno de reproches para consigo mismo, anticipar dificultades que precipitan más errores, se pierde el foco atencional respecto a la tarea… Cuando se vive de forma habitual uno entra en bucle, se precipitan pensamientos rumiantes o repetitivos sobre los errores cometidos, inseguridad, temor a volver a competir,  aislamiento social asociado al bajón emocional y por miedo a las críticas. El temor al error pasa factura sobre el rendimiento y lo peor es que lo hace sobre el bienestar emocional.

Antes de continuar, es conveniente que realices una evaluación de cómo gestionas los errores y cómo convives con la posibilidad de cometerlos. Te facilitamos una herramienta práctica para hacerlo:

 

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El error forma parte del proceso de aprendizaje

La realidad es radicalmente diferente. El error forma parte del proceso de enseñanza-aprendizaje. Los primeros intentos o ensayos cuando se aprende una conducta, un gesto técnico, una acción táctica o cualquier otro aprendizaje suelen ir acompañados de un porcentaje amplio de errores que se van reduciendo a medida que avanza el aprendizaje. El aprendizaje es un proceso que va desde el primer intento, pasando por mejorar progresivamente el dominio, hasta acabar en la interiorización o automatización de lo aprendido.

En dicho proceso el error va reduciéndose de más a menos. De todas formas, los errores pueden seguir produciéndose cuando ya se ha consolidado el aprendizaje, aunque sean de forma más puntual. Somos personas y no somos máquinas. En las ciencias humanas (psicología y pedagogía) el criterio de dominio para establecer que un aprendizaje está realizado y consolidado es realizar la conducta aprendida en cuatro intentos de cada cinco. ¿qué quiere decir esto? Pues que cuando ya se ha producido un aprendizaje existe un margen de error del veinte por ciento. En fase de aprendizaje el porcentaje de error aún es mayor, lógicamente. Si en una cadena de producción cualquier máquina tiene un porcentaje de error o deshecho, aunque sea mínimo, ¿cómo las personas no vamos a equivocarnos?  Existen otras variables, más allá de estar aprendido, que inciden en los errores, como la concentración, motivación, impulsividad, la experiencia previa de refuerzo o castigo social recibido, modelos a partir de los que se ha aprendido a gestionar el error…

El error enseña, del error se aprende

El error es también una fuente de aprendizajes. Aceptar la lógica del error, entender y aceptar la existencia del error como un elemento más en el proceso de aprendizaje, gestionar de forma eficaz el error tiene consecuencias muy positivas:

  • El error favorece la autoevaluación. Estimula una actitud autocrítica, de revisión y reflexión sobre el propio comportamiento.
  • El error compromete con el aprendizaje. Ayuda al aprendizaje como proceso de desarrollo individual y de por vida.
  • El error estimula el aprendizaje de nuevas competencias. El error diagnostica, prescribe y lleva a entrenar o desarrollar competencias nuevas. El error bien gestionado hace más competentes a las personas y equipos, eleva el nivel de competencia.
  • El error bien gestionado libera de temores y miedos, hace a las personas más valientes, más atrevidas, más proactivas, más emprendedoras, más autónomas, y se podría decir más libres. Los miedos limitan y atan, hacen prisioneros a quien los sufren.
  • El error bien gestionado abre nuevas y mejores oportunidades, ayuda a mejorar proyectos posteriores y elevar su nivel de calidad. Los mejores proyectos requieren intentos previos en los que se han dado errores, es muy difícil que se dé el éxito de un proyecto en el primer intento y sin experiencia previa.

El error hace a las personas y equipos más resilentes

No hay mayor desgracia que no equivocarse nunca porque presupone situaciones todas ellas negativas, como sobreprotección desde la familia, ningún grado de autocrítica, y ninguna tolerancia a la frustración.

Entender la posibilidad del error y saber gestionar los errores hace a las personas más fuertes ante la exigencia y la dificultad, más resilientes. No llegan los mejores, sino aquellos que mejor superan las dificultades, es decir los que mejor gestionan sus errores.

El portero sabe que en algún momento «la va a liar»; el centrocampista sabe que en alguna ocasión el rival hará que se equivoque y pierda la pelota en zona comprometida; el delantero centro también sabe que puede suceder que perdone al rival no definiendo con acierto en una ocasión clara de gol. Entender la posibilidad, que pueda suceder un error, comprender que forma parte del trabajo del portero, del centrocampista o del delantero libera del temor a fallar, otorga atrevimiento, refuerza la autoconfianza y favorece que se exprese el mejor trabajo.

El error fomenta el emprendimiento y la autonomía emocional

No se equivoca quien no lo intenta, ni se atreve. Pero quien no lo hace, intentarlo y atreverse, no aprende, no evoluciona ni se desarrolla. No equivocarse invita a no salir de la zona de confort, no asumir iniciativas, no arriesgar, es decir no moverse de la rutina. El atrevimiento genera cierta tensión, da vértigo, pero es una tensión positiva que ayuda a crecer. El temor o miedo supone una tensión limitante o incapacitante que bloquea el comportamiento.

Por tanto, entender, aceptar y saber gestionar el error hace que las personas sean más proactivas, tengan más iniciativas, sean más creativas, más emprendedoras, más autónomas, sean más libres. Hay que atreverse siempre, hasta para equivocarse.

¿Cómo gestionar el error de forma eficaz?

Sugiero a continuación una estrategia que otorga eficacia en la gestión de los errores:

  • PASO 1Entender la lógica del error.
    Saber que el error forma parte del aprendizaje, aceptar la posibilidad de cometer un error.
  • PASO 2No confundir posible y probable.
    Existe la posibilidad de equivocarme no quiere decir que vaya a suceder. La posibilidad existe, está ahí, el error vive a la vuelta de la esquina. Que sea más o menos probable dependerá de uno mismo, de su preparación, de la calidad de su trabajo, de la concentración, motivación, tranquilidad y autoconfianza con la que se desarrolla la tarea. La posibilidad existe, no quiere decir que se vaya a dar, el grado de probabilidad lo gestiona uno mismo.
  • PASO 3Preparar a fondo la tarea o ejecución
    Entrenar bien, reduce el margen de error. Cuanto mejor preparado está uno, menos probabilidad tiene de equivocarse, de cometer errores. Improvisar incrementa el riego de errores.
  • PASO 4Desarrollar la ejecución de forma plena
    Con ilusión, tranquilo, concentrado, inteligente, ajustándose al plan preparado, tomando decisiones con fluidez, de forma decidida, con confianza, sin dudas, sintiendo el disfrute intrínseco al esfuerzo y trabajo bien hecho.
  • PASO 5Entender, aceptar el error y seguir trabajando de forma concentrada.
    No permitir que el error retire el foco atencional de la tarea y ponga en marcha el diálogo interno recurrente que rechaza y reprocha el error cometido.
  • PASO 6Mantener la ilusión y seguir tranquilo
    Se trata de gestionar la frustración o reconducir el enfado, la inseguridad y el desánimo. La frustración está reñida con el trabajo bien hecho, puede sentirse un poco pero no se le puede dar rienda suelta y dejar que permanezca porque entonces bloquea la ejecución correcta de la tarea.
  • PASO 7Concluida la tarea se evalúa su desarrollo.
    Primero conviene identificar los aspectos más positivos de la tarea realizada, lo bien hecho, y valorar el mérito que conlleva. A continuación, hay que identificar el error o errores para gestionarlos con eficacia.
  • PASO 8Relativizar la importancia del error.
    Al error no se le puede dar una importancia mayor de la que tiene. Una acción equivocada no puede sesgar un trabajo bien hecho y dejar una mala sensación. Un error durante el partido no puede fijarse en la atención como si fuera lo único sucedido hasta el punto de obviar un trabajo bien hecho.
  • PASO 9Trabajar para corregir el error.
    No tiene sentido rumiar el error todo el tiempo, lamentarse y reprocharse. Es clave ser inteligente para ver dónde se ha de trabajar para mejorar. En el deporte el error se corrige entrenando o tomando nota para estar más listo y corregirlo en el siguiente partido. El error no se corrige preocupándose, lamentándose, menos aún durante el partido.

El perfeccionismo es enemigo del aprendizaje y desarrollo deportivo-profesional

Algunas personas nunca se sienten satisfechas de su trabajo bien hecho. Piensan que podrían haberlo hecho mejor, piensan que siempre se puede hacer mejor. Son perfeccionistas. Me resulta difícil de entender que el perfeccionismo esté tan bien visto y tenga mucha mejor prensa que el error. Como que es muy “guay” quien se exige al máximo y nunca se permite la alegría de estar satisfecho.

El perfeccionismo es una actitud muy negativa porque limita el rendimiento, dificulta el trabajo en equipo y es fuente de malestar emocional. Los perfeccionistas en el fondo son personas inseguras, rígidas, poco flexibles, temerosas, que tienen a revisar demasiado su ejecución, les hace ser lentas y equivocarse. Los perfeccionistas son personas rígidas, excesivamente previsores, poco flexibles, gestionan mal los cambios, imprevistos o dificultades, poco perseverantes. Los perfeccionistas son personas son personas ansiosas, preocupadas, excesivamente responsabilizadas, inseguras, focalizadas en no cometer errores, son personas que sufren de forma innecesaria porque suelen ser inteligentes y capaces, pero su perfeccionismo les hace poco competentes. Por último, las personas perfeccionistas resultan insoportables en el trabajo en equipo, son egoístas, quieren hacerlo todo, no son cooperativos, no delegan en los compañeros de equipo, transmiten su malestar, resultan “tóxicas” para el equipo de trabajo. A modo de resumen, el perfeccionismo genera malestar emocional, limita el rendimiento y dificulta el trabajo en equipo.

Te ofrecemos el decálogo del error para que sepas convivir con su posibilidad y puedas gestionarlo de forma positiva:

 

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A modo de conclusión

Acepta que te puedas equivocar y lo harás menos. Cuando lo hagas, entiéndelo, toma nota y utilízalo para aprender. No des importancia al error, no lo exageres, ni dramatices, sé práctico, es decir identifícalo y trabaja para mejorar en el momento en que tengas que hacerlo. Un error nunca te puede hacer tambalear a nivel emocional. No temas al qué dirán, atiende a tu criterio, no seas tan sensible con las opiniones ajenas. No sacrifiques tu creatividad y atrevimiento temiendo equivocarte, no hipoteques tu bienestar por un error, tu vida vale mucho más que pretender ser perfecto. «Don perfecto» no vino a este mundo y ya se sabe eso del «repelente niño vicente». Pretender saberlo todo aleja o pone distancia. ¡atreverse, siempre, hasta para equivocarse!

José Carrascosa

José Carrascosa

Pionero de la psicología del deporte en España, ha trabajado durante más de 25 años con deportistas, entrenadores y equipos profesionales de primer nivel, ha colaborado en logros deportivos de sus clientes (ascensos, títulos nacionales y europeos, marcas europeas y mundiales, medallas olímpicas). Ha ayudado a que haya cambiado la percepción sobre las emociones y el alto rendimiento, desde “echarle güevos” a “competir”, desde el desconocimiento a la toma de conciencia del papel de las emociones sobre el rendimiento y el bienestar. Se considera un “artesano” de la educación y desarrollo emocional

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