septiembre 2014 - Saber Competir

Coaching deportivo y psicologia en el deporte

¿Qué es “falta de actitud”?

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¿Conoces a alguien que le dé lo mismo hacerlo bien que mal, recibir alabanzas que reprimendas, sentirse valorado que ser repudiado? ¿A qué futbolista le puede dar igual ganar que perder, jugar bien o mal, recibir aplausos o silbidos? A nadie, ni siquiera a aquellos que se muestran aparentemente pasotas, posible mecanismo de defensa para disimular su contrariedad. Ningún futbolista salta al terreno de juego con el propósito de jugar mal. Pero sí, parece que en ocasiones uno no lo da todo, no se entrega al máximo, no pone el esfuerzo necesario, no compite, no está en el partido… Nadie (entrenadores, directivos, medios de comunicación, aficionados…) tolera a los displicentes, pasotas, futbolistas que parece no ir con ellos el partido y que se muestran indolentes ante al rival.

patriciofarcuh36¿Qué explicación se da cuando el futbolista está más estático, con menor recorrido, lento en las tomas de decisión, sin agresividad, torpe en las acciones y gestos técnicos, cometiendo errores impropios de su calidad, poco coordinado con el trabajo colectivo? Sin duda, se recrimina la falta de actitud. Pero, ¿realmente es así, un problema por defecto, por falta de motivación y de esfuerzo, por no tomarse en serio su trabajo? ¿Está siendo poco profesional?

No es tan simple. Esos síntomas apuntados, observados sobre el  terreno de juego y que exasperan a cualquiera, pueden apuntar a múltiples causas: dudas en la tarea, automatismos del trabajo colectivo aun por consolidar, desconcierto ante el trabajo planteado por el rival, exceso de confianza o relajación por subestimar al rival o dar el partido por ganado antes de su finalización, desánimo o sentirse derrotado ante el marcador adverso, falta de concentración, exceso de responsabilidad, ansiedad o estrés, ausencia de cohesión grupal, fatiga… Cuando el jugador no parece el mismo, se muestra irreconocible o saca su peor cara, no es que no quiera sino que no sabe o no puede en ese partido. ¿Es posible que alguien quiera hacerlo rematadamente ante su público?

¿Qué señala la socorrida falta de actitud? Nada en concreto. No dice lo que se está haciendo mal y menos aun cómo corregirlo o mejorar. La supuesta falta de actitud es una queja inespecífica que no llega a concretar nada. No prescribe soluciones. Además, es ambigua ya que da pie a que el jugador haga una interpretación perversa al suponer que el entrenador le está censurando como profesional por no tomárselo en serio. El jugador cuando escucha “falta de actitud” piensa que el entrenador no le valora y no cuenta con él, se siente rechazado como profesional. Nadie puede entrar a juzgar las intenciones de los demás. Prejuzgar es ser muy atrevido e irrespetuoso. Mejor atender a hechos que dejarse llevar por impresiones. Las opiniones o juicios de valor son rebatibles, los hechos no. El futbolista  siempre discrepa de esa presunta “falta de actitud”, se pone a la defensiva y se aleja de su entrenador.

'It's not your work Hannon - it's your attitude.'Señalar por falta de actitud a quien está sobrepasado por su exceso de responsabilidad es una torpeza enorme. Cuando el futbolista vive el partido con la incertidumbre de si va a ser capaz de responder a las expectativas generadas en su entorno profesional (entrenador, club, compañeros, medios de comunicación, afición…) aumenta su activación nerviosa, se tensan sus músculos, pierde coordinación, el diálogo interno se dispara, se rompe la concentración, las decisiones en el juego se hacen más lentas, está más estático…. Con lo que los errores se precipitan y el rendimiento cae en picado. El exceso de responsabilidad,  elevada auto-exigencia, perfeccionismo, dudas percibidas en el entrenador o en el entorno respecto al propio rendimiento… activan el estrés y la ansiedad bloquea el talento. La ansiedad y el estrés son un problema por exceso, demasiada activación nerviosa y muchas preocupaciones. Nada que ver con la falta de actitud, problema por defecto. En este diagnóstico no se puede equivocar el entrenador. Reprochar falta de actitud a quien está sobrepasado por su manera de vivir su profesión es un error grave que lleva a soluciones equivocadas y supone una falta de empatía total.

La falta de actitud acaba siendo una justificación retórica para situaciones ante las que el entrenador no parece tener un diagnóstico claro, por la que señala a los jugadores como responsables de la derrota y con la que él   se exime de toda culpa. La falta de actitud acaba siendo una sutil forma de agredir a los jugadores que nunca resuelve nada y abre distancia entre el entrenador y el grupo, restando liderazgo.

Falta de actitud es un juicio de valor o una impresión tan vaga, inespecífica o ambigua que retrata a quien la utiliza por su falta de rigor en el análisis y  en la búsqueda de soluciones, y por el temor a asumir su propia responsabilidad. En tiempos de dificultad se agradece el ánimo, el apoyo y la confianza; sobran los enfados, el pesimismo, la impaciencia, los temores, las urgencias, las acusaciones, eludir responsabilidades, huir de la quema… Cuando algo no sale no es simplemente por falta de actitud, es por algo mucho más concreto y cierto que eso. Se hace necesario concretar. Es un error recurrir al palo y tentetieso para corregir un problema. Exigencia máxima, sí, pero también ayuda, confianza y claridad en las propuestas de mejora. ¡Falta de actitud!…¡¡ufff!!, huele a tener pocas explicaciones y escasas soluciones, a estar superado por una situación adversa.

Este análisis se puede extrapolar a cualquier ámbito profesional. Si tu jefe te acusa de falta de actitud, ¿cómo te sientes, qué piensas? Te molesta, te hiere en tu amor propio, te pones a la defensiva e intuyes que tiene algo grave contra ti… aunque no sabes qué pueda ser. Es como tratar de apagar un incendio con gasolina. Lo dicho, propio de un jefe confundido, desorientado, con escasos recursos y pocas soluciones.

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José Carrascosa