agosto 2014 - Saber Competir

Te enseñamos a manejar el lenguaje emocional

El poder contagioso de las emociones

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Donde no llega la palabra penetran las emociones. La palabra argumenta y hasta convence pero no necesariamente emociona. La palabra se ha de procesar, la emoción te invade. Las emociones tienen un poder mucho mayor que las palabras. La palabra puede ser seductora la emoción siempre es contagiosa. Alegría, agradecimiento, afecto, amor, sorpresa, admiración, tristeza, decepción, rechazo, enfado… se trasmiten casi sin hablar. La cara es el espejo del alma, dice el saber popular.

Las emociones son mucho más profundas que los pensamientos. Mientras las emociones surgen de lo más interno de nuestro cerebro, donde se recogen influencias ancestrales, los pensamientos viven en la corteza cerebral, casi recién llegados desde el punto de vista filogenético. Somos mucho más lo que sentimos que lo que pensamos. Las emociones son el auténtico motor del comportamiento. Nos acercamos a alguien cuando nos sentimos atraídos, evitamos una situación cuando sentimos temor. Lloramos por nostalgia, tristeza, dolor… la alegría nos lleva a dar saltos. Emociones vividas condicionan nuestro comportamiento más de lo que podemos imaginar sin llegar a ser conscientes de ello. Las emociones llegan a organizar el diálogo interno o pensamiento. Es cierto que los pensamientos activan emociones coincidentes que son fácilmente descifrables. Pero las emociones hablan por sí solas, son más enigmáticas y pueden llegar a crear una postura o forma de pensar concreta.

No es tan simple decirle a tu propia ansiedad “vete” para que desaparezca. No es suficiente decirte “no voy a tener miedo” para superarlo. No basta hablarse “puedo” para conseguirlo. Esta postura es demasiado simplista, más próxima a la charlatanería que al rigor. En torno a ese diálogo interno se mueve un mar de emociones que gobierna y que se puede ignorar.

Box full of smilies in different moods,Es momento de poner énfasis en lo emocional frente a lo cognitivo. No hay que despreciar el peso de los pensamientos pero lo emocional tiene mayor relevancia sobre el comportamiento. Para los que puedan dudar esta afirmación no es opinable. Es algo demostrado por la neurofisiología. Hay que enseñar a las personas a entender sus emociones de forma que se comprendan mejor y puedan enfrentarse a ellas para potenciar unas o reconducir otras. Solo cuando se tiene esa cultura o inteligencia emocional se es capaz de gestionar con eficacia las emociones propias y ajenas.

Para profesores, entrenadores y cualquier persona que coordine o dirija un grupo humano es necesario lograr el convencimiento desde el diálogo, a través de la palabra. Pero ello es del todo insuficiente. Estas personas, me atrevería a decir que cualquier persona, necesitan desarrollar su lenguaje emocional para entender y expresar emociones positivas. La emoción va más allá del convencimiento. El profesor no debe conformarse con que sus alumnos le entiendan, ha de despertar curiosidad, admiración, ganas de aprender. El entrenador no puede sentirse completamente satisfecho cuando es capaz de convencer al futbolista y al equipo para que le sigan, ha de ilusionarles, crear complicidad, contagiar el afán de dar lo mejor de sí mismos. El coordinador de un equipo de trabajo consigue bien poco si logra que sus subordinados sean puntuales y obedientes sin ilusionarles, identificarles y ganar su compromiso con los objetivos de la empresa.

Profesores, entrenadores, coordinadores de equipos de trabajo han de ir mucho más allá del convencimiento. Deben contagiar emociones positivas, deben despertar en el interior de sus alumnos, jugadores o subordinados “luces” que les guíen, una energía que les mueva o les impulse en su desarrollo escolar, deportivo o profesional. Son como alquimistas en busca de la pócima milagrosa. Deben “pintar” el clima del aula, del equipo o de la empresa con emociones que den vida a sus alumnos, jugadores o empleados.

¿Qué emociones sueles transmitir a los demás desde tu comportamiento cotidiano o tu forma de ser? ¿Qué imagen proyectas desde el plano emocional? ¿Trasmites cordialidad, afabilidad? ¿Contagias ilusión? ¿Guardas las distancias, generas temor? ¿Te enfadas con facilidad? Reflexiona sobre ello. Quizás encuentres claves que te ayuden a entender mejor lo que sucede en torno a ti.

Alegría, ilusión, serenidad, disfrute, agradecimiento… no solo incrementan la calidad de vida emocional sino que gracias al poder contagioso de las emociones ejercen como un imán, atraen a los demás, otorgan magnetismo personal. En cambio, enfado, ansiedad, temor, incertidumbre, suspicacia o desconfianza… restan calidad de vida, acaban generando problemas de salud y abren distancia en las relaciones personales. Los del carácter “avinagrado” acaban quedándose bastante solos. No tienen ningún carisma, ejercen como un repelente hacia los demás. Un amigo con mucha sorna identifica a estas personas por su cara de “olor a mierda”, perdón por la grosería.

Vivir y proyectar un clima emocional positivo es un reto para cualquier persona y un imperativo las que trabajan con otras personas. No es suficiente hablar de gestión emocional. Hay que dar un paso más. Hay que proyectar emociones positivas que contagien e impregnen los climas de aprendizaje, entrenamiento o trabajo.

¿Qué emociones recomiendo proyectar o generar en otras personas cuando trabajas con ellas?

  • SEGURIDAD. Sentirse seguro es imprescindible para atreverse, querer intentarlo, probar… aprender.
  • CURIOSIDAD. Despertar curiosidad es el punto de partida que lleva a hacerse preguntas, hacer preguntas, indagar, buscar información, ampliar horizontes… querer aprender.
  • ILUSIÓN – OPTIMISMO. Estar ilusionado, creer que es posible, ser optimista… alimenta la motivación propia y mueve la de otras personas, convirtiéndose en fuente de motivación.
  • ADMIRACIÓN. Dar valor, valorar, reconocer, dar importancia y consideración al esfuerzo, la perseverancia, la superación de la dificultad, la coherencia, ser ejemplar, lleva a la admiración por este tipo de valores…imprescindibles para aprender.
  • COMPLICIDAD. Estar guiado por una actitud de ayuda facilita la complicidad, favorece el compromiso y la identificación personal que lleva a abrirse, colaborar y… aprender.
  • AFABILIDAD. Ser afable, mantener un trato cordial, respetuoso, cariñoso… genera un clima abierto a la comunicación y la convivencia.
  • ACOGIDA. Sentirse valorado, querido, aceptado o acogido es un requisito para atender, escuchar con interés, esforzarse, colaborar y… aprender.

Business group showing teamworkSeguridad, curiosidad, admiración, complicidad, acogimiento… no se explican ni se argumentan, se ejercen, se trasmiten y se contagian. El amor se siente y se manifiesta, si se ha de pensar y explicar… malo, mala señal. Las emociones hablan por sí solas desde la expresión facial, los gestos y las acciones… Una sonrisa de complicidad, un abrazo de celebración, un acercamiento de apoyo, un silencio acompañado de un rostro serio, una cara de auténtica sorpresa… hablan por sí mismos sin necesidad de palabras. Manejar el lenguaje emocional es mucho más que ser eficaz en la comunicación no verbal, es entender, descifrar, gestionar y proyectar las emociones de forma que uno es capaz de vivir de forma positiva y lo proyecta sobre su entorno. Es momento de dar valor a las emociones, muy por encima de la palabra o el pensamiento. Emocionar es mucho más profundo que convencer.

A modo de conclusión, deberíamos emplear mayor esfuerzo y acierto en educar a nuestros jóvenes desde el punto de vista emocional para dotarles de más competencias emocionales o potenciar su inteligencia emocional de forma que puedan aspirar a vivir una vida óptima en lo personal, social y profesional, independientemente de las circunstancias que acontezcan.

 José Carrascosa

Coaching deportivo y psicologia en el deporte

Construir, liderar y hacer rendir a un equipo

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El rendimiento de un equipo tiene una relación directa con el “clima” que existe en el vestuario. La psicología del deporte ha identificado las características que crean un clima ideal de rendimiento a partir del cual rendir de forma óptima o dar lo mejor de sí mismo resulta fácil. El clima generado en el vestuario debe ayudar a que el jugador se sienta con confianza, atrevido, decidido a dar lo mejor de sí, empujado o alentado al esfuerzo máximo y al rendimiento óptimo.

2405789_large-lndEl clima ideal de rendimiento que debe instalarse en un vestuario tiene una relación directa y estrecha con el estilo de dirección que ejerce el entrenador. El clima que reine en el vestuario depende casi exclusivamente de cómo el entrenador dirige y lleva al equipo.

El entrenador precisa de auténticas habilidades de liderazgo para conducir un grupo y obtener de él un rendimiento óptimo. Existen unas reglas para dirigir un equipo. No se puede hacer de cualquier manera, ni improvisar, ni dejar a merced del sentido común, experiencia o forma de ser del propio entrenador. Algunas de estas estrategias que hacen posible una dirección eficaz son: 1) las habilidades de comunicación; 2) la capacidad de tomar decisiones y de resolver conflictos; 3) conocer estrategias de motivación individual y colectiva; 4) conocer estrategias que potencien la cohesión interna del grupo (team building); 5) una buena pedagogía del entrenamiento…

2405594_large-lndRendir de forma óptima resulta fácil o requiere dar un paso muy pequeño cuando el entrenador conecta personalmente con los jugadores , sabe consensuar una normas internas de funcionamiento, aborda los conflictos con naturalidad, es expresivo, tiene sentido del humor, es coherente y justo en sus decisiones, sabe hacer llegar sus conocimientos a los jugadores, hace que éstos vibren con la competición, no diferencia entre titulares y suplentes, cuenta con la totalidad de jugadores de la plantilla, organiza entrenamientos exigentes, competitivos, divertidos, y, por último, programa acciones para construir la cohesión interna del equipo.

Los jugadores han de sentirse identificados con su entrenador para que en el vestuario haya un clima ideal de rendimiento. Y ello tiene que ver, sobretodo, con cómo el entrenador ejerce la dirección del grupo o equipo.

La dirección del equipo es el aspecto que más pesa en la valoración que los futbolistas hacen de su entrenador. Algunos entrenadores van contando en su cuerpo técnico con la figura del psicólogo del deporte. Las empresas se están gastando mucho dinero en formar a sus directivos ya que han tomado conciencia de la importancia que tiene el estilo de dirección sobre la productividad. Actualmente la clave está en exigir al máximo desde un clima cordial, desde el convencimiento.

José Carrascosa. Psicólogo del Deporte.