mayo 2014 - Saber Competir

Ivan Rakitic

Rakitic, entrenamiento emocional para rentabilizar el talento

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Es difícil encontrar un futbolista que haya logrado evolucionar y revalorizarse tanto en las dos últimas temporadas como Iván Rakitic, centrocampista de moda en el fútbol europeo. Él ha puesto muchísimo de su parte, ha querido situarse entre los mejores confiando en sí mismo y apoyándose en su trabajo diario como argumento principal.

Llegó al SevillaFC en el mercado de invierno, enero de 2011, procedente del equipo alemán Schalke 04. Nacido en Suiza es de procedencia y nacionalidad croata. Sus inicios no fueron fáciles en la liga española. Sufrió varias lesiones y tuvo un rendimiento irregular. Los expertos hablaban de un futbolista de calidad pero intermitente en su juego, capaz de aparecer y desparecer en el mismo partido, sin peso para liderar al equipo sobre el terreno de juego. ¿Cómo puede explicarse una evolución tan positiva? El análisis de dicha evolución ofrece las claves para comprender el mérito que tiene él mismo en el desarrollo de su propio talento, hasta tal punto que puede servir como ejemplo para muchos chicos/as que sueñan con llegar a ser alguien en el contexto del fútbol profesional.

RakiticIván es una persona reservada, cordial, de trato afable y sumamente educada, favorece la convivencia, muy responsable, autoexigente hasta casi rayar el perfeccionismo, con unos valores personales muy sólidos entre los que destacaría el esfuerzo y la superación personal. Los que entienden de fútbol hablan de él como un futbolista con mucho talento, de gran calidad técnica y de una gran visión de juego. Quizá el gran mérito de Rakitic es que está sabiendo “vestir” su propio talento, cuidando determinados aspectos que le están añadiendo valor y le ayudan a desarrollarlo aun más. ¿Qué claves ayudan a explicar esta evolución tan positiva?

Entrenamiento emocional

INTELIGENCIA. Rakitic es como un matemático sobre el terreno de juego. Lee y resuelve el juego. Sus decisiones fluyen como soluciones a las sucesivas situaciones que le va planteando el juego. Vive el partido desde la inteligencia, muy concentrado, viviendo el instante presente, viendo y resolviendo.

ACTITUD POSITIVA. Al principio le costó adaptarse a ciertas particularidades de la cultura andaluza y sevillana. No entendía determinadas actitudes desde su propia cultura y valores. Llegaban a distraerle y sacarle de su trabajo. Rápidamente se fue dando cuenta de que forman parte de la cultura social y de había que convivir con ellas. Fue centrando toda su energía en aquello que dependía enteramente de sí mismo, trabajo, esfuerzo, autoconfianza, estado de ánimo. Decidió tener la llave de todo aquello que depende enteramente de él y convivir respetuosamente con todo lo demás. Esto le fue ayudando a superar su perfeccionismo y a abrirse más en la relación con todos sus compañeros.

MEJORAR CADA DÍA. Vive abierto al aprendizaje o mejora permanente. Observa, escucha, analiza, y trata de interiorizar cualquier aspecto que le pueda hacer mejor como futbolista. Esta actitud la tiene siempre, en entrenamientos, charlas del entrenador, partidos… Es insaciable en su voracidad por ser mejor cada día.

SUPERACIÓN PERSONAL. En ese afán de mejorar nada le detiene, ni siquiera temores lógicos que cualquier persona tiene. No conoce la excusa, la erradicó de su mente. Está abierto a las propuestas de sus entrenadores, juega donde le propongan, sabe administrar la libertad cuando se la dan en el terreno de juego, sabe sacrificarse cuando se le pide otro rol más defensivo. Nunca sale de su boca “no sé”, “no puedo”… Siempre está predispuesto a ir más allá, arriesgar, llevar más lejos sus propios límites.

ESFUERZO. Rakitic representa la cultura centroeuropea de esfuerzo y trabajo. No entiende eso de reservarse o administrar el esfuerzo. Siempre trata de darlo todo, en cualquier entrenamiento, en la relación con los compañeros, en tirar del equipo incluso fuera del terreno de juego.

HUMILDAD. Es una persona afable en el trato, educada, respetuosa. Nunca tiene una mala palabra o un mal gesto, aunque siempre sabe expresar su opinión desde el respeto. En el trato con los compañeros y con los rivales es respetuoso, se muestra humilde, no va de “figura” y se siente incómodo cuando se le trata con preferencia.

AMBICIÓN. No está reñida con la humildad. En su interior existe un afán por situarse entre los mejores. Ha querido subir peldaños a nivel profesional y cuando lo ha logrado sigue trabajando para seguir escalando en su sana ambición de ser un buen futbolista. Sabe perfectamente que el esfuerzo y el trabajo diario es el camino a recorrer y no está dispuesto a apartarse de él. No se para nunca, cuando lo hace bien piensa que no basta y que hay que continuar, cuando no se siente satisfecho piensa solo en hacerlo mejor en el siguiente entrenamiento o partido.

GENEROSIDAD. Es difícil encontrar un futbolista tan generoso. Sabe que es un privilegiado por la profesión que ejerce y por cómo le está tratando la vida y él trata de corresponder desde la generosidad. Lo es con compañeros,  entrenador, técnicos, personal de servicio… con cualquier persona del entorno de equipo o de su entorno personal.

GESTIÓN EFICAZ DEL ESTRÉS. Convive con la máxima exigencia de forma serena y estable. Sabe que su reto es hacer el mejor trabajo posible. No diferencia entre un partido u otro. Siempre afronta el partido desde la tarea. Así que enciende el ON de su trabajo y lo desarrolla lo mejor posible. Ha ido dándose cuenta de que cuando hace bien su trabajo se produce una cascada de consecuencias, todas ellas deseadas, el equipo encuentra el equilibrio, están más cerca de ganar, cobra protagonismo… Pero no piensa en ello, no lo busca, solo afronta la tarea y trata de desarrollarla lo mejor que sabe, sin más. Juega liberado de la presión porque se aísla, focaliza su atención y se ensimisma sobre su tarea. No busca otra cosa. Trabajando bien, todo lo demás fluye solo.

ATREVERSE A LIDERAR. Nadie discute que Rakitic es un líder dentro y fuera del terreno de juego. ¿Lo es por su carisma? En mi opinión, no. Es un líder por su generosidad para con el equipo y por su afán de ser mejor cada día y crecer profesionalmente. No es fácil para una persona reservada ser un líder. Lo ha ido logrando cuando se ha puesto manos a la obra en el ejercicio de tirar del equipo cada día. Entendió sabiamente que debía hacerlo desde su carácter tranquilo y discreto. No es un tipo al que le guste subirse al “estrado” y tomar la palabra. No le gusta escucharse. Su liderazgo es sutil y discreto, que va calando sin hacer ruido, sin protagonismos. Es habitual observarlo hablar individualmente con cada uno de sus compañeros, sin distinción. Antes de los partidos se acerca uno a uno para darles su apoyo y confianza. Después del partido siempre encuentra unos minutos para dedicárselos a cada compañero por separado. No hace discursos, no grita, no se hace de notar, pero todos esperan su opinión que se ha convertido en una guía para el equipo.

IDENTIFICACIÓN CON VALORES COMPARTIDOS. ¿Cómo encaja un suizo-croata en Sevilla? Rakitic es fiel a sus raíces, pero sobretodo es una persona abierta a enriquecerse con otros puntos de vista u otras culturas. Desde el principio fue haciendo suyos los valores del club y la cultura de la ciudad hasta tal punto que actualmente casi es un sevillano más. Muchos futbolistas van de aquí para allá por su profesión sin acabar de comprometerse plenamente con la realidad social y cultural que rodea a su equipo. Iván no espera que se adapten a él, no tiene caprichos, es él quien está ávido de ser uno más en el equipo y en la ciudad. Un síntoma de su actitud abierta es que su pareja es sevillana, lo que también le ha ayudado a una mayor integración.

LIDERAZGO TRANSFORMACIONAL. Sin pretenderlo Rakitic está consiguiendo trasladar sus valores personales, que ya llevaba consigo antes de llegar al SFC, al vestuario y al club. Se ha producido un efecto bidireccional, él se ha impregnado de la cultura del club y de la ciudad pero también es corresponsable de que ese vestuario haya asumido valores como esfuerzo, trabajo en equipo, superación, ambición o mentalidad ganadora… No solo es un líder que tira del equipo sino que también está consiguiendo regenerar o enriquecer los valores del club.

EQUILIBRIO PERSONAL. Rakitic da equilibrio a su equipo dentro y fuera del terreno de juego, es el “centrocampista total”. Ese equilibrio solo es la proyección de su equilibrio personal. Es el “hombre tranquilo” por su moderación, carácter conciliador y condescendiente, sin que ello rebaje su nivel de autoexigencia y exigencia para con sus compañeros. No hay que confundirlo con “todo va bien”, pues es una persona comprometida, autoexigente y exigente, pero lo hace desde su equilibrio personal. Una de sus mejores cualidades es su empatía, su capacidad para leer las emociones del otro y entender la idiosincrasia sevillana.

RakiticHe querido hacer este artículo en reconocimiento a Iván Rakitic no tanto por el nivel profesional que está alcanzando ni los éxitos que está consiguiendo sino porque se ha convertido en un ejemplo para los jóvenes futbolistas de talento que sueñan con ser futbolistas profesionales. No basta con tener talento. No se puede caer en el error de creérselo y esperar a que el talento “explote” un día, sin más. Es una creencia equivocada. El talento necesita del trabajo diario, del esfuerzo y de los valores sólidos para desarrollarlo y hacer que se exprese en su plenitud al servicio del equipo. Rakitic es un ejemplo de talento solidario, al servicio del equipo, talento resilente, fuerte ante las dificultades, talento creativo, capaz de adaptarse y sentirse con libertad para proponer e innovar, talento trabajador, no regatea esfuerzo, y talento carismático, capaz de seducir, influir y dejar huella en sus compañeros.

Rakitic está sabiendo “vestir” su talento para el fútbol con unos complementos que le añaden valor. En definitiva al talento futbolístico está sumando el talento emocional, lo que está haciendo de él un futbolista completo, un “centrocampista total”.

Qué importante es que las direcciones deportivas conozcan tanto al futbolista como a la persona antes de ficharlo. No todo es el talento futbolístico. Es necesario pero no suficiente. En este aspecto Monchi suele acertar casi siempre, no es sospechoso de fichar a “cualquier” talento, sin más. Iván Rakitic es un “material noble” en lo personal lo que, sin duda, suma valor a su talento profesional.

 José Carrascosa

Psicología en el deporte, factor decisivo

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Cuando la temporada se asoma a su final los resultados no parecen responder a lógica alguna. Los equipos de la parte alta de la clasificación, Atleti, Barça y Madrid, han perdido casi más puntos en las últimas tres jornadas que en toda la liga. En cambio, están ganando equipos pequeños que han vivido casi toda la temporada en los sótanos de la clasificación, casi deshauciados para la permanencia (Almería), haciendo goles y sumando puntos. Algunos equipos en dificultades casi toda la temporada han logrado la permanencia con relativa comodidad (Rayo Vallecano, Celta, Elche) mientras que otros que parecían tranquilos por la proximidad del logro de dicho objetivo (Granada y Osasuna) han acabado complicándose la vida.

La sinrazón encuentra sentido desde la lógica emocional, atendiendo al factor psicológico. El factor psicológico puede estar decidiendo la consecución de los objetivos en el final de la temporada.

El R. Madrid ha focalizado su motivación en la ansiada “décima” hasta tal punto que cuando ha conseguido clasificarse de forma arrolladora para disputar la final de la Champions ha desatendido completamente el objetivo de la Liga.

Un Barça un tanto deprimido arrojó la toalla dando la liga por perdida tras una temporada irregular, con un sistema de juego muy estudiado por sus rivales y un grupo desgastado, posiblemente en declive como colectivo. Sin buscarla el Barça se vuelve a encontrar con la posibilidad de ganar el campeonato y en el primer intento el querer no se ha traducido en poder.

Durante toda la temporada el Atleti ha sido el equipo más fiable atendiendo a conceptos como competir, trabajo colectivo, superación de dificultades, lo que le ha ido situando como equipo ganador, candidato a dos títulos. Cuando parecía que tenía el título de Liga en su mano le ha entrado esa especie de  vértigo que los deportistas llaman “miedo a ganar”, que no es otra cosa que cierta ansiedad ante la posibilidad de perder un gran objetivo que casi está conseguido, ya solo depende de ellos. Algo parecido ha podido sucederle al Liverpool. Tras una remontada en la clasificación muy meritoria perdió el liderato ante el Chelsea debilitado por algunas ausencias, en un partido disputado en su propio campo, ante sus aficionados, dando al traste con el título de la Premier, casi en sus manos.

Temporada tras temporada se repite el hecho de que equipos que confían en la proximidad de lograr el objetivo de la permanencia (Granada y Osasuna) acaban descendiendo de categoría, aun sin consumar. Y otros que parecían sentenciados (Almería) consigan hacer un buen sprint final que les asegura la permanencia. Los primeros posiblemente confían que el objetivo ya casi está conseguido lo que les lleva a cierta relajación que acaba siendo su propia condena. En cambio, los deshauciados acaban perdiendo todo tipo de miedo y encuentran su energía en la creencia de que no hay nada que perder porque está todo perdido y en la fortaleza que les ha dado el sufrimiento acumulado durante toda la temporada.

Ha habido muchos sucesos en el fútbol que no tienen lógica, salvo la lógica emocional. Me vienen al recuerdo el “centenariazo” o el “tamudazo”. El R. Madrid perdió en en Santiago Bernabeu el título de Copa del Rey a manos del Depor y el Barça perdió una liga en el derbi contra el RCD Español, mediante un gol de Tamudo. La exigencia, el exceso de responsabilidad, el miedo a perder el objetivo ante los propios aficionados son factores que lo pudieron explicar. Si nos remontamos en el tiempo encontramos las dos ligas perdidas por el R. Madrid a manos del CD Tenerife, aun inexplicable si no es por factores emocionales.

Sin duda, el rendimiento es un estado de ánimo individual y colectivo. Y el entrenador se convierte en un gestor de emociones. No todo depende del potencial de la plantilla, de la condición física del equipo, del saber hacer del entrenador en los partidos importantes, mucho acaba decidiéndolo el factor psicológico. Ante la igualdad existente, tanto en la parte alta como baja de la clasificación, la diferencia la marca cómo se gestionan las emociones individuales y colectivas.  Los finales de liga están repletos de lo que parece la ilógica, detrás de la cual está la lógica emocional o factor psicológico.

 José Carrascosa

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Entrenamiento deportivo: Entrenar la “personalidad” del portero

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Una de las cualidades más apreciadas en un portero es la regularidad. Es por ello que cada vez es más importante que el portero tenga una buena preparación psicológica. Esta preparación es la clave para conseguir el máximo rendimiento bajo cualquier circunstancia, lo que sin duda marca la diferencia. Es evidente que esto no se puede conseguir de la noche a la mañana. Como cualquier otra faceta del juego se debe entrenar. Las tres figuras claves encargadas de este desarrollo son el entrenador, el entrenador de porteros y el psicólogo deportivo.

Entrenar es un acto educativo. No cabe duda. El entrenador trata de trasmitir o enseñar a sus jugadores unos conceptos (SABER) y unos procedimientos o destrezas (SABER HACER). Los futbolistas agradecen que su entrenador les haga llegar con claridad su “idea” de fútbol. Estamos hablando de una faceta, inherente a su rol, que va más allá de la dirección del equipo. Me estoy refiriendo a la “pedagogía” del entrenador. Lo importante no es tanto que sepa mucho de fútbol sino cómo lo trasmite o lo hacer llegar a sus jugadores, cómo se hace entender a la hora de trasladar sus conocimientos a los futbolistas. Cuando esa acción educativa o proceso de enseñanza-aprendizaje es confusa los futbolistas no asimilan los contenidos que les trasmite su entrenador.

En educación ha surgido el concepto de COMPETENCIA. La nueva universidad, el llamado proceso de Bolonia, supone una nueva forma de entender la enseñanza de los futuros profesionales. No es suficiente que la universidad traslade un amplio bagaje de saberes teóricos y prácticos; ya no es suficiente enseñar conceptos y destrezas. Es necesario desarrollar competencias en los alumnos. Los futuros trabajadores deben estar preparados para ser eficaces en el contexto en el puedan desarrollar su trabajo. Las competencias incluyen: conceptos (SABER), destrezas (SABER HACER), ideas y iniciativas (QUERER SABER), saber desarrollar dichas iniciativas encontrando los recursos necesarios (PODER SABER), y disponer de unos valores  específicos asociados al rol profesional que desempeñe (SABER SER / ESTAR).

¿Y qué tiene que ver esto con el entrenamiento en fútbol, en concreto con el entrenamiento específico de los porteros? Pues mucho. Durante años suelen acumular una ingente carga de trabajo, físico, técnico y táctico. Realizan muchísimos ejercicios para desarrollar sus “cualidades” como porteros, pero a juicio de algunos de estos entrenadores parece que ello es insuficiente.

diegoLEstamos cansados de ver chicos con excelentes cualidades para la portería. Técnicamente presentan un nivel altísimo. Tienen una excelente proyección cuando están en la etapa juvenil o se incorporan al equipo filial. Pero ¿qué pasa qué muchos de ellos no llegan al fútbol profesional? Qué explicación puede haber. Unos no tienen carácter o personalidad para ser porteros, otros no soportan la presión inherente a la máxima competición, muchos no tienen la suficiente paciencia para saber esperar y perseverar hasta que les llegue su oportunidad, y a casi todos no les gusta el banquillo o la suplencia y menos aun no entrar en la convocatoria cuando en la plantilla hay tres porteros, … Todas estas causas se están refiriendo a cuestiones relacionadas con el ámbito emocional. Son potencialmente buenos porteros pero no disponen de las necesarias competencias para ejercer como porteros en el contexto del fútbol profesional.

En la actualidad la dificultad se agudiza debido a que nuestros jóvenes son bastante inmediatos, trabajan por metas próximas y suelen abandonar ante metas aplazadas, y poco competitivos, quizás como consecuencia de la sociedad del bienestar que les ha ido acostumbrando a lograr todo casi sin esfuerzo.

Así pues, es necesario ampliar los contenidos a trabajar en la formación de los porteros. Además de las competencias técnicas es necesario desarrollar unas competencias emocionales o psicológicas, específicas de dicho puesto. Se trata de valores específicos y habilidades emocionales que incrementen sus competencias como porteros, de forma que además de disponer de unas excelentes cualidades técnico-tácticas han de SER y SENTIR como auténticos porteros.

Psicólogo deportivo | ¿Pueden identificarse esas COMPETENCIAS EMOCIONALES que deben completar la formación de los porteros? Proponemos las siguientes:

  • Entender la soledad del portero en un trabajo colectivo o de  equipo. El portero vive el partido en soledad, aunque se trate de un trabajo colectivo. Está solo por la especificidad de su tarea y por la distancia que le separa de sus compañeros en el terreno de juego. Mientras que los compañeros pueden pasar más desapercibidos el trabajo del portero es muy manifiesto. El portero suele estar solo en el éxito y en el fracaso; cuando su equipo mete un gol lo celebra en soledad, mientras que cuando el equipo encaja un gol lo sufre de una manera especial, también en soledad.
  • Saber mantener una atención focalizada para poder leer el juego sin participar activamente en él. Es muy difícil mantener la concentración necesaria, que exige un trabajo óptimo de un portero, cuando apenas interviene en el juego. El estilo atencional del portero es diferente al resto de jugadores del equipo. Requiere un trabajo específico hasta que el portero interiorice la importancia de su trabajo “sin balón”. El trabajo del portero exige una concentración máxima durante todo el encuentro. Es imprescindible estar conectado a la acción, en estado de vigilancia o alerta tanto cuando no participa del juego como cuando interviene. Y  no es una tarea fácil. Es algo que se debe entrenar todos los días no desconectando en ningún momento durante los entrenamientos diarios. Es de vital importancia el trabajo del psicólogo para poder dominar esta tarea, para saber evaluar nuestro estado emocional, saber si tenemos poca o demasiada activación nerviosa. El portero debe saber encontrar el estado ideal de rendimiento utilizando técnicas que disminuyan dicha activación cuando es excesiva (relajación) o que la incrementen cuando sea insuficiente (energetización).
  • Dirigir o dar instrucciones a los compañeros, liderar desde la portería. Un buen portero manda y dirige a sus compañeros, especialmente a los defensas. Es una tarea de suma importancia que no puede depender de la personalidad o carácter de su  portero. Es mudo, no habla, se quejan en ocasiones los entrenadores. Muchos piensan equivocadamente que el carácter no se puede modelar ni cambiar. Nada más lejos de la realidad. Es imprescindible que el portero tenga mucho carácter. El psicólogo deportivo es quien va orientando el carácter del portero hacia el liderazgo. Todo el mundo espera de él que mande, tenga jerarquía, lidere desde atrás al equipo. Se espera que maneje el estado anímico del equipo desde la portería. Es una exigencia común de todos los entrenadores, organizar al equipo ya que dispone de una situación privilegiada para observar el comportamiento del equipo.
  • Aceptar y convivir con la posibilidad del error. El error del portero es muy manifiesto, muy evidente, y puede tener una gran trascendencia sobre el resultado. El error del resto de jugadores pasa mucho más desapercibido y no es tan determinante sobre el resultado del partido. Desde una lógica emocional el portero está pendiente de no cometer errores, lo que le hace estar mucho más inseguro. Tratar de no equivocarte se traduce en un trabajo inseguro y provoca la aparición de más errores. El error es inherente a la condición de ser humano, dicen que errar es de humanos. Pero, además, el error del portero suele ser de “bulto” o “grosero”, es decir muy evidente y peligroso para el equipo. El portero puede aprender a convivir con el riesgo del error, como algo inherente a su trabajo, de forma que no le afecte en su trabajo. Es difícil pasar desapercibido porque todas las acciones cobran  notoriedad, tanto para lo bueno como para lo malo. Hay que entender que el error forma parte del juego y que es imposible no fallar nunca. La diferencia está en si sabe manejar la situación después de un error o si es la situación la que maneja al portero. Si consigue inmediatamente focalizar de nuevo la atención sobre el juego o si se va del partido y ya no se consigue volver a él.
  • Contagiar seguridad. El portero contagia sus emociones a su equipo y a la grada. Un portero seguro y con confianza proyecta seguridad a sus compañeros en el trabajo defensivo. Un portero seguro mantiene tranquilos y confiados a sus aficionados. La inseguridad del portero resta confianza de sus compañeros en él, haciéndoles más difícil la labor defensiva. Es muy curioso cómo se “escucha” con gran nitidez el silencio de la grada ante una acción de un portero cuando lo percibe algo inseguro. A su vez este silencio llega a bloquear al portero porque esa falta de confianza de la grada le hace más inseguro todavía. El portero es un gran “transmisor” de estados anímicos. Es el primero que debe dar seguridad al equipo. Esta seguridad permite al equipo trabajar con mayor tranquilidad, trasladando a la grada confianza y consiguiendo un ambiente favorable para el desarrollo del encuentro. En las primeras acciones del partido conviene no arriesgar y efectuar varias intervenciones sin ningún titubeo. Todo lo contario debe hacer al final del partido donde el portero debe transmitir control de la situación arriesgando en esas acciones finales. El equipo contrario suelen ejecutar acciones de mala calidad por la inmediatez y el apremio de la falta de tiempo. El portero es un jugador que puede ayudar a manejar el tempo del partido. Es algo difícil de aprender porque en la mayoría de las situaciones cuando acabas de intervenir la adrenalina corre por las venas y el cuerpo demanda más acción. Pero en ese momento es cuando más tranquilidad se debe dar al equipo porque el contrario está atacando y el equipo necesita recomponerse para poder retomar el control del partido. Todo lo contrario sucede cuando está sin participar en el juego, poco a poco va bajando la activación y puede llegar a desconectarse de la acción.
  • Orientar hacia la mejora de la tarea. El portero suele estar muy orientado hacia el éxito. Se mueve por motivaciones relacionadas con la satisfacción del ego, como ser titular, mantener la portería a cero, detener penaltis, tener continuidad en el equipo titular, ser protagonista por su excelente trabajo, ser objeto de buenas valoraciones por parte de los medios de comunicación… Entonces, se desanima muchísimo cuando no juega, no tiene protagonismo, y piensa que no lo va a tener debido a que otro compañero cuenta, según su impresión, con la confianza del entrenador. Es necesario que el portero se mueva también por otras motivaciones que le ayuden a trabajar diariamente y a mantener el ánimo aunque no participe habitualmente en la competición. Se hace imprescindible enseñar a los porteros a encontrar motivaciones más relacionadas con la tarea, inherentes a su trabajo diario. Hablamos de la conveniencia de utilizar motivaciones de tipo intrínseco. Es importante que el portero entienda que la titularidad no depende de él, sino que es una decisión del entrenador. Lo que sí depende de él es su trabajo diario y es ahí donde debe centrar toda su atención y esfuerzo. Un buen trabajo diario es el mejor camino hacia la titularidad. Es de vital importancia marcarse un objetivo para la temporada para evitar la relajación. El objetivo debe ser concreto, cuanto más concreto mucho mejor. Trazar un plan de cómo vamos a conseguir ese objetivo, marcando unos objetivos secundarios necesarios para la consecución del objetivo principal. Estos objetivos secundarios nos ayudarán a evaluar si estamos caminando en la dirección correcta. No debemos ser inflexibles en el camino trazado, sino todo lo contrario. Esta capacidad de adaptación nos permitirá sacar el máximo  partido a los imprevistos que nos vayamos encontrando. El entrenador de porteros cobra especial protagonismo en la batalla contra la relajación que puedan sufrir los porteros. Todos los entrenamientos tienen que estar orientados hacia una mejora concreta. Es el principal responsable de las sensaciones que siente el portero (la famosa “chispa”). El entrenamiento del día anterior y el calentamiento son los momentos que más marcan la confianza de un portero de cara a la disputa de un encuentro. Es primordial que el trabajo del entrenador de porteros deje una sensación de pleno dominio de todas las acciones del partido.
  • Aprender a trabajar por metas a largo plazo o saber esperar la oportunidad de participar en los partidos. Es muy difícil encontrar porteros que hayan triunfado siendo muy jóvenes. Iker Casillas, Asenjo y Víctor Valdés son excepciones. Lo normal es el caso de ese portero que alcanza la continuidad en los partidos a partir de los 25 años. Los entrenadores suelen valorar la experiencia como una cualidad necesaria en un portero. Suelen confiar más en el portero “veterano” que en el joven, quizás por que la experiencia le ha ido dotando a aquél de las competencias de que éste aun adolece. Cuando no sabe ser paciente difícilmente sobrevive un portero en el fútbol profesional.
  • Aceptar y saber convivir con las críticas. El futbolista hace un trabajo “público” en cuanto que lo desarrolla ante los ojos de miles de aficionados que están en la grada o sentados delante del televisor. Es como trabajar en un “escaparate”, a la vista de cualquiera. No resulta fácil aislarse totalmente de esta circunstancia y centrarse totalmente en su trabajo. Cualquier futbolista ha vivido la sensación de sentirse observado o examinado por el gran público. Entonces el rendimiento decae drásticamente. Además, de un trabajo desarrollado en público cualquiera puede opinar sobre él. ¡El más difícil todavía! El futbolista suele leer casi todo lo que se publica sobre él, aunque confiese lo contrario. Ser objeto de críticas o sentir que existen dudas respecto al propio trabajo debilita enormemente la autoconfianza individual. Es necesario dotar al portero de recursos de tipo psicológico que le ayuden a convivir con su “examen” semanal.
  • Manejo interno de la propia autoconfianza individual. El portero debe trasladar confianza desde su trabajo. No puede esperar que el entrenador le “regale” confianza. Nadie le va a conceder una confianza ciega. Es una expectativa equivocada por parte de muchos futbolistas. Son ellos los que deben convencer a sus entrenadores, lo que solo es posible desde el manejo de la propia  autoconfianza. Los demás pueden dudar pero uno no puede dudar se sí mismo. Esto resulta difícil que surja espontáneamente cuando el futbolista es joven o está en proceso de formación. Hay que enseñarle y trasladarle recursos para que sepa navegar en el mar de las dudas ajenas.
  • Competir cada día. El joven portero que intenta hacerse un hueco en el fútbol profesional suele tener pocas oportunidades de participar en los partidos. Equivocadamente piensa que está perdiendo el tiempo al no poder jugar con continuidad. Así, sin darse cuenta, está despreciando la oportunidad que le ofrecen los entrenamientos para competir. El compañero se ha de convertir en el rival a superar, buscando con él un duelo permanente pero noble, siempre desde el trabajo bien hecho. Ese duelo ha de aprender a llevarlo desde el espíritu de superación, incluso más allá del terreno de juego. En ocasiones el compañero más veterano maneja unos resortes que acaban desequilibrando al más joven. Esto no es posible. Debe aprender a convivir con este tipo de situaciones sin que hagan mella en su ánimo ni en su trabajo. Es importante que el entrenador de porteros cree un ambiente de competencia sana entre los porteros pertenecientes a la plantilla desde el primer entrenamiento. Todos los porteros creen que este es el momento más importante de la temporada para hacerse un hueco en el equipo titular. Es sorprendente lo habitual de muchos porteros que después de la primera jornada, tras conocer la elección del entrenador en la portería, se relajan y dejen de trabajar con la intensidad necesaria. Es un error garrafal que cometen tanto los porteros que consiguen ser titulares (tienen la falsa sensación de haber conseguido la meta de la temporada), como los suplentes (asumen mal su rol y ya no presentan batalla).
  • Desarrollar habilidades para el autocontrol emocional: control de la ansiedad, el estrés y el enfado. En ocasiones el propio carácter es el mayor obstáculo a superar. Ante situaciones de dificultad, exigencia, conflicto, frustración de puede desatar un caudal de emociones. Según la personalidad puede surgir  entonces el enfado, la ansiedad, el desánimo… y se hace difícil trabajar como uno es capaz de hacerlo. Manejar estas emociones para contenerlas y lograr que no afecten al rendimiento es clave en cualquier futbolista, mucho más en el caso del portero ya que está más expuesto que el resto ante este tipo de situaciones. Se trata de aprender a vivir “solo” ante el peligro, disfrutando al máximo mientras desarrolla su  trabajo, logrando aislarse de las circunstancias que rodean a la tarea. Entrenar habilidades psicológicas que favorecen el autocontrol emocional es aconsejable siempre, mucho más en los porteros.

Psicólogo deportivo | ¿Cómo se pueden sumar de forma efectiva estos contenidos PSICOLÓGICOS a la preparación de los porteros?

Iker Casillas 1Debe producirse un trabajo complementario entre el entrenador, el entrenador de porteros y el psicólogo del deporte. El entrenador y el entrenador de porteros deben diseñar el trabajo adecuado para la mejora de esta cualidad dentro del terreno de juego. Es básico insertar el trabajo psicológico entre las tareas diarias técnico/tácticas del portero. Por su parte el psicólogo deportivo debe ayudar a que el portero optimice sus respuestas emocionales en cada  situación, dentro y fuera del campo, en soledad y de forma colectiva. El psicólogo del deporte enseñará al portero aquellas herramientas o estrategias necesarias que le permitan observar y regular sus estados emocionales según las situaciones a las que se va a enfrentar.

El entrenador y el entrenador de porteros desarrollarán el aprendizaje de valores y habilidades emocionales mediante un trabajo transversal, es decir insertándolo en su programación del entrenamiento diario. En dicha labor pueden contar con el asesoramiento del psicólogo del deporte. Éste personalizará el trabajo más directamente relacionado con el desarrollo de habilidades emocionales mediante un trabajo individualizado que se realizará de forma periódica y programada.

Dicen que los porteros están un poco “locos”. Nada más alejado de la realidad. Si el deportista necesita de una maduración personal acelerada para desarrollar competencias que le ayuden a sobrevivir en un contexto profesional, más todavía en el caso del los futbolistas dado el seguimiento de que es objeto el fútbol a nivel social y de los medios de comunicación. El portero no suele ser ningún “loco”, todo lo contrario. Suelen ser jugadores con una dimensión personal importante para su edad. Son jóvenes que les toca hacerse “mayores” de forma acelerada. Su preparación será insuficiente mientras no contemple apoyar y reforzar ese ámbito emocional específico. Hay mucho trabajo por delante para convertir al portero en la figura que todos esperan que sea. Ese trabajo debe estar perfectamente coordinado por el cuerpo técnico. Pero aquí la figura más importante es la del propio guardameta que debe tener un afán constante de superación. Estar siempre en busca de la mejora constante e ilimitada. Todos sabemos que la perfección es imposible de alcanzar, pero cuánto más cerca estemos de ella mejor portero será.

No crean ustedes que estas opiniones surgen del conocimiento científico. Sobretodo están fundamentadas en la experiencia del trabajo psicológico  con diferentes porteros del fútbol profesional. Como psicólogo del deporte puedo haberles enseñado algo; como porteros me han ayudado a conocer  la  psicología específica de su puesto o demarcación. Me han enseñando mucho más ellos a mí que viceversa.

 José Carrascosa (Psicólogo del Deporte)

Xavi Oliva (Ex-portero del Villarreal CF)