Entrenar la autoconfianza

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Entrenar la autoconfianza

“No tengo confianza, me siento inseguro”

Hasta los mejores esperan sentir confianza, esa que ellos mismos saben les ayuda a marcar la diferencia. Dicen, “cuando tengo confianza soy un jugador de nivel, cuando no la tengo parece que no sepa jugar”, “el gol me ha dado confianza”, “necesitaba hacer un buen partido para coger confianza”, “necesito sentirme importante para mis compañeros”, “necesito minutos y partidos para coger confianza”. La desean como el elixir del rendimiento. La autoconfianza es un factor clave en el rendimiento. Si la confianza se tomara en pastillas, se tomarían todos los días; si se pudiera comprar en grandes almacenes, lideraría sus ventas… La autoconfianza no se compra ni se regala, se trabaja y se entrena.

Qué es la autoconfianza

“Necesito sentir la confianza del entrenador”

La autoconfianza suele depender de factores externos que escapan al control en la mayoría futbolistas profesionales. Sobre la autoconfianza suelen mandar circunstancias ajenas a ellos, siendo una autoconfianza inestable, fluctuante, variable. Esa autoconfianza depende mucho de factores como el entrenador, jugar o participar en los partidos de forma continuada, la dinámica de rendimiento, las opiniones de los medios de comunicación, el apoyo de los aficionados… La autoconfianza alimentada por otros o por las circunstancias es una autoconfianza zarandeada, que va y viene a merced de los acontecimientos, que cotiza al alza o a la baja según vaya aconteciendo. Este hecho explicaría que el rendimiento sea irregular o poco estable.

Tener la llave de la autoconfianza

 Tener la llave de la autoconfianza ayuda a un rendimiento más regular o estable. Tener el control de la autoconfianza es un signo de autonomía emocional, de saber estar por encima de las circunstancias. Debemos ser dueños de nuestra autoconfianza. El trabajo psicológico favorece una autoconfianza realista, estable y madura. ¿Cómo se hace?, ¿cómo lograrlo?

Creer en uno mismo y en su trabajo

¿Qué es la autoconfianza? No voy a echar mano de definiciones de autor, mi interés es que se entienda claramente qué es y en qué consiste la autoconfianza.

La autoconfianza es el conocimiento claro, objetivo y realista de quién es uno, de cómo es capaz de trabajar. Conocerse bien, identificar las propias cualidades, saber cuáles son las propias armas y creer en ello es la base de la autoconfianza, es decir, saber que tienes nivel, que estás trabajando bien, que estás subiendo tu nivel y saber que eres capaz de trabajar más y mejor que el rival.

 

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El talento no se olvida ni se desaprende, evoluciona y crece

Si analizamos las cuatro variables del rendimiento estaremos de acuerdo en que tres variables son estables, en todo caso evolucionan, mejoran, se desarrollan. Solo una variable del rendimiento es cambiante o inestable. La calidad técnica, la habilidad en el manejo del balón, el dominio de gestos técnicos y acciones son estables, permanecen, no se desaprenden, en todo caso mejoran con entrenamientos y partidos. La comprensión o dominio táctico del juego, desde la posición o rol que se desempeña en el equipo, también es estable, aumenta con el trabajo en entrenamientos y partidos, pero no se olvida, ni se desaprende. La calidad técnica y el dominio táctico se identifican con el talento del futbolista. Por tanto, se podría concluir que el talento es estable, permanece, en todo caso mejora o se desarrolla con trabajo y entrenamiento.

La condición física también es un factor estable del rendimiento. Conforme trabajan en la actualidad los preparadores físicos se garantiza un estado de forma estable durante toda la temporada. Puede ser que disminuya la condición física debido a una lesión o un problema de salud, pero una vez recuperado, la condición física vuelve a ser estable.

Se ha de aceptar que el estado de ánimo es variable o cambiante. Es la única variable del rendimiento que no es estable. Con el trabajo psicológico se puede ganar autonomía emocional logrando que el estado de ánimo sea estable, llegando al equilibrio emocional como estado emocional habitual. No es posible que el propio estado de ánimo mediatice la percepción que un tiene sobre su propio nivel de competencia. Tener un rol secundario en el equipo, participar poco en los partidos, excesivas correcciones por parte del entrenador… acaban influyendo en el estado de ánimo y distorsionan la percepción de competencia. Puede que uno no se sienta igual de competente cuando se precipitan circunstancias adversas, pero es el mismo de antes, con el mismo nivel de competencia. Puede que el talento no se perciba como antes de surgir las dificultades, pero sigue intacto, permanece, sigue estando dentro del futbolista.

Generar confianza desde el trabajo  

El futbolista espera que el entrenador le dé confianza, ha de sentir que el entrenador le valora y cuenta con él. Es una expectativa absurda.

La realidad dice que el entrenador espera ver a un futbolista preparado para competir, seguro, confiado, atrevido. Cuando se espera que a uno le den confianza es que anda bastante inseguro. Por lo que esperando confianza se transmite inseguridad, dudas… que no se está preparado para competir. Esperar confianza acaba dando la razón al entrenador, no se está preparado y ello se proyecta desde el trabajo en entrenamientos y partidos.

Lo cierto es que se ha de proyectar confianza desde el trabajo bien hecho para que los demás resuelvan sus dudas y confíen. Solo se puede proyectar confianza cuando se realiza un trabajo óptimo, para el que se necesita de una buena autoconfianza. No se puede pretender que confíen en uno si uno no confía en sí mismo.

Problemas con la autoconfianza

La autoconfianza puede encontrar problemas cuando no se ajusta a la realidad, tanto por exceso como por defecto. Cuando uno se percibe con cualidades o capacidades que realmente no tiene, hablamos de un exceso de confianza. No es lo habitual. En cambio, cuando uno duda respecto a cualidades de que dispone, hablamos de un déficit o falta de confianza. La autoconfianza debe apoyarse en el conocimiento claro, objetivo y realista de uno mismo.

Una buena autoconfianza es compatible con tener identificados los aspectos a mejorar, aquello que uno quiere hacer mejor o en lo que uno quiere ser mejor. Trabajar, mejorar, elevar el nivel y percibir dichos avances o logros también construyen una buena autoconfianza.

Quiero dejar bien claro que nunca es un problema tener una sólida autoconfianza, apoyada en cualidades o hechos tangibles. Saberse capaz de marcar la diferencia cuando es así, es muy bueno. Los entrenadores tienen temor a que una sólida autoconfianza derive en bajar la activación, perder motivación o disminuir el esfuerzo. Si es así, será un problema de activación, motivación o esfuerzo y habrá que trabajar sobre ello. Hay que vincular una sólida confianza al máximo esfuerzo, una óptima activación, una ambición permanente, ser insaciable en aprender y mejorar, pero no hay que temer a una sólida autoconfianza siempre que sea realista, apoyada en sólidos argumentos.

Cómo se puede sujetar la autoconfianza

La cabeza es muy caprichosa. Desde la lógica de las emociones, en los momentos de exigencia y dificultad el foco tiende a dirigirse a la responsabilidad, a hacerlo bien y no fallar, a demostrar, convencer, lograr los objetivos, a la importancia del partido… lo que agranda las dudas y debilita la autoconfianza.

Podríamos hablar de qué suma y qué resta autoconfianza. El exceso de responsabilidad, la autoexigencia desmesurada, el perfeccionismo, anticipar dificultades, tratar de agradar y convencer, sentir la urgencia o necesidad de rendimiento, dudar… son actitudes que siempre restan confianza.

La autoconfianza siempre se verá reforzada atendiendo a los siguientes aspectos:

  • MIS CUALIDADES. Recordar quién es uno y cómo es capaz de trabajar, a qué nivel es capaz de hacer su trabajo y de competir apoyado siempre en hechos o situaciones como esos partidos en los que el rendimiento ha sido óptimo.
  • CLARIDAD DE LA TAREA. Tener clara la tarea a desarrollar, comprenderla y sentirse competente en ella refuerza la autoconfianza.
  • PERCIBIR LOGROS, AVANCES Y MEJORAS. En el propio compromiso de aprender, mejorar, querer ser mejor, es muy positivo identificar la mejora por pequeña que sea. Percibir los progresos o avances, sorprenderse con cada logro también ayuda a construir la autoconfianza.
  • ESFUERZO Y TRABAJO BIEN HECHO. La buena autoconfianza se deriva del máximo esfuerzo y del trabajo bien hecho. El hecho de entrenar muy bien va dejando huella sobre el sentimiento de competencia. Trabajando duro y trabajando bien la confianza llega como consecuencia.
  • IDENTIFICAR PUNTOS DÉBILES DEL RIVAL. Siempre se puede establecer competencia con compañeros y rivales por trabajar más y mejor, no tanto por ganarles, sino por hacerlo mejor que ellos. Percibir los puntos débiles del rival durante el partido potencia la autoconfianza, sentir que uno puede hacer aportaciones diferentes a las de los compañeros de la misma demarcación en beneficio del equipo también potencia la autoconfianza.
  • MENTALIDAD “TODOTERRENO”. Potenciar la autonomía emocional o aprender a estar por encima de las circunstancias otorgan la llave de una sólida autoconfianza. Cuando uno asume que nada ni nadie debe impedir hacer su mejor trabajo, está potenciando la autoconfianza.

¿Cómo se puede entrenar la autoconfianza?

Desde el desafío de sujetar, anclar o ser dueño de la autoconfianza se ha de trabajar diariamente en la construcción de un sentimiento de competencia sólido, estable, tolerante con el error, que sepa interpretar bien éxito y fracaso, una sólida autoconfianza. Si lo hace el entrenador desde su metodología de trabajo, mejor que mejor. Pero siempre debe hacerlo uno mismo. Si el entrenador me ve o no me ve no es importante, la clave está en que yo me vea, nunca olvide quién soy y confíe en mi trabajo.

En el momento actual es más habitual la inseguridad y falta de confianza que el exceso de confianza. La exigencia suele ir acompañada de un exceso de responsabilidad que se traduce en una autoconfianza dubitativa. Es aconsejable ejercitar la autoconfianza, sin autoengaño alguno, para que ante la exigencia y la dificultad esté debidamente engrasada o preparada, no se arrugue y dé un paso al frente.

¿Cómo se puede entrenar la autoconfianza?

  • IDENTIFICAR LAS PROPIAS CUALIDADES. Hacerse una “foto” exacta que identifique en detalle las propias cualidades y competencias ayuda a conocerse e identificar las propias armas. Pueden escribirse sobre una tarjeta y plastificarse para tenerla en la bolsa de aseo como un apoyo o recordatorio del que echar mano en la exigencia y dificultad.
  • PONER ÉNFASIS EN LA TAREA. ¿Qué me pide el entrenador?, ¿qué me pide hacer el partido? La claridad de la tarea incrementa la percepción de competencia.
  • ESFUERZO Y TRABAJO BIEN HECHO. Conducirse por los valores de esfuerzo y trabajo genera hábitos o automatismos tanto técnico-tácticos como emocionales. El mejor desafío es hacer mi mejor trabajo, no hay excusa para no hacer mi mejor trabajo.
  • ESCRIBIR LOGROS EN UN BLOCK DE NOTAS. Para contrarrestar el pensamiento rumiante que da vueltas al error conviene hacer el ejercicio contrario, anotar los pequeños logros relacionados con la tarea de cada entrenamiento de manera que vaya creciendo la percepción objetiva de competencia.
  • ENTENDER Y TOLERAR EL ERROR. El error forma parte del proceso de aprendizaje. No aceptar la posibilidad de equivocarse se convierte en temor a fallar, lo que multiplica los errores. Aceptar la posibilidad del error, saber que uno se equivocará, libera del miedo a fallar y refuerza la autoconfianza.
  • INTERPRETAR ÉXITO Y FRACASO DE FORMA EFICAZ. El éxito solo es un trabajo bien hecho, el fracaso posiblemente sea un trabajo que hay que mejorar.
  • ANCLAR UNA IMAGEN POSITIVA. Identifica a ese jugador que es un referente para ti en tu puesto. Observa cómo compite, la personalidad que tiene, la autoconfianza con la que trabaja. Utiliza su imagen en tu mente para contagiarte de esa personalidad y confianza. No se trata de que copies su talento, sino de que te contagies de su autoconfianza para desatar tu talento, tu mejor trabajo. 
 

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A MODO DE CONCLUSIÓN

No esperes que confíen en ti, nadie te regalará confianza, te quedarás esperando y darás la razón a los que no creen en ti. Trabaja duro, eleva tu nivel cada día, confía en ti y en tu trabajo, en tu capacidad para superar dificultades, y proyecta confianza desde tu esfuerzo y trabajo bien hecho.

José Carrascosa

José Carrascosa

Pionero de la psicología del deporte en España, ha trabajado durante más de 25 años con deportistas, entrenadores y equipos profesionales de primer nivel, ha colaborado en logros deportivos de sus clientes (ascensos, títulos nacionales y europeos, marcas europeas y mundiales, medallas olímpicas). Ha ayudado a que haya cambiado la percepción sobre las emociones y el alto rendimiento, desde “echarle güevos” a “competir”, desde el desconocimiento a la toma de conciencia del papel de las emociones sobre el rendimiento y el bienestar. Se considera un “artesano” de la educación y desarrollo emocional

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